Sarunas Jasikevicius: ‘Saras’, el ganador lituano por antonomasia

Sarunas Jasikevicius: ‘Saras’, el ganador lituano por antonomasia

Javier Ortiz Pérez

Sí, todos sabemos que Sarunas Jasikevicius terminará algún día entrenando al Barcelona. No será esta temporada, después de coquetear, por segundo verano consecutivo, con la posibilidad de regresar a un club azulgrana que considera su casa. Fue en el Barça donde se dio a conocer para el gran público, teniendo una segunda etapa con un papel totalmente distinto unos años después.

Lo llamativo es que su carrera como entrenador, que empezó precipitadamente en enero del 2016 sustituyendo de forma provisional a Gintaras Krapikas, ha florecido de forma casi mágica, llevando al Zalgiris a ser el ‘equipo revelación’ de la última Euroliga (incluso lo metió en la Final Four) y practicando un baloncesto de muchos kilates. 

En los jugadores de verde se puede observar a menudo las dos principales características que tenía ‘Saras’ en la pista: una profunda y atinada lectura del baloncesto y un enorme espíritu. Los resultados están ahí, aunque de momento el banquillo del Barça tendrá que esperar. O quizás no le llegue nunca: a principios de junio hasta se publicó que hasta la NBA se había interesado por él, siendo entrevistado por los Toronto Raptors para el puesto de técnico jefe.

Aunque nacido en Kaunas, resulta curioso que en su crecimiento como baloncestista Lituania no ejerciese un papel fundamental. Siendo un adolescente se marchó a Estados Unidos, primero para jugar en ‘high school’ y después para hacerlo en la universidad de Maryland. Su buena ‘mano’ le llevaba a jugar más de escolta que de base, la que sería la posición que le caracterizaría en el futuro.

Primera y exitosa etapa en Barcelona. 

No llamó la atención de la NBA... todavía. A su regreso a Europa, en 1998, lo hizo en el ‘eterno rival’ del Zalgiris, el Lietuvos Rytas, donde solo estaría un año antes de incorporarse al Olimpia de Ljubljiana. El Barcelona apostó por él y fueron tres temporadas (2000-01, 2001-02 y 2002-03) en las que lo ganó todo con un juego agresivo, lleno de liderazgo y tiros decisivos. Su reconversión definitiva a ser ‘1’ la acometió Aíto García Reneses, con quien aprendió mucho, como suele destacar.

Fue un error dejarle marchar, pero la oferta del Maccabi era demasiado poderosa. En Tel Aviv ganó dos Euroligas más a las que sumar la de 2003, gozando entonces de más protagonismo en la anotación del que podía tener en el Barça, cuando tenía que compartir el balón con jugadores como Navarro o Bodiroga.

Entonces llegó la llamada de Estados Unidos, el gran borrón de su carrera. Siempre se ha dicho que a los bases europeos les cuesta especialmente adaptarse a la NBA: se juega a otro ritmo, con otros códigos, y hay más exigencia física que en Europa. 

Una mezcla de todo llevó a Jasikevicius a la intrascendencia, pese a que los dos equipos para los que jugó habían apostado claramente por él. Primero fue en los Indiana Pacers y después en los Golden State Warriors de un gran amigo del baloncesto lituano, Don Nelson. En 138 partidos en tres temporadas (18 como titular) no pasó de los 6,8 puntos en 18,3 minutos. Quizás puedan parecer números simplemente discreto, pero lo cierto es que nunca se le vio a gusto allí y a poco que pudo se resignó a regresar a su ‘reino’: Europa.

En el Panathinaikos le dio para ganar su cuarta Euroliga en la segunda de las tres temporadas en las que jugó para Zeljko Obradovic, otro del que tomó nota en su inconsciente aprendizaje como entrenador. A nivel local no dejó escapar un solo título: tres ligas y tres copas. Eso sí: la decadencia estaba ya empezando a llamar a la puerta. Los galones empezaron a reducirse tanto en el Lietuvos como en el Fenerbahce, así como en una segunda etapa en el OAKA, llegando ya como un mero ‘dinamitador de partidos’ al Barça de la 2012-13. Ya tenía 35 años.

La derrota en la final de la Liga Endesa en el quinto partido ante el Real Madrid supuso su final en España, donde jugó un total de 151 partidos ligueros con 12,1 puntos y 3,6 asistencias en 22 minutos. 

Especialmente bueno ese 43%  en triples, su arma más afilada, por mucho que en el 2000 (es obligado recordarlo) fallase uno que hubiese eliminado a Estados Unidos en la semifinal de los Juegos Olímpicos. Eso sí: cuatro años después se redimió en Atenas clavándole 28 puntos a los americanos.

Después del Barcelona tuvo un último año en las pistas debutando (sí, verídico) en el Zalgiris. Fue claramente una transición dentro su paso a los banquillos. Su filosofía es sencilla, pero contundente: “Lo principal es el trabajo diario, fichar bien y tener una idea. Hemos ido mejorando año a año y ahora tenemos a muchos jugadores a gusto con el sistema. Me gusta jugar rápido y abierto, pero lo principal es saber adaptarte a lo que tienes”, comentaba en una reciente entrevista en El País

Gris paso por la NBA.

En ella decía que ya no se sentía jugador: “Me retiré en 2014, pero siento que ha pasado ya mucho. Hace tiempo que me veía de entrenador. Siempre me ha gustado estudiar el baloncesto, aconsejar a mis compañeros y ver cómo podía contribuir a hacer mejor al equipo”

Dentro de las numerosas anécdotas de su carrera, hay una muy buena que se remonta incluso a antes de su nacimiento. Su madre es una exjugadora llamada Rita Jasikeviciene que cuenta que en 1975, cuando estaba embarazada, el seleccionador soviético, Igor Turcin, le sugirió que abortase para poder llamarla para los Juegos de Montreal. 

“Turcin es el único hombre del que he tenido miedo. Si le ordenaba algo a una jugadora de balonmano, ella lo hacía sin preguntar. También las mujeres embarazadas le obedecían. Hubo más de una historia así y a mí nunca me perdonó que no abortase y fuese a los Juegos Olímpicos. Luego seguí mi carrera y fui mucho mejor jugadora, pero no podía volver a la selección”, afirma, para añadir: “Yo bromeaba y le decía al pequeño Sarunas que 'me debes unos Juegos Olímpicos' y cuando fue suficientemente mayor, nos compró a mí y a su padre billetes para los Juegos de Sidney”. Rita asegura que la imagen pública de Jasikevicius cambia mucho en el entorno familiar: “parece muy agresivo en la pista pero con nosotros es muy amable y tranquilo y nos ha comprado muchas, muchas cosas: recuerdo que cuando ganó su primer sueldo, por el oro del Europeo Junior de 1994, entró en casa y subió las escaleras gritando 'mamá, ven aquí, tenemos que compartirlo'”.

Vehemencia como entrenador en la actualidad.

Genio y figura, sí: “Siempre estuve en buenos equipos y soy el primero que entiende que este es un deporte colectivo. La clave es saber ser amigos, llevarse bien fuera de la pista… Yo siempre intenté pensar en el grupo y liderar al equipo dentro y fuera de la pista para que todos fuéramos en la misma dirección. Después, si juegas con pasión siempre llegas a la gente”.

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