Tito Quintela: La falta de oportunidades desanimó a un escolta lucense

Tito Quintela: La falta de oportunidades desanimó a un escolta lucense

Javier Ortiz Pérez

Producto de la cantera gallega, ‘Tito’ Quintela (casi nadie le llama por su nombre de pila, Alberto) está en un doble ‘club’ bastante frecuentado de exjugadores de la Liga: los que únicamente disputaron un encuentro en ella y los que en la actualidad se ganan la vida como fisioterapeutas. Es esta una vocación habitual entre quienes cuelgan las botas, pero se mantienen relacionados con el deporte a través de intentar aliviar a quienes sufren dolor.

Breogán 92-93.

Nacido en Lugo, empezó a jugar al baloncesto en su colegio, el Compañía de María, para pasar después a un clásico club local, el Estudiantes. Fue allí donde le vieron en el Breogán cuando estaba en edad junior. “Tenía 17 años cuando fui con ellos. Quedamos campeones de Galicia. Me encantaba el baloncesto, pero también ya veía otro tipo de cosas que no me gustaban”, apunta. 

Ese cosas que no me gustaban” fue el germen de que su recorrido fuese escaso. Pasó a la primera plantilla, en la que había nombres tan míticos como los de Velimir Perasovic o Claude Riley, pero las rotaciones eran escasas cuando se trataba de saltar a la pista. “Jugaban siete u ocho jugadores. Los titulares estaban en cancha casi los 40 minutos, pasase lo que pasase”, señala. A él solo le dio Ricardo Hevia una oportunidad, en un partido ya ganado contra el Granollers en el que estuvo 1:06 en cancha. Y se despidió sin poder anotar, aunque estuvo cerca: “Robé un balón e intenté un tiro, pero me pusieron un tapón”. Era la temporada 92-93.

Quintela apunta a que “necesitaba minutos para poder desarrollarme” y los buscó en el Peñarredonda de La Coruña, de nuevo con Hevia al mando. "Tuve algo más de tiempo, pero la dinámica fue similar. Los veteranos eran los que jugaban”, lamenta. Así es que tomó una decisión radical. “Opté por dejarlo un año y sacarme el COU, que no lo tenía. Me llamaron tres o cuatro equipos para jugar en Segunda, pero les dije que no”, dice.

Y eso que más adelante Hevia le llamaría otra vez para incorporarle un año después al Breogán, que había descendido a Liga EBA cuando esta era la segunda categoría. “Hasta me hicieron un contrato. Me había apuntado a INEF y pasé las pruebas. Hice un replanteamiento de vida y decidí que no iba a jugar más. Tomé la decisión y no me arrepentí”, señala. Era un escolta de 1,93 que “defendía y penetraba muy bien”. Debía mejorar el tiro, pero es algo que se veía capaz de hacer.

Terminó INEF y luego Fisioterapia. Montó su propio negocio. Pudo haber colaborado con el Breogán, “pero en la clínica me iba bien y quería hacerlo con mis condiciones”. Una última curiosidad entre risas: “Yo de pequeño llamaba a todo ‘tito’, daba igual que fuese un pájaro o un perro. Era mi vocabulario ‘extenso’ y con eso me quedé”.

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En su clínica en Lugo.