Gerald Fitch: Los puntos y turbulencias en Fuenlabrada y Málaga de un jugadorazo

Gerald Fitch: Los puntos y turbulencias en Fuenlabrada y Málaga de un jugadorazo

Javier Ortiz Pérez

No pasó de puntillas Gerald Fitch por España. Aquí estuvo tres temporadas, ninguna de ellas completa, dejando un reguero de puntos, pero también algunos momentos en los que demostró escasa disciplina. Ha sido siempre la dicotomía de un tipo que, tampoco es que lo dude nadie, fue un jugadorazo. Ahora ya tiene un pie en la retirada.

Fitch, de Georgia y forjado en Kentucky, era el típico anotador con mil recursos para encontrar el aro y al que el balón nunca le quemaba en las manos. Probablemente con su calidad tenía que haber jugado más tiempo en la NBA, pero no entró en el ‘draft’ porque estaba lesionado y se quedó únicamente en los 18 partidos que disputó con Miami Heat en la 2005-06 (4,7 puntos en 13,3 minutos). Eso ya ocurrió cuando había iniciado ya su carrera europea en el este, primero en la Cibona y luego en el Khimki.

Fueron tiempos difíciles. Cuenta Dani Barranquero en acb.com que en Zagreb su entrenador le criticó públicamente (“es individualista y no puede cambiar su carácter”), una antipatía que Fitch reconoce mutua. “A mí tampoco me gustaba él. Lo que menos, el baloncesto europeo, que no entendía. Suponía mi primer año lejos de Estados Unidos, hacía frío, estaba solo, no entendía a nadie y tenía muchas ganas de irme”

En Ucrania anotó más, pero tampoco se sintió a gusto. “Yo solo pensaba en la NBA, estaba obsesionado. No quería estar en Europa, que no me gustaba nada. Tenía presión por no estar en la NBA y no apreciaba lo que estaba viviendo. El basket europeo es una bendición, me di cuenta luego, aunque entonces no lo valoraba. Solo quería ser NBA y me daba igual el resto”, explica.

El sueño NBA en Miami como tercer base tras Jason Williams y Gary Payton (“jugadores míticos, lo más impresionante de mi carrera”) duró poco. Fue enviado a los Rockets a cambio de Derek Anderson y en Houston no llegó a debutar: “¡Qué cambio más malo! La experiencia me pareció horrible. Pasé de un equipo lleno de alegría a uno en el que nadie estaba feliz. Parecía un funeral constante todo el tiempo”.

Fuenlabrada 2009-10.

Tras un paso por la liga de desarrollo, regresó al ‘Viejo Continente’ con la camiseta del Galatasaray. Italia (Cantú) y de nuevo Turquía (Antalya) fueron los pasos previos a su fichaje frustrado por el Baskonia para los ‘playoffs’ del 2009. Pero no llegó a debutar porque Pete Mickeal no consiguió el pasaporte búlgaro. 

Firmó entonces dos temporadas con el Fuenlabrada, donde tuvo un impacto inmediato. En la cuarta jornada anotó 41 puntos (44 de valoración) frente al Alicante, pero una lesión truncó una trayectoria que iba para ‘MVP’. Sus salidas nocturnas empezaron a hacerse demasiado visibles y llegó a publicarse que olvidó dónde había aparcado su coche en una de ellas. Su entrenador, Luis Guil, llegó a prescindir de él, pero el club le readmitió tras una multa de 40.000 euros...

Ninguno de los dos acabaría la temporada, pese a lo cual el jugador guarda buen recuerdo: “Me encantó Fuenlabrada. Quería a esos chicos: a mis compañeros y al técnico Luis Guil, al que siempre valoraré por lo que hizo por mí. Todo perfecto, me gustó. El problema es que por mi lesión tenía que operarme. Ellos me cortaron pero quería que me quedase, intentando ahorrar dinero. Me volví a lesionar y, después de eso, esperé un poco pero no se pudo cerrar el acuerdo y acabé regresando Turquía”.

En el modesto Aliaga Petkin solo duró dos meses, reclamado por el Unicaja ya iniciada la 2010-11. “Llegar al Unicaja es lo más importante que me ha pasado en mi carrera, la oportunidad de mi vida. Llamé a mi madre y le dije que había recibido un milagro”, aseguraba. Pero, como siempre, su etapa en Málaga tuvo luces y sombras: un primer ejercicio lleno de grandes actuaciones y, tras la renovación, su acierto se redujo drásticamente. De hecho, tampoco llegaría a completar la 2011-12, cerrando así 65 partidos en España con 14,6 puntos en 25 minutos de media.

Fue su último gran equipo, porque desde entonces ha pasado por Francia (Estrasburgo), Turquía (Mersin), China (Foshan), Puerto Rico (Piratas de Quebradilla), Venezuela (Marinos de Anzoátegui) y Argentina (San Lorenzo y Regatas, su último club este mismo año, de donde salió por “falta de adaptación”). Con 35 años quizás no vuelva a jugar. A Barranquero le contó que quería ser policía cuando se retirase (“¿qué mejor trabajo se puede tener?”). El recuerdo de su hermano asesinado cuando era muy joven no se le va de la cabeza.

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En el Regatas Corrientes, su último equipo.