Igor Crespo: Agente de grandes jugadores… tras un partido entre las estrellas

Igor Crespo: Agente de grandes jugadores… tras un partido entre las estrellas

Javier Ortiz Pérez

Dentro de ese “club del partido único” del que tanto nos gusta hablar aquí hay un nombre muy  destacado: Igor Crespo. Ha sonado mucho su nombre durante los últimos años, no como jugador, entrenador o directivo… sino como agente. Es uno los hombres más poderosos de ese gremio: entre su cartera de clientes están nombres tan ilustres como los de Nikola Mirotic, Juancho Hernangómez o Alex Abrines.

Base de 1,78 nacido en Vitoria, llegó a jugar 59 segundos en la Liga hace una eternidad. “Lo mío fue una anécdota”, suele señalar. Fue con el entonces Taugrés en un partido de la temporada 93-94 ante el Caja San Fernando. Manel Comas le introdujo en cancha cuando la victoria vasca estaba prácticamente asegurada. En ese escaso tiempo le dio para ser bastante protagonista: cometió dos faltas personales y recibió una, fallando el tiro libre del que dispuso. Aquí está la estadística de aquel choque. No faltan nombres míticos ni entre sus compañeros (Marcelo Nicola, Ramón Rivas, Pablo Laso, Santi Abad, Kenny Bannister) ni entre sus rivales (Brian Jackson, Steve Trumbo, Nacho Azofra, Darrell Lockhart y Darryl Middleton).

Nuestro hombre jugaba entonces en el Fundación 5+11, equipo vinculado al Taugrés en Segunda División, una categoría en la que se movería en los siguientes años alternando entrenar equipos de categorías inferiores. Su única campaña más arriba que eso fue en EBA, en la última que hay registrada en su ficha federativa, también con el mismo equipo.

Vio que su auténtico camino estaba en la representación. Y ahora dirige junto a Richi González la empresa Xphere Sports. “Los jugadores requieren paciencia”, dijo hace un año en Radio Vitoria. “El jugador es jugador, pero sobre todo es persona. En la cancha se compone de una parte de talento, otra de físico y también de una parte emocional, una cabeza a la hora de afrontar las situaciones. Hay que verle en la gestión de sus relaciones, de sus emociones. Cuando lo tratas en todas esas facetas, puedes intuir si va a ir para arriba o no”, añade.

Crespo mantiene que tener representados tan ilustres obliga a “trabajar mucho, a estar muy pendiente de ellos y ayudarles en todo lo que necesitan para que puedan centrarse en entrenar y jugar, que rindan donde tienen que rendir (…). Lo que sale sobre los agentes en las películas y en los libros tiene una parte de literatura importante”. Como anécdota, cuenta que, en una ocasión, uno de sus chicos (“uno que quiero mucho”) le llamó a las dos de la mañana pidiéndole que se desplazase a verle… pese a que estaban a mil kilómetros de distancia: “Cogí el coche y llegué ocho horas después, la mañana siguiente. La situación lo requería. Tengo mucha suerte porque todos los jugadores que llevo son muy sensatos, muy normales, aunque evidentemente están sometidos a presión y a una exposición que es complicada de gestionar”.

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