Víctor Sada: Arquetipo de sacrificio por el equipo desde la posición de base

Víctor Sada: Arquetipo de sacrificio por el equipo desde la posición de base

Javier Ortiz Pérez

Hace unas semanas conocíamos la despedida del baloncesto de Víctor Sada, una más de las numerosas de ilustres jugadores que se han producido en 2018. Podía imaginarse el desenlace porque llevaba ya un año sin jugar y su última experiencia había sido en LEB Oro con el Barcelona B, prácticamente apartado del profesionalismo. Quizás todo demasiado pronto porque no olvidemos que está en los 34 años, pero las circunstancias mandan.

Muy joven con el Barcelona.

La explicación la ofrece él: “En verano del 2016 tuve con mi pareja un problema personal de salud y decidí quedarme aquí, aunque tuviese un par de opciones de ir al extranjero, a Grecia y Alemania. Pero tenía que estar con mi pareja y volvería a hacerlo otra vez. El baloncesto ha sido mi vida, pero la vida en sí es mucho más importante. Eso sumado a la lesión de espalda y a que  tema de cabeza estaba un poco ‘quemadillo’, me quedé en el filial del Barça a hacer un poco de padre. Intenté inculcar unos valores y lo pasé muy bien”.

Vestido de azulgrana fueron pues sus primeras canastas. Los mismos colores que las primeras: se formó en el club ‘culé’, con cuyo primer equipo debutó muy joven en la temporada 2003-04 de la mano de Svetislav Pesic. El baloncesto siempre ha estado en su vida: “Mis hermanos estaban en la Escola Minguella de Badalona. No recuerdo mucho, pero me dicen que salía en los descansos a tirar mientras ellos jugaban. En casa de mis abuelos había una canasta y también. No vi jugar a mi padre [Adolfo], que estuvo muchos años en la Primera Nacional de entonces con el Barça y el Cotonificio. Me dice Jordi Robirosa que era un base muy duro, muy defensor, que siempre cogía al ‘bueno’ del otro equipo”.

Ahí Víctor tiene a quien parecerse. Si algo le caracterizó fue su aguerrido carácter defensivo y las pocas ganas de brillar a nivel individual. “Sobre todo en el Barcelona tenía cada uno un rol que se fue haciendo más específico. No es que hiciera cada vez menos cosas, pero sí que hacías lo que sabías hacer y el resto hacía lo que se le daba mejor. Durante mucho tiempo he jugado con mucha libertad, pero es verdad que en los últimos años tuve más problemas en la confianza en el tiro y siendo agresivo de cara a la canasta. Quizás no estaba muy a gusto con eso, pero no ha sido un problema”, comenta.

Gancho con el Morabanc Andorra.

Sada tuvo que hacer un camino largo hacia el éxito, que incluyó numerosos títulos (la Euroliga del 2010, claro) y la plata de Londres-2012. “El primer año que subí al primer equipo Pesic me dio muchas oportunidades. En el siguiente, con Montes y Flores, ya no jugué tanto. Y con Ivanovic empecé jugando, pero luego ya desaparecí”, recuerda. Así es que la vía fue intentar hacerse un base de primer nivel en Girona, de nuevo de la mano de Pesic. Y lo consiguió. “Volví a crecer como jugador y pude volver al Barça viendo el baloncesto como no lo había visto antes. Fue una suerte para mí irme”, asume.

Y es que asegura que nunca se ha ido “marcando objetivos”, sino “consiguiendo las cosas poco a poco”. “Todas fueron llegando y fueron muy bonitas. Llegado a un punto, vi el potencial que tenía y el impacto que tenía de cara al equipo, no tanto el individual. Con mi físico y mi talento creí que las cosas podían ir bien, pero no tanto, evidentemente”, comenta.

La anécdota que puede ilustrar su generosidad la cuenta él: “A veces, con Xavi Pascual, me pedía que cambiara por Marcelinho o Ricky Rubio tras un error de ellos, y yo en ocasiones le decía que no, que aguantáramos. Le pedía tranquilidad y al final acababa saliendo todo bien. Recuerdo sobre todo que pasó eso en un partido ante el Maccabi. De repente, Marcelinho se puso a jugar bien después de que yo le dijese a Xavi que esperásemos el cambio”.

Según su opinión, ese modo de hacer las cosas “lo tienes que tener dentro. Muchas veces me ha ido en contra no pensar más en mí, pero para que un equipo funcione tiene que haber sacrificio y no tantos egos. Para mí lo más importante siempre era ganar, por encima de todo, incluso que me fueran bien a mí las cosas”.

Homenajeado por el presidente de la ACB, Antonio Martín, tras su retirada.

Tras salir del Barça en 2014, su etapa final en Andorra no fue tan feliz. “A los dos o tres partidos tuve una lesión de espalda, una hernia discal. Cuando volví, me costó, aunque la temporada acabase bien. Pensaban que podía hacer otras cosas, pero yo tenía mi modo de jugar. En equipos más pequeños todo el mundo quiere hacer sus estadísticas y me topé con la realidad”. Acabaron entonces 419 partidos en la Liga Endesa con números que, desde luego, no reflejan su peso específico en la competición: 3,9 puntos, 2,7 rebotes y 2,4 asistencias en 17 minutos en pista.

Y ahora, ¿qué? “La idea es sacarme el título para estar con chavales. Me gusta mucho el baloncesto. Cuando es profesional es muy bonito pero también muy sacrificado. Con los chicos es como más se disfruta, pero no me cierro ninguna puerta. Tengo que verme todavía ahí: cuando pase, a ver si estoy a gusto o si valgo para ello”.

 

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En 2012 con la selección española.