Andrés Nocioni: ‘El Chapu’, el fiero competidor al que el baloncesto echa de menos

Andrés Nocioni: ‘El Chapu’, el fiero competidor  al que el baloncesto echa de menos
Nocioni fue decisivo en el Madrid en su etapa final

Javier Ortiz Pérez

Ha pasado algo más de un año y, aunque se fue a vivir a Argentina, Andrés Nocioni sigue en cierto modo entre nosotros, en el baloncesto. Hay pocos jugadores que hayan dejado tanta huella como él, siendo España un país sobre el que pivotó su carrera: cuando se dio a conocer en Vitoria (con una cesión incluida en Manresa), cuando eligió al Baskonia después de una buena etapa en la NBA y finalmente con su retirada en el Real Madrid, jalonada de títulos y lo que llaman en su tierra “jerarquía”.

En Argentina, antes de fichar en Vitoria.

‘El Chapu’, sí. Competitividad en estado puro. A él, con un leve barniz de falsa modestia, le gusta decir en las entrevistas que no tenía un gran talento. Pero también es talento conocer tan bien el juego, saber aparecer en los momentos importantes para clavarla de lejos, intuir dónde va a ir ese balón rebotado o simplemente pegar una voz para infundir respeto. Todo eso lo hacía a la perfección un tipo nacido en Santa Fe al que no conocía prácticamente nadie cuando Alfredo Salazar le fichó procedente del Independiente de General Pico.

“Cada uno conoce sus límites y conoce sus virtudes. La palabra talento quizá la usé mal. Es posible que yo tuviera talento para hacer otras cosas, a aportar lo que otros jugadores no pueden. Los equipos tienen que tener una combinación justa entre lo que es la técnica y la creatividad junto con el compromiso, perseverancia... Me parece que lo que yo tenía era algo que me permitía jugar en equipos bien armados”, decía hace poco en el diario La Nación.

Sí, era un bestia de 2,03 y enorme salto, pero le faltaba pulirse muchísimo. Sus primeros minutos en el entonces Tau no estuvieron llenos de gloria (temporada 2000-01), siendo Manresa un lugar donde empezó a crecer y crecer ya sin freno posible. Su regreso tras el préstamo lo hizo ya para ser fijo de un equipo que marcó una época y ganó títulos.

Era inevitable que la NBA llamara a su puerta y así lo hizo. En 2004, los Bulls vinieron a por él y le convirtieron en uno de sus referentes sobre la pista. Su mezcla de físico y cabeza era perfecta para el juego del equipo. Aquellos casi cinco años en Chicago fueron los que le hicieron feliz, porque posteriormente en sus breves etapas en Sacramento y Philadelphia estuvo claramente incómodo, en equipos en reconstrucción en los que no parecía pintar mucho. Totalizó 514 partidos de liga regular (más de 23 de ‘playoffs’) con 10,5 puntos y 4,5 rebotes en 23 minutos, muchas veces ejerciendo de estilete como ‘sexto hombre’.

Celebrando la Liga del 2002.

“En Baskonia me di cuenta qué era ser un profesional. En la Liga Nacional cobraba muy poco. Cuando firmé en Europa, me pagaban al día y exigían en consecuencia Y ahí entendí todo lo que implicaba ser un trabajador del deporte. En España crecí como jugador, comencé a tener más roce internacional, me medí con rivales de mayor jerarquía, pero el salto de calidad como jugador lo hice en la NBA. Y mi juego mejoró muchísimo allí, porque me dieron todas las herramientas. Me hicieron mejorar en mi juego porque te ponen todo a disposición para ello”, cuenta en la entrevista mencionada.

En el momento de volver, en 2012, tenía que escoger Vitoria. Y lo hizo a un nivel estupendo, como cuando le hizo 37 puntos al Barcelona en la Euroliga. Aunque rebasada con creces la treintena, sus cualidades seguían intactas, con un punto más de liderazgo que nunca eludió. Pero, como él dice, quería más. Y el Madrid se lo dio, convirtiéndole en el factor diferencial que le hizo ganar la Euroliga del 2015, una vieja asignatura pendiente que por fin aprobó. Es historia reciente de nuestro basket. 

En la Liga Endesa totalizó 322 partidos con unos promedios bastante parecidos a los de la NBA: 11,3 puntos y 4,6 rebotes en 22 minutos. Por cierto: curiosa evolución la suya, convirtiendo poco a poco al triple en su principal arma ofensiva. En su último año en activo firmó un 42% de acierto en liga regular y 38% en ‘playoffs’, ahí es nada.

Tampoco conviene pasar por alto su enorme contribución a la selección argentina, con la que ganó el histórico oro del 2004 en Atenas. Según su teoría, “la ‘Generación Dorada’, demostró que el argentino no es tan malo como pensamos. Creemos que somos destructivos, que las sabemos todas, pero no es así. Y me parece que con esa generación lo que logramos es trabajar en equipo que es lo que se debería transmitir. Ese equipo debe quedar por lo que hizo como grupo, por su compromiso, su capacidad para dejar los egos de lado y por pensar en el bien común”. Eso sí, en España siempre le agradeceremos aquel fallo en el triple de la semifinal del Mundial de 2006…

Con los Bulls, el equipo en el que mejor jugó en la NBA.

Tras su retirada vive con tranquilidad y asegura que no echa de menos el baloncesto: “Lo esperaba así, tomando todo con tranquilidad. Lo que me está costando es el adaptarme a la situación del país, porque yo hace 20 años que no estaba acá. Me preparé, pero hay que vivirlo. Cada ex jugador tiene su forma de ver el retiro. Pensé que iba a estar más tranquilo y no lo estoy tanto. La verdad que veo más lo malo de ser un ex jugador que lo bueno. Se siente un poco abandonado el ex jugador. Se siente un poco inservible, porque uno siempre jugó al baloncesto y no le dio tiempo a otras cosas”. Su relación con el deporte de la canasta quiere que esté más en los despachos que en la primera línea de los banquillos, aunque sí le gusta la idea de trabajar con los jóvenes.

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Homenajeado en su país recientemente.