Joel Freeland: Emergente en Gran Canaria y Málaga, a la baja desde entonces

Joel Freeland: Emergente en Gran Canaria y Málaga, a la baja desde entonces

Javier Ortiz Pérez

El próximo 7 de febrero cumplirá 32 años y no ha habido ningún anuncio oficial al respecto, pero… ¿se puede especular con que Joel Freeland se ha retirado? Desde luego, la temporada pasada la pasó en blanco y en esta, al menos por ahora, tampoco ha encontrado equipo todavía. Se habló hace unos meses sobre que había sido ofrecido en España (particularmente al Real Madrid), pero nada más se supo sobre él.

Y eso que durante una época fue el ‘jugador de moda’ en la Liga Endesa, rayando a un muy buen nivel tanto en el Gran Canaria como en el Unicaja. Como suele pasar, eso le abrió las puertas de la NBA. Y como también ocurre a veces, estar en Estados Unidos sin apenas jugar puede atrofiar la progresión de un jugador que, pese a sus actuaciones tanto en el CID como en el Carpena, todavía tenía mucho que aprender cuando se marchó.

Jugando el Circuito sub-20 con el Gran Canaria.

Freeland fue uno de esos fichajes deslumbrantes que hacen de vez en cuando en Las Palmas de Gran Canaria. Le vieron en la selección británica sub-18 en un torneo internacional y apostaron por él para el equipo EBA, un sitio donde se fue puliendo hasta llegar a la máxima categoría con los amarillos en la temporada 2006-07. Al principio lo hizo como pívot de  rotación, pero su estupenda 2008-09 acabó con el Unicaja llevándoselo como jugador importante ya. A su altura (2,09) unía muy buenos fundamentos ofensivos.

Solo tenía 22 años y todo un futuro por delante para convertirse en uno de los grandes interiores de la competición. En tres años en Málaga (firmó cinco), el mejor fue probablemente el segundo, cuando firmó 13,2 puntos y 6,2 rebotes, unos números importantes cuando apenas pasaba la mitad del partido sobre la pista. Eso sí: fue protagonista involuntario de un lamentable incidente cuando su novia se peleó con aficionados del propio Unicaja que le estaban criticando en el transcurso de un partido.

La NBA se había fijado en él hacía tiempo: en el 2006, los Blazers le escogieron en el puesto 30 de la primera ronda, nada menos. Tuvieron la paciencia de esperar seis años para pagar 1,5 millones al Unicaja para llevárselo y a él 9 millones de dólares en total. 

¿Por qué lo hicieron? Seguramente en Portland también acabaron arrepintiéndose. En tres temporadas de entradas y salidas en la liga de desarrollo, y seguro que muchas charlas de banquillo con Víctor Claver, acumuló 151 encuentros, pero solo 3,2 puntos y 3,4 rebotes en 12 minutos. Pocas veces estuvo en pista cuando importaba de verdad. 

“Hay que correr mucho, hacer buenos bloqueos y coger rebotes. Ese es mi trabajo allí”, decía en verano de 2013 en Las Palmas, adonde había acudido para preparar la siguiente campaña.

Tres años estupendos en el Unicaja.

En 2015 todavía conservaba prestigio en Europa y regresó, firmando otro gran contrato con el CSKA. Pero ya no era el jugador decidido y talentoso en las zonas que había enamorado a todos en Málaga, sino más bien un complemento correcto, al menos en su primera temporada en Moscú, saldada, eso sí, con el título de la Euroliga. En la segunda, arrastrando contantes problemas físicos, tuvo un papel incluso menor.

No ha vuelto a jugar desde mayo de 2017 y su carrera se ha convertido en una incógnita mayúscula. Quizás no tenga la suficiente fuerza para recuperarse del todo o quizás lo haga, porque con su edad todavía le puede quedar buen baloncesto en las manos. El caso es que el jugador que tanto gustó en España (9,9 puntos y 4,9 rebotes en 20 minutos, 179 partidos en total) no ha vuelto nunca del todo. Sí ha mantenido su cariño por Canarias, adonde ha seguido regresando de vacaciones y también para organizar algún campus para jóvenes jugadores.

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Con el CSKA, que es por ahora su último equipo.