Patrick Ewing Jr.: El hijo de un mito pasó por Valladolid hace cinco años

Patrick Ewing Jr.: El hijo de un mito pasó por Valladolid hace cinco años

Javier Ortiz Pérez

Un millón de veces se ha comentado que debe ser muy difícil ser el hijo de una leyenda y dedicarse a lo mismo, casi siempre con menos éxito. Pero Patrick Ewing jr. pareció llevarlo muy bien en Valladolid, donde jugó a principios del 2013 durante unos pocos meses sin hacer mucho ruido, al menos en lo deportivo, porque en lo personal siempre se mostró dispuesto a una sonrisa y a comentar que no hubo nada traumático en tener un padre como el ex componente de los Knicks y del genuino ‘Dream Team’. Todo lo contrario.

Con la camiseta de los Knicks de su padre.

Ewing tenía ya ocho años cuando su padre formó parte del mejor equipo del baloncesto en los Juegos Olímpicos de 1992. De hecho, ya había nacido cuando fue número uno del ‘draft’ de 1985, escogido por el equipo de Nueva York, donde pasó la mayor parte de su carrera. El hijo llevó a vestir la misma camiseta, pero solamente durante un par de pretemporadas, siendo cortado antes del arranque oficial. Su único equipo NBA fueron los New Orleans Hornets, siete testimoniales partidos en la 2009-10 (0,4 puntos en 2,7 minutos...).

Hubo algún paralelismo más entre ambos: pasaron por la universidad de Georgetown (lógicamente, con menor impacto), donde fueron entrenados por George Thompson... padre e hijo, respectivamente. Allí el joven Ewing portó el número 33, el mismo que su progenitor, y durante el resto de su carrera trató de escoger el 6, el que había llevado papá en Barcelona-92. Pero claro, las diferencias eran más evidentes: uno un pívot dominante y el otro un alero resultón, que hacía un poco de todo, pero poco más.

"Ser hijo de un mito nunca ha supuesto un peso. Para mí es una bendición y puedo decir orgulloso que nunca he conseguido nada gracias a mi apellido", contaba en Marca nada más aterrizar en España para reforzar al Blancos de Rueda Valladolid. Y dijo estar “acostumbrado” a las expectativas que levantaba: “Yo siempre intento jugar más duro y trabajar más, pero no por lo que piense la gente, sino para hacer mi propia carrera”

Añadía que hablaba todos los días con su padre, al que definía como uno de sus “mejores amigos. Me da consejos acerca del baloncesto y de la vida. El mejor es que sea una persona respetuosa dentro y fuera de la cancha. [Jugando] no me corregía demasiado cuando era pequeño. Sólo quería que me divirtiera”.

Su “propia carrera”, pese a colarse en el ‘draft’ 2008 (número 43 por Sacramento Kings) no consiguió trascender demasiado de la liga de desarrollo, donde sí tuvo temporadas de casi 20 puntos por partido. Internacionalmente, antes de Valladolid había estado unos pocos meses en el Telekom Bonn antes de ser cortado y posteriormente probó con algo más de suerte en un par de modestos griegos (Trikala Aries y Nea Kiffisia). Su último equipo fue el Al Rayyan catarí en 2015. También ha disputado un par de Centrobasket con el país de origen de su padre, Jamaica, pese a que él es nacido en Estados Unidos.

Su aportación en Pucela no fue nada relevante. Firmó por un mes y renovó por un segundo, pero no llegó a un acuerdo para completar la temporada. En nueve partidos promedió 4,3 puntos y 1,3 rebotes en 10 minutos en pista, mostrándose más atinado en los triples (43%) que en los tiros de dos (37%).

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Ante el Barcelona, en uno de sus nueve partidos en la Liga Endesa.