Pelayo Suárez: El base coruñés que se convirtió en psicólogo deportivo

Pelayo Suárez: El base coruñés que se convirtió en psicólogo deportivo

Javier Ortiz Pérez

Los primeros recuerdos baloncestísticos de Pelayo Suárez son “intentar faltar a las clases de inglés para ver al Real Madrid de Walter Sczerbiack si los partidos eran entre semana”. Lo de meter canastas él no se lo tomó muy en serio hasta que se incorporó al Bosco de La Coruña en edad junior, con Eduardo Ayuso como entrenador.

Pero de un día para otro se vio debutando jovencísimo en Primera B en un partido contra el Caixa Ourense, pero el equipo desapareció a mitad de la temporada. Su progresión como director de juego, pese a que él mismo se define como “un tirillas” le llevó rápidamente a probar en Madrid, quedándose finalmente en el Collado Villalba.

Huesca 89-90.

Desde allí, tuvo dos ofertas, ya en edad senior (temporada 89-90). “Estaba entre Baskonia y Huesca. Fui a este último porque pensamos que podía tener más minutos, pero jugué muy poquito. No estaba maduro. En tres años pasé de jugar en el colegio a estar en ACB. No tenía tablas, madurez deportiva”. De esa etapa cuenta una anécdota curiosa: “Unos pocos años antes, siendo un crío, le había pedido un autógrafo a Brian Jackson cuando fuimos a ver un OAR Ferrol-Real Madrid. En Huesca fue mi compañero. Era algo que me parecía imposible”.

No cumpliría su segunda  temporada de contrato en Aragón y se marchó al Askatuak, en Primera B. “Fue un año muy bonito, jugando y aprendiendo mucho a ser un base de verdad”, recuerda. Sin embargo, el siguiente verano se rompió los ligamentos del tobillo. “Querían renovarme, pero me quedé sin jugar todo un año”, lamenta.

Volvió a Coruña, al Basketmar, pero, de nuevo, el club desapareció a mitad de temporada. “Pensé en dejarlo por primera vez, ya que estaba empezando Psicología. Estuve a punto de ir a Burgos, pero se rompió a última hora. También me dieron ganas de dejarlo”…

Javier Castroverde le rescató para jugar en Segunda y luego, en 1995, encontró al fin su mejor baloncesto en Vigo, en Liga EBA, donde promedió 18 puntos por partido y tuvo el mejor porcentaje de liga en triples. “El entrenador era Miguel Méndez. Había muy buena comunión con él y me hizo confiar mucho en mí mismo. Me hizo crecer como jugador”, destaca. 

Vilagarcía y Marín fueron sus siguientes paradas antes de empezar otra aventura. “Mi mujer se fue a hacer el MIR a Braga y decidí dar el salto ahí a jugar a Oporto tras pasar unas pruebas. Era el tercer base, pero hasta jugué la Copa Korac. ¿Quién me lo iba a decir a mí?”, suelta entre risas.

Después hizo el camino inverso en Marín y Vigo, ya como ayudante de entrenador de Méndez en un equipo femenino en el que estaban futuros mitos como Laura Nicholls y Alba Torrens y la ilustre veterana Pilar Valero. Se metió de lleno en el mundo de la psicología deportiva aportando su granito de arena, pero tuvo que dejar el club en 2009 “porque tenía muchas cosas ya”.

Lo bueno es que volvió al Celta (Liga Femenina 2) hace año y medio con un papel similar y Cristina Cantero como entrenadora. “Solo quería echar una mano. Ya había hecho alguna cosa con la Federación Gallega como psicólogo deportivo. Y ha salido bien. Jugamos la última fase de ascenso y dimos guerra”, comenta. Y ahí sigue, sin poder despegarse del baloncesto.

CONOCE MÁS HISTORIAS DE JUGADORES DE LA MANO DE JAVIER ORTIZ

En la actualidad, en el cuerpo técnico del Celta Zorka (Liga Femenina 2).