Óscar Yebra: La lenta pero segura maduración de un gran tirador

Óscar Yebra: La lenta pero segura maduración de un gran tirador
En el Valencia Basket, actualmente entrenador en China y en la segunda de sus dos etapas en Valladolid.

Javier Ortiz Pérez

Excelente tirador este Óscar Yebra, uno de esos jugadores que van madurando con el tiempo y que acaban obteniendo su mejor momento en la treintena, aunque él casi siempre se mantuvo en la primera línea en la actual Liga Endesa. También puede presumir de haber jugado en un histórico francés como el Limoges y hasta de haberse asomado a la liga iraní. Pero de lo que realmente está orgulloso es de su participación en los Juegos Olímpicos de Atenas-2004.

Muy joven con la camiseta del Baloncesto León

“Siempre me consideraré un afortunado por haber estado. Fue ya con 30 años. La participación en minutos fue bastante poca, pero ya fue muy especial llegar allí. Venir de un equipo pequeño como el Valladolid le daba todavía más mérito. Lo disfruté cada día, todo era un premio, aunque no pudimos pasar del séptimo puesto”, comentó en 2014 en una entrevista para NBA Clutch Time.

Fue la culminación de unos años de mucho acierto vistiendo la camiseta del Forum Valladolid, seguramente los mejores de una carrera que empezó en su ciudad natal, León. “Yo jugaba al fútbol sala. Mis hermanos decidieron cambiarme de deporte con 8 años porque ellos ya jugaban y yo había dado un estirón. El primer año fue muy difícil para mí, pero después las cosas fueron cada vez mejor. Y aprovechaba para estar con ellos. A menudo recordamos la historia”, recuerda.

Crecido en la cantera del Colegio Leonés (“con el trabajo de Pepe Estrada salimos muchos aquella época”), con 16 años llamó a su puerta el Joventut. “El secreto allí era echar horas y horas. Cuando llegué entrenábamos seis o siete al día, incluyendo físico. Ahora quizás es más habitual, pero entonces no sucedía tanto”, apunta. Pero volvió a León cuando estaba en el segundo año junior, reclamado por el gerente Ramón Fernández y el entrenador Gustavo Aranzana. “Consideramos que era lo mejor. En el Joventut había varios jugadores de mis características y veíamos difícil debutar en la Liga por eso. Fue una muy buena opción. Tuve mucha fortuna con Gustavo Aranzana y coincidir con jugadores que me ayudaron mucho como Xavi Fernández, Reggie Johnson o Joe Wolf”, comenta.

Cuando acabó contrato en León tuvo su primera experiencia fuera, en la 98-99, con el Limoges. “En la liga de verano de Treviso me vio su entrenador y me pareció buena la idea de formarme en otro tipo de baloncesto. Fue un año muy bueno y me dio la oportunidad de volver el año siguiente con otro status”, explica. Gijón (dos temporadas) fue el puente hasta Valladolid, donde lució al máximo, de nuevo con Aranzana en el banquillo de inicio. La merecida internacionalidad le impulsó al Valencia Basket durante dos temporadas, pero regresó a Valladolid luego otras dos para culminar así, en la 2007-08, un historial de 431 partidos en la Liga con 9,3 puntos en 23 minutos y un notable 39% en triples.

Surgió entonces, en verano del 2008, la llamada desde el Mahram Teherán. “Quería ir al extranjero y que eso me aportase algo diferente. Cuando salió la propuesta mi agente, Arturo Ortega, me dijo que quizás era demasiado exótico para lo que yo quería. Pero averigüé que las condiciones de seguridad eran las idóneas y me entregué totalmente. Fueron seis meses magníficos y me habría quedado allí. Salvando el tema de la religión y de algunas restricciones por ello, la forma de ser de los españoles y de los iraníes es muy parecida y mantengo magníficos amigos allí”, asegura.

Solo estaría un año, tras lo que tuvo dos experiencias en las ligas federativas: primero en la EBA con el Lliria y, por último, en el Melilla, de la LEB. Allí, en la ciudad autónoma y al filo de los 37 años, hizo sus últimas canastas (7,6 puntos en 17 minutos).

Desde aquel 2011 ha estado en el mundo de la formación de jugadores jóvenes, incluso en el extranjero.  El baloncesto, defiende, “es una forma de vida. Una vez que lo tienes dentro, ya no te lo quitas de encima”. Su filosofía la comenta en la reseñada entrevista: “El trabajo mental es lo que diferencia a las personas una vez que adquieren un cierto nivel de talento o de habilidad, que es algo innato y se acaba desarrollando a base de horas de trabajo. Todo el mundo sabe tirar a canasta, defender o rebotear. Un tirador es algo que vive de porcentajes continuos. Si fallas los cuatro primeros tiros, debes saber que los siguientes los vas a meter. Tiene que haber un trabajo mental, pero la confianza y ese trabajo mental de saber que se puede fallar es lo que te hace fuerte”. Sus últimas andanzas, en China, pueden seguirse a través de su perfil de Twitter, @oyebraf.

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Actualmente como entrenador en China