Nedzad Sinanovic: Un 2,22 que se quedó al borde del éxito

Nedzad Sinanovic: Un 2,22 que se quedó al borde del éxito
Sinanovic pasó por Real Madrid, Unicaja y Valladolid

Javier Ortiz Pérez

Hace ya más de cuatro años que Nedzad Sinanovic disputó sus últimos partidos oficiales, entonces al calor de los petrodólares de la liga iraní. En todo este tiempo se ha sabido poco de él, más allá de que estuvo entrenando con el Estudiantes en la pretemporada 2014-15, aunque nunca llegaría a debutar con el equipo. 

Su retirada, nunca anunciada, parece un hecho.  ¿Por qué no triunfó en el baloncesto un tipo de 2,22 bastante coordinado y al que no le faltaron equipos grandes en su camino?

Recién llegado al Real Madrid 

No ha debido tener una vida fácil, creciendo en medio la Guerra de Bosnia. “La pasé sufriendo, peleando, luchando en mi día a día. He tenido una infancia muy mala. Ayudaba a conseguir comida para la familia, hacía cualquier cosa que hiciera falta para sobrevivir. “Pero no era fácil, ¿sabes? A veces llegamos a vivir hasta 20 personas en mi casa, contando a los abuelos, primos… todos. De verdad, no fue sencillo, pero gracias a Dios sobrevivimos y ahora podemos contarlo”, decía en acb.com cuando su carrera por fin parecía despegar en Unicaja, allá por 2010.

Años atrás ya había estado en Málaga, en una prueba que no había llegado a fructificar de la mano de Boza Maljkovic, cuando apenas era un adolescente que todavía estaba en 2,15. 

Lo curioso es que poco después logró colarse en el ‘draft’ de 2003 sin haber jugado todavía un solo partido oficial (número 53). Le escogieron los Blazers, que le estuvieron observando en alguna liga de verano, donde fue más noticia por ser agredido con un palo por otro gigante de 2,21, el surcoreano Ha Seung-jin.

Su primera experiencia profesional fue en Bélgica con el Pepinster, aunque sus números no resultaron demasiado potentes en dos años allí (2003-05). Y de nuevo Maljkovic se cruzó en su camino para ficharle para el Madrid, que estuvo esperando que madurase con un par de cesiones (Colonia y Burgos) hasta el 2009. 

Sus primeras declaraciones (“Me gustaría ser el nuevo Sabonis, primero en el Real Madrid y luego en Portland. ¿El mejor del mundo? No renuncio a nada y, si tengo suerte con las lesiones, lo intentaré”) levantaron una expectativa desmesurada. Tuvo algún momento glorioso, como cuando lideró a base de contundencia una victoria en el Palau durante los ‘playoffs’ del 2006, pero tampoco acabó de cuajar en cuatro años de contrato.

El Unicaja creyó esta vez en él para su filial, el Clínicas Rincón, en LEB Oro, donde sus muy buenas actuaciones le abrieron la puerta de la Liga Endesa. Entre los mejores hasta acumuló algún MVP de la jornada, lo mismo que en la Euroliga. Y hasta consiguió el pasaporte español por matrimonio. Pero otra vez le faltó continuidad y concluyó sus tres años en el Martín Carpena (2009-12) con más sombras que luces. La de Valladolid (2012-13, incompleta) acabaría siendo su última campaña en España, con 117 partidos en la máxima categoría y 5,1 puntos y 3,9 rebotes en 13 minutos como medias.

Su llegada al Estudiantes no prosperó y tres años después, en verano de 2017, volvió a ser triste actualidad. Según publicó El País, la UDEF le acusaba de fraude en la obtención de prestaciones y estafa procesal por haber cobrado el subsidio de desempleo tras figurar de manera ficticia como trabajador de Gestión Hostelera de Cambre SL y haber intentado recibir una indemnización por despido a través del sindicato Cotecri.

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