Fernando Mateo: Pívot nacional perfecto para el segundo escalón

Fernando Mateo: Pívot nacional perfecto para el segundo escalón

Javier Ortiz Pérez

Fernando Mateo, alérgico a las redes sociales, es uno de esos ex jugadores muy difíciles de encontrar: cuando se retiró del baloncesto, no mantuvo contacto alguno ni como entrenador ni como directivo ni tampoco jugando ‘pachangas’ de veteranos. Tenía 31 años, estaba en L’Hospitalet en Segunda y decidió cambiar su vida por completo: “Abrí con mi mujer una tienda de muebles en Barcelona y nos fue como un tiro. Teníamos muchísimo trabajo y me fue imposible. El horario comercial me impedía hacer cualquier cosa”.  Eso sí, que nadie piense que terminó asqueado del mundo de la canasta, como sucede a veces: “Fueron unos años estupendos. Y sigo viendo mucho baloncesto por televisión. Bueno, en realidad veo todos los deportes”.

 

Mateo no protagonizó un carrerón, pero sí que vivió momentos interesantes, sobre todo en el segundo escalón del basket español. Sí le cabe el orgullo de poder decir que debutó en la máxima categoría con el Real Madrid en la temporada 86-87. Nacido en la capital de España, había llegado a la cantera blanca muy joven, después de ser captado desde el colegio Amorós, que fue donde empezó a jugar. 

En pleno Carabanchel aprendió mucho y fue desarrollando un perfil atípico para la época: el de un interior bastante grande (2,04) y con buena mano, aunque quizás le fallase algo el aspecto atlético.

Luchando por el balón con el Melilla 96-97.

En el Madrid no se pudo hacer hueco en la primera plantilla (“con los hermanos Martín, Romay y Brad Branson era imposible”) y empezó la aventura del profesionalismo en Ten Sur de Primera B (88-89), desde donde pudo regresar a la ACB con el Cajacanarias (89-90). “No terminé de estar contento porque quería jugar más, pero al menos conocí allí a mi mujer”, comenta.

Sus talentos eran perfectos más bien para el segundo escalón, donde solo se permitía a un extranjero por equipo. Fue muy importante tanto en el Badajoz (90-91) como en el Melilla (91-92), lo que le volvió a abrir las puertas de la actualmente denominada Liga Endesa nada menos que en el Unicaja Mayoral en el primer año tras la fusión (92-93). Sin embargo, volvió a toparse con la falta de minutos. “Con los pívots americanos resultaba muy difícil”, asume. Por delante tenía nada menos que a Mike Ansley y Tony Massenburg.

Todavía le quedaba ‘guerra’ en el baloncesto en competiciones muy diversas: Segunda y EBA con el Montcada, tres partidos más ACB en el Coren Orense 94-95, otra etapa en Melilla primero en EBA y luego en LEB, una breve experiencia portuguesa en el Figueirense

Su destino fijo estaba tarde o temprano por cuestiones familiares en Cataluña, donde volvió a la LEB con el Viajes Aliguer de Pineda (“pasamos de ser últimos a jugar los ‘playoffs’) y de nuevo Montcada en EBA. “Por último en L’Hospitalet en Segunda ya no tenía muchas ganas de jugar. Me pegaban mucho porque los rivales sabían que había jugado en ACB”, cuenta entre risas. Entre Madrid, Canarias, Málaga y Ourense fueron 46 partidos (2,4 puntos y 1,9 rebotes en 11 minutos). Esa palidez en los números contrasta con lo importante que fue en Primera B/LEB.  Basta con citar los 14,4 puntos y 5,4 rebotes en el Melilla 96-97 estando en pista casi 30 minutos.

A él le parece que ha pasado todo muy rápido desde su retirada. “Han pasado 20 años y no me he enterado”,  comenta.  El negocio en Ecomuebles (así se llama la tienda) sigue funcionando bien, aunque sea bajo el formato tradicional alejado de las grandes multinacionales del ramo. “Lo barato, si no tienes un montador bueno, es difícil que te quede bien”, advierte. Palabra de pívot.

CONOCE MÁS HISTORIAS DE JUGADORES DE LA MANO DE JAVIER ORTIZ

En la actualidad, en su tienda de muebles.