Serhiy Lishchuk: El ‘tractor ucraniano’ que se considera un valenciano más

Serhiy Lishchuk: El ‘tractor ucraniano’ que se considera un valenciano más
Saludando en una reciente visita a la Fonteta.

Javier Ortiz Pérez

Pocos jugadores extranjeros tan queridos en el Valencia Basket como Serhiy Lishchuk, ‘el Tractor ucraniano’ que pasó más años vistiendo de naranja que en cualquier otro club de su carrera. El recuerdo lo tenemos reciente: un interior comprometido, fajador, poco estilista pero sí listo para el juego y que, por descontado, no rehuía nunca el choque con el adversario. El tipo de profesional que conecta enseguida con la grada.

Primera temporada en Valencia.

En ‘La Fonteta’ fue especialmente apreciado, viviendo todo tipo de situaciones desde 2009 a 2015. Ganó dos Eurocups (2009 y 2014) y se labró un prestigio indiscutible, aunque sus números no fuesen nunca especialmente llamativos. Pero lo que él daba en la pista no lo podía medir una planilla.

Dotado de un físico espectacular, aún así choca el hecho de que solo pasasen dos años desde que empezó a jugar en su localidad natal, Rivne, hasta que llegó al primer equipo del Rovno. Solo tenía 14 y es fácil imaginarle ‘pegándose’ ya con los mayores. Era su juego. En el Khimik y el Mariupol, otros dos equipos ucranianos, acumuló títulos individuales y colectivos y fue cogiendo una fama de jugador fiable que le hizo incluso ser incluido en la segunda ronda del ‘draft’ de 2004 por los Memphis Grizzlies, con los que llegaría a disputar una liga de verano tres años después.

Pero su destino estaba en Valencia, adonde llegó en 2009 como sustituto de Ermal Kuqo para hacer lo que hiciese falta. Incluso para ser padre de la pequeña Anastasia en 2011. Algunos años fueron complicados, batallando con problemas físicos, pero también se produjeron la alegría de los dos títulos europeos, el segundo bastante especial para él porque salía de una lesión. Se convirtió en el sexto jugador con más partidos en la historia del club solo superado por un quinteto de históricos como Víctor Luengo, Rafa Martínez, Nacho Rodilla, Berni Álvarez y Bernard Hopkins.

“Soy ucraniano pero también soy valenciano. Tengo un sentimiento muy fuerte porque aquí se me ha tratado muy bien y se me dio la oportunidad de ser muy feliz jugando al baloncesto”, comentó recientemente en una de sus visitas a la ciudad del Turia, ya retirado y como presidente del Rovno, el equipo en el que empezó. 

No es de extrañar que también haya confesado que cuando hace poco más de un año el Valencia Basket ganó la final de la Liga Endesa al Real Madrid rompió a llorar en Ucrania. Las mismas lágrimas que le asomaron el día que se despidió de Valencia: “Ha llegado el momento en que hemos dicho que había que parar y es bueno dejarlo en un momento en el que estás a tope. No quiero que digan que me quedo y no estoy a tope. Es un muy buen momento para salir (...). Ganamos trofeos, tuvimos partidos grandes, también tuvimos partidos malos pero solo voy a recordar los momentos buenos para el club, para mí, para mi familia y para el club. He sido muy feliz”, acertó a decir aquel día este hombre que tiene expuesta en grande en su casa la foto de celebración de la Eurocup 2014, con él envuelto en una ‘senyera’ valenciana. Aquí un vídeo con él de protagonista que tocará el corazón de los ‘taronjas’.

Celebrando la Eurocup de 2014 (Foto: Francisco Calabuig / Superdeporte / Exposición 30 aniversario Valencia Basket).

Probablemente el último año de su carrera profesional sobró. Fotis Katsikaris, que le conocía de Valencia, pensó que todavía podía hacer un buen servicio en Murcia, pero su cuerpo ya no respondía. Acabó en 2016 una serie de 203 partidos en la Liga Endesa con promedios de 6,9 puntos y 3,3 rebotes en 20 minutos. Es llamativo de sus números de triples que siguiese la tendencia contraria a la habitual en los pívots: lanzó mucho más en su primera temporada (51) que en las seis siguientes juntas (30).

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