Josh Fisher: Pasión por España (personal y baloncestística) que llega hasta el presente

Josh Fisher: Pasión por España (personal y baloncestística) que llega hasta el presente

Javier Ortiz Pérez

Poco podía imaginar Josh Fisher en 2004, cuando vino a jugar a la entonces denominada LEB-2 (ahora LEB Plata) para el Pamesa Castellón, entonces vinculado del Valencia Basket, que acabaría asentando su vida en España, donde pasaría casi toda su carrera. Era un jugador muy desconocido que sin embargo se asentó en la Liga Endesa a base de su fiabilidad y capacidad para adaptarse a lo que se le pedía en cada momento. Cuesta decir si era más base que escolta, aunque sí que derivó a director de juego en sus últimos años, cuando había perdido explosividad física y había ganado en inteligencia.

Gran mate con el Real Madrid.

Fisher, nacido en Seattle, empezó a jugar al baloncesto porque sus hermanos mayores “estaban muy metidos en los deportes”. Según cuenta, tuvo muchas ofertas de universidades de la zona, pero se fue a Missouri, a la de Saint Louis, por su buena relación con el entrenador, Lorenzo Romar. Su mejor año fue el cuarto y último, con 11,7 puntos y 4,3 asistencias que no le dieron para entrar en ‘draft’ alguno.

Lo suyo en España fue escalar desde abajo a partir de la temporada 2004-05: la LEB-2 en Castellón, con dos paréntesis de cinco partidos en total para ayudar en Valencia; la LEB con CAI Zaragoza y Gijón y finalmente la entonces Liga ACB. La nómina de equipos con los que totalizó 207 encuentros es importante: dos etapas en el Real Madrid (2005-06 y 2010-11), Alicante, Gran Canaria, Bilbao y Estudiantes. Solamente jugó 28 de ellos como titular y saliendo del banquillo promedió 4,1 puntos en 15 minutos.

Era un nacional más en actitud y compromiso, con una explicación extra en su vida personal. “Me gustó mucho la cultura de España. Mi mujer es de Madrid, así que no me costó mucho imaginarme mi vida aquí”, comenta. “Creo que la clave fue el trabajo duro y que los entrenadores que me fichaban sabían lo que iba a aportar al equipo. Creo que era muy trabajador y constante, buen compañero, y siempre daba el 100% para ayudar al equipo a llegar lo más lejos posible”, añade.

Los dos únicos equipos de su trayectoria profesional en el extranjero fueron justo cuando iba a concluir su camino: el Fujian Xunxing chino y el Panelefsiniakos griego. “Fueron experiencias geniales. Ya estaba al final de mi carrera y fue muy interesante experimentar el baloncesto en otras cultura”, explica.

El Estudiantes, último equipo en España.

Muy poco tiempo después de retirarse pasó a los banquillos, consiguiendo un puesto de ayudante en el UCAM Murcia de Fotis Katiskaris, “un gran profesional”. “Fue una experiencia muy constructiva. Él e abrió los ojos para comprender la gran exigencia que supone ser entrenador de baloncesto y aprender a valorar el tiempo y dedicación que emplean en su día a día”, recalca. 

Sin embargo, esa experiencia no tuvo mucho recorrido. Vive en Madrid porque, argumenta, “mi vida es ahora es mi familia y disfrutar de mis hijos todo lo que puedo”. Eso sí, ha seguido vinculado al baloncesto, pero de otras dos maneras diferentes: ejerce como ojeador de un equipo de la NBA (“es lo que me requiere más tiempo”) y también ofrece entrenamientos particulares de tecnificación a jóvenes que deseen mejorar, como recoge en su web.  “Es algo que me ha gustado siempre: ayudar a jugadores a desarrollar su técnica y que ganen más confianza en su juego”, apostilla. Sus chicos prometen en el baloncesto y son sus alumnos predilectos. Una curiosidad: esas clases son individuales o, como máximo, en grupos de cuatro, y siempre en inglés, aunque hay que decir que su español es perfecto. Normal después de tantos años entre nosotros, ¿no?

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Disfrutando de un baño.