Ferran Laviña: De junior anónimo a jugar 403 partidos en la élite

Ferran Laviña: De junior anónimo a jugar 403 partidos en la élite

Javier Ortiz Pérez

No se ha escuchado mucho el nombre de Ferran Laviña desde que se retiró a finales de la temporada 2013-14. Anda metido en el negocio familiar e intentando terminar su carrera de Arquitectura, mientras que a nivel baloncestístico está en el Cornellà (Liga EBA) como coordinador técnico. “No me apetecía la dinámica del día a día y sí asesorar a los entrenadores, intentando ayudar con mi experiencia. Después de tres años bastante desconectado, era una lástima no aprovechar lo que he aprendido tanto tiempo en las pistas. Me permite dedicarle las pocas horas que tengo”, comenta.

En un acto público con el Cornellà, donde es coordinador técnico.

Su carrera (“la miro con alegría y con orgullo porque ni me planteaba poder dedicarme profesionalmente al baloncesto”) tiene trazas como mínimo llamativas. “Tengo todavía una carta del Barcelona de fútbol invitándome a hacer una prueba. La cambiaron porque aquel día llovió mucho y ya no llegué a hacerla porque en la nueva fecha que pusieron montaron al mismo tiempo un partido de basket para que yo me quedase. ¿Quién lo montó? El que hoy en día es mi suegro…”, suelta. Fue también decisiva la influencia de su hermana, Mariona Laviña, que llegó a ser capitana del Universitari y a la que siempre quiso homenajear llevando su mismo número 8.

En 1999 con el Manresa.

Estaba en el colegio Les Corts, en su barrio de Barcelona, y llegó a ir con la selección catalana de minibasket, pero su progresión se paró durante los siguientes años. “Me quedé pequeño y apenas crecí hasta la época de junior. Todo el mundo hablaba bien de mí, pero físicamente no podía competir. No conseguí entrar tampoco en el Joventut y acabé en L’Hospitalet. Fueron años durillos porque varias veces mi nombre estuvo el primero de la lista para salir del equipo. Era pequeño, redondito, poco desarrollado físicamente, aunque eso me ayudó a aprender a sufrir para llegar al nivel de los demás. Era el que más trabajaba. Cuando llegué a junior, ni siquiera empecé en el equipo ‘A’ y tuve medio pie fuera del club, pero pegué un estirón y gané mucho cuerpo. Acabé jugando más de 80 partidos en una temporada, incluso con el equipo senior, que estaba en Segunda Nacional. Fui uno de los más destacados en el Campeonato de España junior y entre la oferta del filial del Barça y la de Manresa me gustó más esta última. Salva Maldonado me había visto”.

Después de dos temporadas en el Nou Congost con el equipo vinculado y entrenando en ocasiones con la primera plantilla, acabó cedido en el Gijón, en la LEB, que fue justo el año en el que el TDK Manresa ganó la Liga (97-98). “Estuvo bien para mí jugar muchos minutos y volví para compartir los minutos con Román Montañez como suplentes de ‘Chichi’ Creus en el puesto de base. La siguiente temporada empecé a jugar más de escolta aprovechando que Pere Capdevila estaba lesionado. Convencí así a Manel Comas, que había cogido el equipo. Xavi Rodríguez siguió confiando en mí, aunque bajamos. En LEB me quedé como jugador importante y subimos al segundo año de nuevo con Ricard Casas como entrenador”, apunta.

Ahí despegó su carrera. Estuvo cinco años más en Manresa, terminando con otro descenso en el último partido de la 2005-06. “Con 29 años hice una reflexión de irme de allí que quizás no se entendió. Me sabe mal no haberlo gestionado bien. Nos interesaba a todos porque económicamente no tenía sentido el contrato que teníamos para la LEB y por mi parte el Joventut me ofrecía tres años con un equipo joven y con mucho talento. Fueron muy buenos tiempos a nivel personal y de club con la Copa y la ULEB Cup, aunque me costase la adaptación al principio”.

Joventut (2006-09). 

De Badalona a Fuenlabrada en verano del 2009. “La primera y única vez que he jugado fuera de casa. El primer año fue muy duro porque yo estaba descolocado y el equipo no funcionaba. Cuando vino Salva Maldonado la situación se estabilizó un poco. Hubo algunas dudas sobre si continuaría, pero lo hice y todo fue fenomenal en el segundo año, yendo a la Copa y jugando el ‘playoff’ con mucha dignidad. Firmé un tercer año en el que hubo algunos problemas y terminamos muy justos, aunque también fuimos a la Copa”.

Su salida de la localidad madrileña al final de la 2011-12 la ve “como una nebulosa”. “Todos me dijeron que querían que continuase y llegó a hablarse de una oferta, pero no fue así y me quedé sin equipo casi con la temporada empezada”, lamenta. 

Acabó de nuevo en Manresa como sustituto para diez días de Javi Rodríguez. “Me quedé algo más de tiempo porque creo que mi llegada ayudó al equipo. Cuando me dijeron que no seguiría después de haber prometido renovarme hasta final de temporada pensé que estaba cansado del baloncesto. La cadera me empezaba a molestar mucho. Volví a fichar allí tras otra racha de lesiones y quizás debí decir que no. Mentalmente tampoco estaba y terminé aquella temporada por compromiso”. Fue el fin a 403 partidos en la Liga Endesa (6,3 puntos en 20 minutos).

El Barcelona le llamó entonces para que aportase experiencia a su filial. “Era también un proyecto diferente y  buscaba también me ayudasen con el tema de la lesión. Tenía claro que no continuaría jugando después”, apostilla. No está mal para aquel chico que no destacaba en L’Hospitalet…

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Fuenlabrada (2009-12).