Carlos Cherry: Peculiaridades y mestizaje de un buen base reserva

Carlos Cherry: Peculiaridades y mestizaje de un buen base reserva

Javier Ortiz Pérez

Sin duda uno de los grandes personajes que me he encontrado estos últimos años en el mundo del baloncesto este Carlos Cherry. Lástima no haberle podido localizar para enriquecer aún más el relato sobre su trayectoria: al parecer, anda en Francia después de su retirada trabajando en una empresa de floricultura. Siempre ha sido un tipo muy interesado por el mundo de los negocios y se ha preocupado especialmente de conseguir una buena formación que le sirviese cuando ya las canastas no entrasen.

Dos buenos años en Granada. 

Cherry, nacido de la relación entre una española y un militar norteamericano destinado a una base en Andalucía, posee esa misma mezcla en su carácter (un gracejo particular y enorme aficionado al rap) y también en su baloncesto. No es de extrañar que uno de sus ídolos fuese Andrés Montes, otro orgulloso del mestizaje y de disfrutar de la vida.

Nacido en Sevilla, empezó en la cantera del Claret para pasar a la del Caja San Fernando, con el que debutó en la temporada 97-98 de la mano de Salva Maldonado en un partido contra el Cáceres.  Pero cuando realmente dio que hablar fue en su segundo choque. Como él ha contado en un millón de ocasiones (hasta el punto de que ya la anécdota no le parecía hacer mucha gracia), vomitó nada más salir ante el Real Madrid. “Fueron los nervios. Llevaba varios días con problemas en el estómago y la noche anterior al partido estuve vomitando en la habitación. Pero yo no podía decirle al entrenador ‘no salgo a jugar, que me duele el estómago’. Así que salí y…”, narró en Gigantes del Basket, donde añadió una broma para quitarle hierro al asunto: “Cuando se quemó el Palacio de los Deportes, la anécdota se perdió entre los escombros”.

Aquellos fueron sus dos únicos encuentros aquella campaña, porque acto seguido tuvo que marcharse a la LEB para abrirse camino: Los Barrios, Ourense, Coruña… Hasta el 2003 no le volvieron a llamar en Sevilla: fueron un par de partidos para acabar la temporada que le abrieron la puerta para tres campañas más en un club del que siempre se ha declarado seguidor incondicional.

En el Caja, el equipo de su corazón. 

Después protagonizó una extraña aventura que narra aquí con detenimiento Javier Gancedo en acb.com: Sorprendió a todos aceptando la oferta de CSKA de Sofía, donde protagonizó grandes actuaciones. “Hubo 2 o 3 equipos ACB que estuvieron a punto de ficharme, me salieron un par de cosas de LEB encima de la mesa pero dije que no, porque pensaba que era mejor irme al extranjero, yo siempre había querido jugar fuera de España. En España he demostrado el nivel que tengo y quería demostrarlo también en otro sitio”, explicó. Hasta le ofrecieron jugar en la selección búlgara…

Sin embargo, tenía que volver. Quizás sus mejores momentos en la máxima categoría se produjeron entre 2007 y 2009, cuando formó parte de un Covirán Granada inolvidable. Tanto en Sevilla como en la ciudad de La Alhambra se adaptó bien al puesto de segundo base (solo 31 de sus 160 partidos ACB fueron como titular), pero se veía que podía llevar las riendas porque si había algo que le faltaba, era confianza. Sus promedios (5,1 puntos y 1,8 asistencias) se duplicaban fácilmente un peldaño por debajo.

En su último equipo en España volvió a demostrarlo: el Cáceres en la LEB Oro, donde estuvo dos temporadas y media. Sobre todo al principio estuvo inconmensurable, entendiéndose a la perfección con Gustavo Aranzana (también, como siempre ha sido habitual, con los americanos del equipo) y decidiendo varios partidos prácticamente él solo.

Al final de la 2011-12 decidió dar otro giro vital y aceptó las mejores condiciones que decía tener en Francia, sobre todo a nivel de protección laboral. Estuvo en el Quimper y en el Angers antes de colgar las botas en 2014. Como es un tipo con la mente abierta, aceptó el reto de quedarse, pero que nadie se extrañe si más pronto que tarde no vuelve por su Sevilla natal.

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Con el Angers, su último equipo en Francia.