Masine Fall: Portento físico africano que debutó con dos tapones al Madrid

Masine Fall: Portento físico africano que debutó con dos tapones al Madrid
Massine Fall, en la actualidad jugando con el CB Melilla

Javier Ortiz Pérez

Tremenda la planta que tiene Masine Fall, un pívot habitualmente reserva en el Melilla que en su momento debutó fugazmente en la Liga Endesa con la camiseta del Fuenlabrada. Fue en la temporada 2011-12 y desde entonces el chico, senegalés de origen, ha pasado por distintas categorías con el sueño de regresar a lo más salto. No es tarde para él, a sus 25 años, porque condiciones físicas tiene de sobra. Es un 2,08 muy atlético que resulta difícil de superar a nivel defensivo, aunque también es evidente que arrastra algunas carencias.

“Empecé a jugar a baloncesto porque era alto y todo el mundo me decía en mí mucho potencial. Eso me animó a seguir”, cuenta. Llevaba solo tres meses entrenando de manera continuada con un equipo de Dakar cuando su vida cambió por completo. “Unos ojeadores vinieron a Dakar y me vieron, ofreciéndome la posibilidad de jugar en España. No me dijeron lo que vieron en mí, pero está claro que yo no podía negarme”, afirma. Tenía 15 años y su primer destino fue el cadete del Villa de Adaje, en Canarias.

Massine Fall, en el momento de su debut en el Fuenlabrada junto a Porfi Fisac

Aquella 2011-12 fue agitada para él, primero en el filial del Fuenlabrada, luego debutando con el primer equipo ante el Real Madrid (casi seis minutos en los que no consiguió anotar... aunque sí colocó dos tapones) y después terminando en LEB Plata cedido en Ávila. Sobre su estreno, recuerda que fue “un día muy especial. Se lesionó Gustavo Ayón y me subieron al primer equipo. Los dos tapones fueron uno a Mirotic y otro a Rudy. Acabé el partido con muy buenas sensaciones”.

“Después seguí entrenando, pero me lesioné y tardé bastante tiempo en recuperarme. Cuando tenía que volver, algo extraño pasó y que nunca llegue a entender, porque eran cosas de agentes, y acabé saliendo del club”, lamenta. Continuó un año más en Ávila jugando poco y luego volvió a bajar un peldaño y firmó con el Albacete, donde estuvo otros dos años. Su carrera parecía caminar hacia la intrascendencia cuando el Melilla le reclamó para su equipo de LEB Oro: detectó sus tremendas cualidades en el Enrique Soler, el club de EBA de la ciudad autónoma.

Fall defiende su utilidad en la cancha: “Creo que soy un jugador muy interesante puede dar muchas cosas. Puedo rebotear, anotar, taponar y además entiendo bastante bien el baloncesto. Lo que sí creo que tengo que mejorar muchos aspectos del juego, porque en el baloncesto nunca un jugador es perfecto”.

En el conjunto que dirige Alejandro Alcoba está en 3 puntos y 3 rebotes en 11 minutos en la presente campaña dentro de un papel muy específico. Él no está satisfecho de sus actuaciones porque “estoy trabajando bien en los entrenamientos. Creo que los partidos no están reflejando el trabajo que realizo día a día, pero siempre que me necesite el equipo voy a estar ahí para hacer todo lo posible”.