David Ubide: El base maño que terminó en la fábrica de Opel

David Ubide: El base maño que terminó en la fábrica de Opel

Javier Ortiz Pérez

David Ubide, base de la cantera del Club Baloncesto Zaragoza, disputó con la camiseta roja un partido en la temporada 92-93 y otro en la 93-94. Después, dejó el baloncesto para centrarse en los estudios. Ha terminado en el mundo de la automoción con un buen puesto.

En el equipo junior del CAI Zaragoza

Comenzó en el baloncesto en 4º de EGB, en el colegio Doctor Azúa, seguramente el gran centro escolar del deporte de la canasta en la capital del Ebro. “Fue gracias a un profesor de Educación Física que me convenció empezar con el basket, y no seguir la corriente de toda la clase de fútbol, fútbol y fútbol... Jugué tres años en minibasket, pasando un año antes al baloncesto de lo que me correspondía por edad”, recuerda.

Llegó al CBZ gracias a una ‘operación altura’, con 12 años y 1,70. Se incorporó al cadete B, en el que también estaba Lucio Angulo. “Pasé de jugar de ‘4’ en el equipo del colegio a ser base... ya para el resto de mi vida”, sonríe. Así alcanzó el primer equipo, con “recuerdos imborrables: la oportunidad, siendo tan joven, de compartir con el equipo profesional tantos momentos, entrenamientos, partidos, viajes y experiencias.. y poder aprender de ellos y desde dentro la realidad del basket profesional. Hicimos viajes memorables, como uno en Copa Korac a Letonia. Aterrizamos en pleno invierno a -20 grados en un aeropuerto militar y jugamos en un pabellón que casi no tenía vestuarios. Victoria... y vuelta a casa”.

Su debut se produciría ante el OAR en las navidades de 1992, apenas un minuto y 8 segundos y de la mano de Mario Pesquera: “Poco tiempo tuve para demostrar grandes cosas... Dispuse de dos tiros libres y metí el primero. Ese día había venido mi madre a verme y seguro que me dio suerte. Fue un orgullo jugar en la Liga con mi equipo de toda la vida”.

Siguió una temporada más entre el filial de Segunda División y echando una mano al primer equipo (disputó 12 segundos contra el Estudiantes en su segundo y último partido en la élite) y en el verano de 1994 le dio un giro a su vida. “Decidí dejar la aventura de tratar de ser profesional del baloncesto. La época en la que debía dar el salto definitivo coincidió con la entrada del tercer extranjero en ACB, la posterior aprobación para fichar comunitarios y la eliminación de la categoría junior. De repente el mercado se saturó de jugadores y se unió a la crisis de 1994 en España… Me encontré en una situación en la que las ofertas económicas para intentar jugar en algún equipo apenas cubrían los gastos”, apunta.

Así es que continuó con sus estudios de Ingeniería, que nunca había abandonado. “Sí fue la decisión acertada y no puedo quejarme de la vida que tengo actualmente. También es cierto que es espina se me quedó para siempre ahí…”. Se marchó con una beca Erasmus a Galway (Irlanda), donde siguió jugando en la universidad (“fuimos campeones del país”) y en un equipo local que estaba “en una liga similar a lo que era por aquel entonces Primera B en España, o la LEB Oro actual, creo…”.

Cuando regresó a España, estuvo un año más en Segunda Nacional y colgó finalmente las botas. Se marchó a Michigan, donde acudió a menudo a ver a los Detroit Pistons. Allí trabajó en la General Motors. Volvió a Zaragoza, donde siguió trabajando en la fábrica de Opel como manager de un departamento de planificación en el área de logística. Y no ha perdido de vista el baloncesto: su hijo y su hija están en las categorías alevín y benjamín del Stadium Casablanca.

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