Roberto Guerra: El corazón amarillo de un escolta que protagonizó una gran irrupción

Roberto Guerra: El corazón amarillo de un escolta que protagonizó una gran irrupción

Javier Ortiz Pérez

Roberto Guerra tuvo una época gloriosa de eclosión en el baloncesto español, en la que parecía que podía convertirse en una gran estrella. Luego no lo fue tanto, pero sí un muy buen jugador, importante en la historia del club de su vida y de su tierra, el Gran Canaria. También pasó por CAI Zaragoza y Granada en la élite, así como por Palencia (LEB Oro) y Canarias Baskeball Academy (Plata) más abajo, que fue donde se retiró en 2015.

Muy joven, en 2001, con el entonces denominado Canarias Telecom 

Guerra empezó a encestar en la canasta portátil que sus padres habían instalado en el patio de casa con su hermano Rafa, del que ya escribimos aquí en su momento, aunque su trayectoria en la élite tuvo menos recorrido. “A los 7 años nos apuntaron en un clínic de verano del Gran Canaria y ahí terminamos de engancharnos a este maravilloso deporte”, recuerda. A partir de entonces fue “más en serio” en la cantera de los Salesianos Tiburones, “un club con muchísima solera en aquella época y con una filosofía de trabajo muy marcada. Allí desarrollé gran parte de mi juego gracias a grandes profesionales. Me gustaría valorar sobremanera el esfuerzo de mis padres, que sacrificaban todas sus tardes por llevarnos a mi hermano y a mí a entrenar, ya que vivíamos a las afueras de la ciudad”.

Llegó al ‘Granca’ como cadete de primer año, cuando el Salesianos se fusionó con su cantera. “A partir de ahí pasé por todas las categorías restantes. Una temporada compaginé equipo junior, EBA y primer equipo, por lo que llegaba a casa cansadísimo. Suponía un gran sacrificio, pero siempre mereció la pena”, comenta.

Su estreno en el primer equipo se produjo recién cumplidos los 18 años ante el Lucentum Alicante. “Lo recuerdo todo prácticamente. Esa semana, en el primer ejercicio del primer entrenamiento con el primer equipo, fui a hacer una bandeja en contraataque tan tranquilamente, cuando apareció Berni Tamames como una exhalación y me puso un taponazo, cayéndoseme encima. En ese momento fui consciente de que había pasado de un mundo de niños a un mundo de mayores. Es solo una anécdota: luego siempre me trataron genial. Recuerdo los temblores y los nervios cuando Manolo Hussein me llamó para entrar en pista. En ese tiempo, Berni Hernández, gran amigo mío, robó un balón, yo corrí en contraataque y él me lo pasó bombeado. Pensé que serían mis primeros dos puntos, pero, en ese momento, apareció un tal José Manuel Calderón y robó el balón en el aire. ¡Vaya físico y vaya jugador! La temporada siguiente pude disfrutar de más minutos, y recuerdo con especial cariño un partido en casa contra Unicaja, en el que pude disfrutar muchos minutos en cancha con mi hermano Rafa, mi gran referente”.

Durante su segunda etapa en el Gran Canaria (2012-13).

En aquellos primeros años lució sobre todo en el apartado físico (“lo explotaba al máximo e iba a todo, acabando los partidos fundido”). Luego, “la madurez física y psicológica te permite evolucionar y aprender a seleccionar los esfuerzos y a leer mejor el juego. Aprendí mucho de un compañero que era un maestro en este aspecto, Gonzalo Martínez. Otro factor es las lesiones. Sufrí una importante en Zaragoza, donde me rompí el ligamento cruzado anterior de la rodilla, y esto, a pesar de lograr recuperarme satisfactoriamente, te hace modificar tu forma de jugar. Si tuviera que definirme, diría que era un jugador polivalente, que podía hacer de todo sobre una cancha de basket y jugar en diferentes posiciones, un buen defensor y con capacidad de leer el juego en beneficio del equipo”.

Tuvo una época tan espectacular que llegó a hablarse de que ficharía por el Real Madrid. “No tengo ni idea”, responde entre risas si se le pregunta sobre el tema. “Sí que puedo decir que en aquellos años adquirí un muy buen nivel de juego y de confianza en mí mismo, en buena medida gracias a la madurez que fui consiguiendo a pesar de ser joven aún, y a la confianza que depositó en mi un gran entrenador como Pedro Martínez. Es cierto que hubo interés por parte de grandes equipos de España, no sé si del Madrid”, añade. Entre sus grandes recuerdos están los 21 puntos, con cinco triples, que le hizo a los blancos en el Raimundo Saporta en marzo del 2004. Su equipo ganó, pero también aquel día él se rompió el tercer metatarso del pie izquierdo.

Nueve de sus once temporadas en la máxima categoría fueron en el Gran Canaria, en dos etapas distintas (2000-01 a 2007-08 y un año de regreso en la 2012-13). Es algo que le llena de orgullo. “Desde pequeño iba a los partidos del equipo y me sentía identificado con aquellos jugadores en el Centro Insular de Deportes. Berni Hernández, John Morton, Shawn Vandiver, Albert Burditt... fueron referentes, y mi objetivo, aunque lo veía muy lejano, siempre fue llegar ahí y poder jugar en ese equipo y en esa cancha. Afortunadamente lo conseguí, y puedo decir que disfruté de maravillosas temporadas en el equipo de mi tierra”, dice. Actualmente lo sigue “como un aficionado más” y asegura que se toma “sus éxitos y fracasos como algo personal” porque “es algo que llevaré siempre en el corazón”.

Granada (en la imagen) y Zaragoza fueron sus otros dos equipos en la élite. ;

Y eso que se llevó una decepción cuando, tras “recuperar la ilusión por el baloncesto”, no le renovaron en el 2013 porque su ilusión era retirarse de amarillo. “En ese momento me replanteé muchas cosas de mi vida. Soy de los que piensa que cuando tu cuerpo y mente no están al 100% en algo, es mejor dedicarse a otra cosa que te motive realmente, así que después del año con el Canarias Basketball Academy, decidí no seguir jugando y centrarme en algo que tenía entre ceja y ceja desde hacía años: terminar una carrera universitaria”, apunta.

Y lo logró. Hizo un Grado de Comunicación (antigua Licenciatura de Publicidad y RRPP), “un reto que siempre he tenido y que mi madre se encargó de fomentar durante mis años como profesional del baloncesto”. Ahora quiere empezar un máster de Marketing Digital, “seguir formándome para de este modo poder estar lo más preparado posible para el mundo laboral, si es relacionado con el baloncesto mejor que mejor”.

Tranquilidad financiera tiene “gracias a mis representantes de toda la vida, Higinio Alonso y Pepe Catalina, que, además de dirigir mi carrera deportiva me aconsejaron a la hora de realizar ciertas inversiones durante mi carrera”.

Aunque su mayor motivación ahora mismo es su hijo de Rafael, de tres años. “Es quien me empuja a seguir mejorando y a ser el mejor padre posible. Obviamente, sin mi pareja, Yurena, nada esto hubiera sido posible, y su apoyo incondicional ha sido clave para poder acabar mis estudios”, apostilla.

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Con su pareja, Yurena, y su hijo, Rafael.