Carlos Arroyo: Casi ‘cuarentón’ que resiste tras dos etapas grises en España

Carlos Arroyo: Casi ‘cuarentón’ que resiste tras dos etapas grises en España

Javier Ortiz Pérez

Probablemente no sea la imagen más adecuada la que tenemos de Carlos Arroyo en la Liga Endesa. Ninguna de sus dos etapas aquí puede considerarse satisfactoria: en el Baskonia, en la 2001-02, quizás era demasiado joven; en el Barcelona, 14 años después, ya no estaba para grandes desafíos en un equipo tan grande. Pero eso no debe quitar que estemos ante uno de los grandes bases latinoamericanos en toda la historia y uno de los mejores jugadores de siempre en su país, Puerto Rico.

Baskonia 2001-12.

Desde que se marchó de Barcelona con amplias dosis de insatisfacción le habíamos perdido un poco la pista. Y alguno podría pensar hasta que se había retirado, sobre todo cuando se tiene en cuenta que el próximo 30 de julio cumplirá nada menos que 40 años. Pero sigue en las pistas, como buen apasionado del baloncesto. Lo hace en su país natal, ya que las pasadas navidades se anunció un acuerdo para jugar de nuevo en los Leones de Ponce, el mismo equipo que le acogió tras salir de España. Entre medias pasó por los Cariduros de Fajardo, su ciudad de nacimiento.

Arroyo, como buen baloncestista puertorriqueño, culminó su formación en la NCAA tras despuntar muy joven en su país. Estuvo en la Florida International University entre 1998 y 2001, luciendo lo que ya sería la constante en su carrera: una enorme agresividad a la hora de mirar el aro, pero sin descuidar la dirección. Pese a no entrar en el ‘draft’, consiguió un contrato temporal con los Toronto Raptors, donde jugó poquito durante 17 partidos.

Cuando le cortaron en enero encontró refugio en el Baskonia como sustituto eventual de Elmer Bennett en lo que sería su primera breve etapa española. Solo disputó cuatro partidos a las órdenes de Dusko Ivanovic, que no le dio demasiada bola más allá de los descansos a Chris Corchiani. Curioso que acumulase la mayor parte de sus puntos (11 de 17) en un solo choque, el que le midió al Gran Canaria.

La NBA se le había quedado como asignatura pendiente y volvió a meter cabeza en ella con los Denver Nuggets, su tercer equipo aquella temporada. Después, y salvo alguna incursión en su país siendo agente libre y un lucrativo contrato en el Maccabi en la 2008-09, no saldría de ella hasta 2011. Quizás sus mejores minutos los dio en Utah, pero también fue apreciado como base de recambio en Detroit, Orlando, Miami y un poco menos en Boston, su punto y final. En total, 569 partidos, 6,6 puntos y 3,1 asistencias en 18,7 minutos.

En Utah, quizás su mejor baloncesto en la NBA.

Cuando volvió a Europa tenía que ser importante en un sitio como Turquía donde ganó varios títulos y le pagaron estupendamente bien tanto en el Besiktas como en el Galatasaray, aunque en este último tuvo problemas de cobro al final.

La impresión general es que su fichaje por el Barcelona, en la 2015-16, ya se produjo demasiado tarde: recién cumplidos los 36 años. Así es que su estancia en el Palau se saldó con muchos problemas físicos (se perdió varios partidos en la liga regular) y la sensación de que ya no podía ser el líder que se le demandaba desde el banquillo. Sumándolos a los de Vitoria, le quedan unos números más bien feos en la Liga Endesa (5,4 puntos y 2,3 asistencias en 15 minutos), impropios de su peso como profesional durante tantos años. Aparentemente su relación con Xavi Pascual fue buena (“ha sido bien comprensivo conmigo y flexible en lo que yo soy como jugador. Me ha liberado para dejarme ser yo. A la vez, tengo que entender que hay un sistema que jugar y he de llamar las jugadas para llevar al equipo cómo se debe. Hay que enfocarse en tener un juego sólido”, señaló en El Mundo Deportivo), pero algo obviamente no resultó porque el Barça solo ganó aquel año la Supercopa. Y Tomas Satoransky no vio amenazada nunca su titularidad.

“Para mí, la edad es un número. Desde que yo era un niño, mi padre siempre me dijo: “Tu cuerpo es tu templo”. He tratado de cuidarme siempre. Trabajo fuerte y me dedico a fondo a este deporte porque lo amo”. Lo dijo en El País antes de iniciar su temporada como culé. Sí, es un número, pero a veces ese número te mete plomo en las piernas y no te deja desarrollar lo que tienes en la cabeza. 

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En su primera etapa con los Leones de Ponce (Foto: FIBA).