Ron Rowan: De máquina de anotar a comunitario complementario

Ron Rowan: De máquina de anotar a comunitario complementario

Javier Ortiz Pérez

Ron Rowan tuvo una de esas carreras alargadas por la ‘sentencia Bosman’: pasó de ser un americano muy importante a un comunitario complementario gracias a su pasaporte irlandés. Aquello sucedió sobre todo en Italia, donde se convirtió en un auténtico ‘clásico’ gracias a su tremenda puntería, pero también un poquito en España, donde vimos las dos versiones: primero en León 94-95  y después en Fuenlabrada 96-97.

Rowan era uno de esos tiradores finos, no demasiado atléticos pero sí profundos conocedores del juego y no exentos de ganas de pelear. Formado entre dos universidades de prestigio baloncestístico como Notre Dame y Saint John’s, se quedó demasiado lejos en el ‘draft’ de 1986 (tercera ronda, número 67) y tuvo que andar el camino de la CBA. Ahí, en aquella liga comercial tan loca pero con mucho talento, dio un golpe en la mesa: fue elegido ‘rookie’ del año con los Topeka Slizzers, lo que levantó el interés desde Portland al final de aquella temporada 86-87. Jugó entonces sus únicos siete partidos en la NBA, con un total de 12 puntos en 16 minutos. Compartió vestuario con Fernando Martín, dicho sea de paso.

Tras un tiempo más en la CBA, su carrera se centró en Italia, cambiando de equipo muy a menudo en un largo lapso que fue desde 1989 a 2001: Venezia, Pistoia, Napoli, Trapani, Reggio Emilia, Módena, Cantú, Trieste y Siena. Tuvo años realmente espectaculares, como cuando alcanzó los 34,1 puntos de media en el Kleenex Pistoia 90-91. En dos ocasiones alcanzó los 47 puntos.

Los hermanos Rowan (Pittsburgh Gazzette)

Su primer paso en España se produjo en la recta final de la 94-95, cuando procedente del Reggio Emilia sustituyó al lesionado Harold Pressley en el Baloncesto León. Cumplió con 17,8 puntos y un excelso 60% en triples, dejando muy buena impresión por su disciplina y liderazgo. Y su valor en el mercado cambió a partir de 1996. Ya como comunitario, acudió a echar una mano al Fuenlabrada en su lucha por evitar el descenso en la 96-97, pero no pudo lograr el objetivo (11,3 puntos en seis encuentros). El resto de su carrera la pasó en Italia, con la única excepción de una temporada en el PAOK de Salónica.

En su regreso a su Pennsylvania natal ha entrenado en ‘high school’ y ha tutelado las carreras de sus hijos Maverick, que juega actualmente en North Carolina State, y Madi, que está en SNHU. Chico y chica, se les suele señalar como jugadores con grandes virtudes a nivel ofensivo. 

Seguro que han tomado nota de lo que hizo su padre sobre la pista, como confirma el propio Maverick en un reportaje sobre los dos hermanos: “Mi padre lo es todo para mí. Todo lo que he aprendido se lo debo a él”. “Son muy competitivos”, afirma Ron. Si es que de tal palo...