Emilio Nicolau: Pívot comprometido que se recupera tras una mala racha

Emilio Nicolau: Pívot comprometido que se recupera tras una mala racha
En el Tau Castellón, su último equipo; en una imagen actual y con el Caja de Ronda (Foto: Nuevo Basket).

Javier Ortiz Pérez

Entre los años 70 y 80 Emilio Nicolau fue un tipo querido en los equipos en los que estuvo, casi siempre en estancias largas que varias veces se vieron premiadas con el ascenso de categoría. En la actual Liga Endesa totalizó cuatro campañas entre Caja de Ronda y Peñas Huesca, aunque anteriormente ya había militado en la Liga Nacional con el Real Madrid y el CN Helios Zaragoza, antes de la creación de la ACB.

Nicolau mide 1,98, pero su posición más habitual en sus años de baloncesto fue la de pívot. Su obligada reconversión a alero porque la llegada de los americanos le ocasionaba problemas en el choque también dio buenos frutos: era un jugador comprometido, de equipo, de esos que se adapta a todo lo que le piden.

Nacido en Castellón, su llegada al baloncesto fue meteórica: pasó prácticamente de jugar en el instituto de su ciudad natal a la selección española juvenil después de que fuese observado en una concentración nacional que tuvo lugar en Gijón. “De un momento a otro me vi jugando con Solozábal, Iturriaga o Romay. Allí me vio el Real Madrid y me incorporó para el equipo juvenil. Allí estuve cuatro años y fui varias veces convocado con los mayores, aunque como es fácil imaginar era difícil conseguir minutos”, cuenta. Se asomó a la selección que acudió a la Universiada y a la sub-23.

Con el Caja de Ronda (Foto: Nuevo Basket).

Su siguiente estación fue a orillas del Ebro, participando en el ascenso del antecesor del Club Baloncesto Zaragoza, el Helios, en su ascenso a la Liga Nacional. “También estuve cuatro años. Formamos un grupo muy bueno de gente”, destaca. La primera edición de la ACB, la 83-84, la vivió con la camiseta del Caja de Ronda malagueño. “Fue una buena época, aunque el segundo año bajásemos. Hasta llegué a jugar de escolta”, resume. A esas alturas era uno más de la legión de jugadores que entonces exhibía bigote, una rareza hoy en día.

La competitividad que demostraba le dio muchos minutos en un tiempo en el que las zonas se iban llenando de kilos procedentes de Estados Unidos. Así no fue raro que terminase en Huesca, donde durante los 80 tuvieron gran predilección por los pívots nacionales para hacer pareja con Granger Hall, dejando a Brian Jackson como ‘3’ con la otra plaza de americano. “Allí estaba muy bien, pero cuando llegó Iñaki Iriarte me dijo que no iba a contar mucho conmigo y opté por marcharme”, recuerda.

Nicolau participó entonces en que subiese el Juver Murcia en la 89-90 venciendo en un polémico ‘playoff’ ante el Obradoiro por el ‘caso Esteban Pérez’. Fue uno de los nacionales más destacados de aquella Primera B tan potente, pero él no llegó a regresar a la ACB al decidir darle un giro a su vida y regresar a Castellón, renunciando a la oferta de renovación que recibió. 

“Me uní a una cadena de tiendas de deporte llamada ‘Corre, corre’, lo que me obligaba a jugar al baloncesto a menor nivel por todo lo que conllevaba su gestión. Llegué a mantener ocho establecimientos al mismo tiempo y durante años todo fue muy bien”, apunta. Siguió jugando, pero en Segunda Nacional con el Taugrés... de Castellón, un equipo patrocinado por el mismo celebérrimo patrocinador que tenía por entonces el Baskonia."

Sí, durante años todo fue muy bien, pero eso se truncó. A mediados de la primera década del siglo XXI sufrió una de esas rachas nefastas que a veces guarda la vida: su mujer enfermó de cáncer de pulmón y falleció apenas a los diez meses de que se le detectase. Y poco después, sus negocios fueron brutalmente afectados por la crisis y tuvo que cerrar. “Es cierto que lo he pasado muy mal desde entonces, pero no me rendí y he conseguido levantarme. A mis 60 años voy a continuar luchando, eso está claro”, concluye.

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