Ángel Aparicio: De canterano azulgrana a ‘Area Manager’

Ángel Aparicio: De canterano azulgrana a ‘Area Manager’

Javier Ortiz Pérez

Una de esas historias frustradas por las lesiones y la mala fortuna. Ángel Aparicio llegó a disputar un partido con el Barcelona 2010-11 y después emprendió la aventura americana en la NCAA. Acaba de cumplir los 26 años, pero el baloncesto ya se ha tiempo que se acabó para él por voluntad propia, ‘quemado’ por las circunstancias adversas.

Aparicio es de Benicarló, en Castellón, donde empezó a jugar muy niño, con seis años “tras haber probado en el fútbol y darme cuenta de que no se me daba muy bien”. Su padre había esta en el baloncesto toda su vida y empezó a demostrar la calidad de esos genes cuando con solo 11 años fue fichado por el Barcelona para categoría infantil de la mano de Miguel López Abril.

Barcelona 2010-11. 

Fue subiendo escalones hasta su debut con el primer equipo, tanto en la Euroliga como en la Liga Endesa. Su único encuentro en la competición nacional fue ante el Gran Canaria: 3:11 minutos y no logró anotar. “Tenía muchos nervios al final del partido, ya que era muy probable que debutara ese dia por la diferencia de resultado. Recuerdo escuchar cánticos con mi nombre de los Supporters del Palau y acto seguido Xavi Pascual llamándome para entrar al campo”, comenta. 

 No hubo más ocasiones en el primer equipo y empezó una etapa negra en lo deportivo, aunque fructífera en lo académico. Se rompió dos veces el pie izquierdo y fue operado tres veces en un año. “Me comentaron que no contaban conmigo y decidí irme a USA, a la Universidad de Toledo, donde la primera temporada no pude jugar por ser ‘transfer’, la segunda temporada me rompí el ligamento cruzado y la tercera estuve en proceso de recuperación”, cuenta. Terminó la carrera y decidió colgar las botas por diferentes motivos: “El primero fue porque estaba un poco quemado mentalmente después de haber estado sufriendo durante tres años y había perdido un poco las ganas de jugar a basket, el segundo fue porque los salarios para las categorías de LEB Plata y Oro eran muy bajos y el tercero fue porque tenía ganas de comenzar mi vida profesional”.

Acababa así el recorrido de un alero que, como dice él mismo, “podía hacer de todo”. “Tiraba desde fuera, tenia buen bote, jugaba bloqueos, reboteaba… Podía jugar de ‘2’, ‘3’ e incluso de ‘4’. No era para nada un portento físico, pero sí que era técnico e inteligente”, comenta.

Después del baloncesto trabajó un año en Nueva York en marketing y ventas y ahora ejerce la como ‘area manager’ en la empresa de Kids&Us. 

Su desamor momentáneo con el baloncesto no ha derivado en rencor, sino todo lo contrario: “Estoy muy contento en mi posición y con mi vida y solo puedo dar gracias al baloncesto por todo lo que me ha dado, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Estoy seguro de que si no fuera por el baloncesto no sería biingüe en inglés ni tendría una carrera en Estados Unidos ni un master. Así que solo puedo dar las gracias a este deporte”.

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Celebrando su 26º cumpleaños, el pasado verano.