José Manuel Lara: El balonmanista convertido a tirador en el Granollers

José Manuel Lara: El balonmanista convertido a tirador en el Granollers

Javier Ortiz Pérez

El baloncesto le robó al balonmano a José Manuel Lara. “Yo debía tener 14 años y no había tocado un balón de baloncesto en mi vida. Hacía balonmano, que era un deporte de mucha tradición en Granollers. Un día pasé al lado de una cancha en la que estaban entrenando basket y el entrenador me vio que era alto y se vino hacia mí diciéndome que me uniese a ellos. Al final lo consiguieron”, recuerda.

Defendiendo a Javier García Coll (Foto: Basket16).

Apenas tres años después el chico estaba debutando en el Cacaolat Granollers al lado de jugadores como Chichi Creus o Wayne Robinson (temporada 86-87). “Físicamente era nefasto, lento y de ‘hueso ancho’, como suele decirse, pero veía el aro muy grande. En las categorías inferiores, meter 20 puntos me resultaba muy fácil”, comenta. “También veía bien el baloncesto y podía jugar en todas las posiciones casi, desde base hasta ala-pívot. Hasta Manel Comas me preguntaba cómo analizaba algunas cosas durante los partidos”, añade.

Lara se convirtió en una sólida promesa y hasta se asomó a la rotación principal del equipo vallesano en la 88-89, cuando disputó 13 de sus 17 partidos en total en ACB (2,9 puntos en 11 minutos por encuentro). 

Sin embargo, las circunstancias se le pusieron en contra de repente. “El Cacaolat Granollers se fusionó con el IFA Español y llegaron jugadores como Santi Abad, Manel Bosch, Oscar Cervantes y Edu Piñero que estaban un peldaño por encima de mí. Manel Comas quería que mantuviese como vinculado y esperamos hasta el final, pero me marché a jugar con un entrenador que conocía como Paco Martínez a Vigo, en Segunda División. Ascendimos, pero me lesioné de la espalda. Tuve dos hernias discales, con dos operaciones seguidas, que me apartaron de poder jugar más arriba de nuevo”, cuenta.

Así es que con 24 años, y tras año y medio sin pisar las pistas, decidió centrarse en los estudios. Eso sí: no dejó el baloncesto del  todo: “Jugué algunos años más en Segunda catalana, incluso en el Granollers, pero no me sentía con fuerzas para más”.

Estudió Ofimática y Contabilidad y en la actualidad es programador. “Me dedico sobre todo a una empresa de estructuras metálicas que trabaja para otra que hace edificios”, afirma. Su vínculo con el baloncesto es ahora puramente familiar: sus cuatro sobrinas y su hijo, Joel, juegan. Él dice sentirse querido cuando “gente de alrededor se acuerda de mi época en el baloncesto y me lo comenta”.

El resumen de por qué no llegó a asentarse en la primera fila del baloncesto nacional lo pone él también: “Hay que estar en el momento adecuado, en el lugar justo, y que apuesten por ti. Pero haber estado cerca de tantísimos jugadores tan buenos ya es agradable de por sí”.

 

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   En la actualidad, con su hijo Joel.