Marko Banic: Un “bilbaíno más”, un ala-pívot de otra época

Marko Banic: Un “bilbaíno más”, un ala-pívot de otra época
El Buducnost, uno de sus primeros equipos

Javier Ortiz Pérez

Con toda seguridad, uno de los nombres más importantes de la historia del Bilbao Basket. Marko Banic vivió en primera persona el crecimiento del club vasco, que tocó su techo con el subcampeonato liguero y la participación en la Euroliga. Fue un jugador queridísimo por la hinchada, que apreciaba al mismo tiempo su implicación personal y su calidad técnica.

Era un jugador de la ‘vieja escuela’, completísimo en cuanto a fundamentos, peleón cuando había que serlo y con un gran conocimiento del juego. Eso sí, le faltaba rango de tiro para ser un ‘4’ “como los de ahora”. En Bilbao supo sacar lo mejor de sí mismo, progresando desde promesa a piza consolidada de la mano de su equipo y de un entrenador que le supo entender como Txus Vidorreta. Y es que fueron siete temporadas de “hombre de negro”, desde 2005 a 2012, con un total de 245 partidos contabilizando solo los de Liga. Precisamente con Vidorreta en el banquillo tuvo una segunda aventura aquí, en el Estudiantes 2013-14.

Siete años en Bilbao. 

Nacido en Zadar, con el equipo de esa ciudad croata todavía asolada por la guerra empezó a jugar en 1992. “Hay mucha tradición de baloncesto y todos los niños pasan en algún momento por su escuela”, contó en la web del Estudiantes. Ganó la liga con 19 años con el KK Zadar y el Mundial y el Europeo junior en 2002 y 2003, acumulando así un buen prestigio que todavía tenía que refrendar. 

Pocos recuerdan que su fichaje en Bilbao en 2005 no fue tal, sino una cesión que duraría dos años por parte del Akasvayu Girona, con el que nunca llegaría a disputar un minuto en competición oficial. Los guardaba todos para Euskadi. Aquellas dos primeras campañas fueron más bien discretas, dando el salto de calidad en la tercera. A partir de ahí, se convirtió en imprescindible. Hasta tuvo una peña con su nombre.

Estudiantes 2013-14.

Los mejores años de su vida deportiva, sin duda. Fue MVP de la Eurocup en 2009, parte del quinteto ideal de la segunda competición europea en dos ocasiones (2009 y 2010) y jugador de la jornada en Liga Endesa en otras dos. Además, se convirtió en fijo en la selección croata con presencia en Juegos Olímpicos (2008), Mundial (2010) y Europeo (2007 y 2009).

Siempre se habló maravillas de su integración. “Es que en Bilbao me sentí muy bien desde el principio. Conservo muchos amigos allí”, destaca. 

Algo de terreno tenía ganado porque, como pasa con muchos balcánicos, posee mucha facilidad para los idiomas y para el español en concreto por ver telenovelas allí. Después de vivir tantas cosas, su adiós resultó sumamente emotivo, entre lágrimas: “He tomado la decisión más dura de mi vida, que es la búsqueda de nuevos objetivos, un paso adelante en mi carrera. Estoy muy orgulloso de todo lo que hicimos aquí en siete años, la lucha por no descender y por ganar la Liga. He cumplido todos mis sueños aquí, menos ganar un título”.

Con perspectiva, probablemente no acertó yéndose al Unics Kazan. Seguramente era un contrato muy lucrativo, pero allí, en la gélida Rusia, se sintió aislado y además las lesiones no le permitieron estar a su nivel, aunque años después regresaría allí. 

Tampoco en el Estudiantes lo alcanzó, cerrando así 278 partidos en la Liga Endesa con 10,3 puntos y 4,4 rebotes de media en 24 minutos. Conoció además las ligas alemana (Alba de Berlín) y turca (Pinar Karsiyaka). Su último equipo ha sido cerca de casa, el Cedevita. Con 35 años, el hombre que dijo una vez que se sentía “un bilbaíno más” parece en la recta final de su carrera

CONOCE MÁS HISTORIAS DE JUGADORES DE LA MANO DE JAVIER ORTIZ

En el Alba, uno de sus últimos equipos.