Quique López Vilas: El uruguayo que llegó a Sevilla para quedarse

Quique López Vilas: El uruguayo que llegó a Sevilla para quedarse
1. En el pueblo gallego de sus antepasados, Berdillo. 2. Con los niños de la escuela de baloncesto. 3. Con el Caja San Fernando.

Javier Ortiz Pérez

Quique López Vilas nos relata en primera persona su historia, desde sus inicios como jugador en su Uruguay a su vida actual en España, donde llegó de la mano del Caja San Fernando.

“Empecé en el basket en el club Unión Atlética de Montevideo. Todo empezó en el año 1980 cuando yo tenía 10 años. Un día que acompañé a mi hermano Leo al club a entrenar. El entrenador, al verme tan alto, me preguntó si quería unirme y así empecé a practicarlo. Los primeros años lo compaginaba con el fútbol hasta que la altura hizo que me decantara por la canasta, ya que lo hacía bastante bién. Era muy alto para mi edad y le sacaba dos cabezas a mis compañeros de fútbol.

Jugando en el Caja San Fernando

Llegué a España en febrero de 1988 al Caja San Fernando, que lo entrenaba Ramón Etchamendi, durante muchos años el seleccionador de Uruguay. Desafortunadamente y por motivos de salud tuvo que dejar el club a mitad de temporada y volverse, no sin antes recomendarnos tanto a mí como a mi hermano a la directiva del club, ya que ambos teníamos la nacionalidad española al ser hijos de padres españoles.

De mis años en Sevilla solo puedo tener muy buenos recuerdos. Al principio entrenaba muchísimo, doble horario con el primer equipo y por la tarde con los júnior. Asistí al ascenso del Caja de la antigua Primera B a la ACB y jugamos la fase final en categoría júnior del año 1990 en Badajoz después de clasificarnos campeones del campeonato de Andalucía.

Jugué dos temporadas cedido en El Monte Huelva de Primera B, donde aprendí mucho, pero que sobre todas las cosas conocí a fantásticos amigos y a mi familia onubense. En el 92 volví al Caja en plena Expo de Sevilla. Éramos una piña, como una familia, y vinieron unos años con unos resultados impresionantes, jugando competiciones europeas, fases finales de la Copa del Rey y con la culminación en la temporada 95-96 con el subcampeonato de Liga donde perdimos la final contra el Barcelona.

Al finalizar esa temporada decido emprender nuevos retos y ficho por el Magia de Huesca en LEB. Un año más tarde vuelvo a la ACB al Ciudad de Huelva, donde tuvimos numerosos problemas, acabamos descendiendo y yo terminé lesionado en una mano. En la siguiente temporada 98-99 vuelvo a la LEB y ficho por el Melilla. Fue un año genial en todos los sentidos, estuvimos a un paso de subir, quedamos campeones de la Copa del Príncipe y, lo más importante, nació mi hijo mayor Kike.

Fui luego al mítico OAR Ferrol, volviendo así a mis raíces gallegas al ser yo hijo de inmigrantes gallegos. A pesar de que no cobrábamos y los americanos se fueron por esto, fue un año también fantástico, precioso de recordar, donde cada vez que podía iba a Berdillo, en Carballo, a estar en familia.

Posteriormente, ficho por Menorca a las órdenes de nuestro querido Quino Salvo como entrenador. Una vez más me quedé a las puertas del ascenso al perder el ‘playoff’ contra Granada y, algo aún más importante, nace mi segundo hijo, Álvaro. El siguiente destino fue Santiago de Compostela, al Rosalía de Castro. Duro a a nivel deportivo pero maravilloso en lo personal, ya que una vez más estaba en Galicia. Volví a Melilla, una temporada de altibajos pero que termino de una manera fantástica al conseguir la medalla de bronce en el Sudamericano de selecciones con Uruguay celebrado en Montevideo. A partir de aquí y viendo que las ofertas ya no compensaban el mover una familia con dos niños pequeños, mi mujer y yo decidimos instalarnos definitivamente en Sevilla, donde teníamos la casa y mi mujer, su trabajo.

Con los niños de la escuela de baloncesto

Me definiría como un jugador trabajador, luchador, buen defensor y que no daba ni una pelota por perdida. A nivel técnico era bastante rápido y ágil para mi altura (2,07), que podía jugar tanto de alero alto como de ‘4’ con buena mano de media distancia.

Hoy en día sigo en Sevilla, en el Aljarafe, trabajo en Airbus y llevo por las tardes junto a mi hijo mayor una escuela de baloncesto. Intentamos fomentar el baloncesto de base enseñando a niños los maravillosos valores de este fantástico deporte”.

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