Alex Mumbrú: Clásico moderno en la pista… y entrenador novato

Alex Mumbrú: Clásico moderno en la pista… y entrenador novato

Javier Ortiz Pérez

Uno de los jugadores contemporáneos más importantes del baloncesto español vive estas últimas semanas un momento de cambio: Alex Mumbrú acaba de dejar las pistas para convertirse en el entrenador del mismo equipo que le ha acogido en las últimas nueve temporadas, el Bilbao Basket. A los ‘hombres de negro’ intentará retornarles a la Liga Endesa después de un crudo descenso. 

Muy joven en  el Joventut.

“Nadie sabe cuál es la transición perfecta. Por ejemplo, Zeljko Obradovic saltó en un día y a otros no les ha salido del todo bien. Cada uno tiene que tomar la decisión que mejor crea.  Para mí, no fue retirarme y pensar en ser entrenador. Llevaba unos años preparándome, apuntándome en mi libreta lo que podía hacer y lo que no, aunque sin cuestionar lo que hacían los jefes”, comenta. Lo hace entre vídeo y vídeo de muchos que hasta hace poco han sido compañeros y rivales. “Un porcentaje muy importante de cómo va a ir el año depende de cómo lo hagas durante el verano. Estoy intentando conocer mejor la competición en muchos aspectos y eso es lo que más me preocupa a día de hoy”, recalca.

Midiendo 2,02, actuó sobre todo como alero alto a lo largo de su larga trayectoria, aunque en los últimos tiempos también se adaptó al rol de ‘4’ abierto. Tenía una muñeca afinada y le gustaba el choque, pero sobre todo destacó una enorme capacidad de liderazgo que pocos pueden discutir.

La suya es una carrera indudablemente brillante, muy fiel a las pocas camisetas que ha vestido: solamente las de tres clubs profesionales (Joventut, Real Madrid y Bilbao), totalizando 677 partidos en la máxima categoría, 7.435 puntos y 16.931 minutos. Casi nada. Su currículum también es estupendo en la selección española, en la que se convirtió en un complemento perfecto en el puesto de ‘3’ para los ‘Juniors de Oro’, respecto a los que es un año mayor (nacido en 1979).

Criado en Nou Barris, una zona al norte de Barcelona, empezó en el baloncesto por su padre. “Él iba a jugar con los veteranos y un verano me apuntó a un campus. De ahí empecé en un club llamado SESE y después llegué al Joventut. Me lo empecé tomando como un juego, pero todo lo que hago en mi vida intento que salga lo mejor posible. Me iba poniendo retos y metas en todo lo que hacía. Me di cuenta de que era lo que me gustaba. No era el mejor ni tenía ningún talento oculto. Había mucha gente con más calidad que yo, pero confiaba en algún día poder hacerlo bien”, recuerda.

En la final del Mundial de Japón. 

Su debut oficial en la jornada inaugural de la temporada 97-98 de la mano de Alfred Julbe no fue el tópico, y menos para un chico de apenas 18 años: disputó 17 minutos ante el Valvi Girona. “Ya había jugado algún amistoso en pretemporada, pero aquello fue serio. Teníamos un buen equipo con Andre Turner y Andy Toolson entre otros. Fue este último quien metió el triple para ganar. Ayudé con una canastita, aunque la verdad es que no recuerdo cómo fue. El que más había apostado por mí para llegar hasta ahí fue Miquel Nolis. De repente me vi en el primer equipo”, comenta.

Dos etapas en el Real Madrid.

Solamente disputó dos partidos más aquella campaña y cuatro en la siguiente. El empujón se lo dio Manel Comas del 2000 al 2002. “Tuve muchos minutos con él. Pasaron muchas cosas en dos años. Trabajar dio sus frutos y todo fue muy rápido”, explica. Le fichó el Real Madrid, pero en aquella primera etapa de blanco no consiguió asentarse. “No era el mejor momento de la sección y cuando eres joven te cuesta más sobreponerte a los problemas. Me dejé llevar, aunque individualmente lo hice bien. El equipo no y eso fue lo que importó”, asume.

Acertó regresando a Badalona, donde Aíto García Reneses había cogido el banquillo para impulsar a jóvenes como Ricky Rubio y Rudy Fernández: “Creí que me iba a ayudar mucho entrenar con Aíto y así fue. El ‘click’ como jugador lo di con él”.

Así fue como se le volvieron a abrir las puertas de un Madrid en el que estuvo otros tres años (2006-09): “Fue mucho mejor y ganamos títulos, pero creyeron que había acabado un ciclo”. A esas alturas ya era un fijo en la selección nacional, con aquella mítica noche de Saitama como momento culminante. Su tono de voz cambia cuando lo revive: “Ser campeones del mundo fue mi mejor momento como jugador, por encima de las platas olímpicas y ser campeones de Europa, aunque también sea algo increíble. Éramos un grupo que lo pasábamos bien”.

Tras salir por segunda vez del Madrid desembarcó en el ‘Botxo’,  un amor que dura hasta nuestros días. “En Bilbao me eligieron para crecer juntos y así fue. Ha sido el equipo de mi vida. Hemos jugado finales que nadie pensaba y también ha habido momentos muy malos, pero eso te une mucho más a un club y a una ciudad. En todo este tiempo hubo opciones de salir, pero cuando estás bien en un sitio es mejor moverse. Tienes que devolver la confianza que han puesto en ti. Hay una gran comunión entre el jugador y el aficionado”.

¿Qué será de él como entrenador? De momento, y por lógica, se le sitúa como uno de los favoritos en la LEB Oro. Experiencia en el parquet no le faltará. Ni tampoco humildad. “Mi juego dependía mucho de mi cabeza porque físicamente ni era el que mejor tiraba ni era el más rápido ni el más alto”. Lo dice el sexto en minutos y noveno en anotación en la historia de la Liga Endesa…

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‘Manteado’ en Bilbao en su despedida.