Martin Rancik: El eslovaco de fuerte carácter que creció en Bilbao

Martin Rancik: El eslovaco de fuerte carácter que creció en Bilbao
Rancik machacando en Bilbao, en una imagen reciente y en sus últimos partidos en España en Alicante.

Javier Ortiz Pérez

Un auténtico currante el eslovaco Martin Rancik, que vistió cuatro camisetas distintas en sus 111 partidos en la Liga Endesa. Sobre todo se le recuerda con la del Bilbao Basket, en el que estuvo tres temporadas y un ‘pico’ de tres meses, dos años después, haciendo una sustitución. También pasó una campaña con el Estudiantes. Su aportación en Baskonia y Alicante, con contratos temporales en la 2010-11, resultó menor, pero también dejó un gran mensaje con su recuperación después de un año sin saltar a las pistas por lesión.

Rancik viene de una familia muy deportiva. “Mi padre jugaba al balonmano y mi madre, al baloncesto. Como él tenía problemas de espalda, hombros y rodillas, mi madre me dijo que no, que nada de balonmano. Y acabé decantándome por el otro deporte. Es por eso por lo que me dediqué al basket”, contaba en acb.com.

Rancik, machacando con Bilbao

Sus progresos le llevaron a obtener una beca en Iowa State,  “cuatro años muy bonitos (1997-2001). El equipo ganaba, llegamos a vencer en nuestra conferencia dos años seguidos y durante los dos últimos años y medio, nadie pudo ganar en nuestra pista, nos convertimos en uno de los equipos más importantes de toda América. Era muy muy divertido”.

Cuando terminó allí primero intentó entrar en la NBA, pero se quedó a las puertas tras jugar la liga de verano con los Phoenix Suns. Regresó a Europa, primero en dos ‘grandes’ de Italia (Milán y Virtus de Bolonia) y después en el Olympiacos, de donde saltó a Bilbao. Atrás quedaban unos problemas cardíacos que le preocuparon extraordinariamente. “Jugar en España fue estupendo para mí y mi familia. No solo porque es la segunda mejor liga del mundo,  sino porque los equipos en los que estuve me hicieron sentir como en casa. Todos fueron muy profesionales, pendientes de nuestras necesidades. Hicimos grandes relaciones con gente de fuera del baloncesto que todavía continúan hoy en día. Estoy muy agradecido a los clubs por darme aquella oportunidad”, comenta hoy en día.

Los tres años de Bilbao le marcaron especialmente, como reconoce. “Es lo más cercano que hay a mi corazón. La gente siempre nos apoyó mucho y la comida era fascinante, ¡aunque también la paella de Alicante era increíble!”, exclama. A orillas del Mediterráneo cerró su etapa española en el 2011, promediando globalmente 9,6 puntos y 3,8 rebotes en 21 minutos.

“Creo que siempre fue alguien que trabajó muy duro y que se tomó su trabajo seriamente. Reconozco que a veces era muy apasionado y que a veces no era fácil entrenarme. Txus (Vidorreta) podría hablar de esto”, dice, con cierto tono de broma. Y es que el actual técnico del Valencia Basket le tuvo a sus órdenes tanto en Bilbao como en Alicante. Rancik destaca de sí mismo que era “un gran defensor, capaz de defender en todas las posiciones. Me encanta el baloncesto”.

Sus últimos años en las pistas los pasó entre su país natal, con el Inter de Bratislava, donde se retiró en 2014, y la vecina República Checa, en el campeonísimo Nymburk. Desde entonces se ha esforzado en terminar la carrera universitaria que dejó pendiente en Iowa (lo consiguió el pasado diciembre) y ha dado los primeros pasos para ser entrenador dirigiendo a equipos de cantera en Bratislava. “Este verano tengo los exámenes para conseguir la licencia FIBA para entrenar y es en lo que quiero seguir”, anuncia.

Rancick, en una imagen reciente

 

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