Fotios Lampropoulos: Espíritu griego, desarrollo pleno en Tenerife

Fotios Lampropoulos: Espíritu griego, desarrollo pleno en Tenerife

Javier Ortiz Pérez

Si se mira su cara y su forma de jugar, Fotios Lampropoulos tiene muy difícil negar que es griego. Esas facciones helenas se complementan con un baloncesto muy activo, muy entregado. Y, pese a todo ello, donde se ha desarrollado en la pista ha sido fundamentalmente en España, donde llegó a ser un jugador muy apreciado en el Iberostar Tenerife.

En los últimos años, desde que se marchó de la isla en el 2015, le tenemos un poco perdida la pista, pero todavía sigue jugando, con 35 años. Y en desafíos como mínimo ‘diferentes’ para alguien de sus orígenes: emigró a Argentina (Ferro Carril Oeste y Boca Juniors) y también ha echado últimamente una mano en Venezuela, con los Guaqueríes de Margarita.

Larga estancia en el Iberostar Tenerife 

Su historia es poco común, desde luego. “Comencé desde pequeño en mi ciudad, en Patras (Grecia), cuando tenía 12 años. Y después de mi trabajo en juveniles, cerca de los 20 ó 21 años me fui a España. Allí me quedé y estuve bien, porque la manera de jugar encajaba conmigo, me enganché (...). Al principio jugaba por diversión, pero después entendí que lo quería de manera profesional, y empecé a trabajar más, a dedicarle más horas adentro de la cancha. Me gustó, me fui solo fuera de mi país y me entusiasmé. Siempre luché para tener seguro mi trabajo, más allá de que a veces te gusten las cosas un poco más que otras”, contó en una entrevista en Argentina. Sí. Su primer equipo aquí fue uno en EBA, el Mataró, allá por la 2003-04. En esa categoría siguió jugando la siguiente campaña con el filial del Gran Canaria, cuyo primer equipo llegó a debutar (siete partidos, 25 minutos y 8 puntos).

Se veía que era alguien llamado a cotas más altas que la EBA. Le fichó el Tarragona para la LEB Oro, en la que permanecería cinco temporadas entre L’Hospitalet y el CB Canarias (actual Iberostar Tenerife), con el que lograría el ascenso a la Liga Endesa en 2012. El club aurinegro confió en él para un sitio en la rotación y pasaría tres años más en la máxima categoría siendo uno de los favoritos de la afición. Contando los siete encuentros con el Gran Canaria, totalizó en la Liga Endesa 78, promediando 7,1 puntos y 3,4 rebotes en 18 minutos. La garra, el pundonor y un alto conocimiento del juego le caracterizaban. Supo además recuperarse de una grave lesión que le dejó casi en blanco en la 2013-14.

Su regreso en 2015 a su país, vistiendo las camisetas del SEFA Arkadikos y del equipo de su Patras natal, no fue precisamente un acierto. “Se dio un momento en que quería volver a Grecia porque no había jugado nunca la liga de allá. Lo hice durante dos años y medio y salió mal, porque caí en un lugar donde no me pagaban. Trabajé todo el año para no cobrar casi nada”, comenta.

Con el Boca Juniors.

La aventura al otro lado del Atlántico parece haberle reconciliado con el baloncesto. “Estaba en Grecia y había terminado la liga, y salió la oferta, conocía a algunos jugadores de Argentina, les pregunté un poco como era, entendía el idioma y no encontré mayores problemas. (...) Es una Liga que tiene muchos más partidos que en Europa, con buenos jugadores, tanto nacionales como extranjeros. Hay diferencia con otras de Europa, pero es de muy buen nivel (...).Buenos Aires es enorme y tiene de todo, y en Europa hay ciudades más chicas. Hay diferencias, desde las comidas hasta las costumbres. Pero en líneas generales no tuve problemas para adaptarme”.

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