Ángel Rebolo: Ricky antes que Ricky

Ángel Rebolo: Ricky antes que Ricky
Rebolo en su época de jugador y en la actualidad, con su hijo Xoel

Javier Ortiz Pérez

Ángel Rebolo. Ese nombre y ese apellido salieron a relucir hasta la saciedad cuando Ricky Rubio batió el récord de precocidad debutando en la Liga. La marca hasta entonces la tenía este base lucense que jugó unos cuantos partidos en la temporada 90-91 con el Breogán, el primero de ellos con 15 años, 3 meses y 7 días. ¿Pero quién era aquel chico? Tras aquellos encuentros, dejó el baloncesto muy prematuramente.

Con el Breogán.

Ahora tiene 42 años y vive en Madrid y trabaja en una empresa del sector de la automoción en el departamento de ventas, Motor Pacífico. Es la concesión más grande de Skoda a nivel nacional, un escenario alejado de esas pistas en las que, siendo un adolescente, se erigió en una enorme promesa.

La pasión por la canasta fue fortísima desde niño. “Empecé a jugar a baloncesto con 7 u 8 años en el colegio. Siempre me quedaba esperando a que mi madre me viniese a recoger y en ese tiempo de espera lo empleaba para irme a la zona de las canastas y practicar. Por aquella época vivíamos en frente del pabellón municipal y muchas veces me acercaba a ver los entrenamientos del Breogán. Cogí amistad con el conserje del pabellón y con su familia y muchas veces al finalizar el entrenamiento y a puerta cerrada podía saltar a la cancha en la que jugaba el equipo de mi ciudad y disfrutar de la ilusión de poder pisar el mismo suelo que ellos pisaban. Siempre me acompañaba un balón de baloncesto y en cualquier rato libre que tenía pues intentaba practicar con mi mejor amigo: la pelota”, cuenta.

Luego, ya federado, se incorporó al Estudiantes, el club señero de la cantera lucense. Allí estuvo en categorías benjamín, alevín e infantil mejorando y mejorando, incluso en los veranos, cuando acudía a los campus de Emiliano Rodríguez y Nino Buscató, dos leyendas del basket español de los años anteriores al ‘boom’.

“La progresión fue a más y comencé a jugar siempre con las categorías superiores a mi edad hasta que fui convocado a las selecciones gallegas. Eso supuso un punto de inflexión, ya que ahí conocí a Ángel Sevilla , que al año siguiente fue nombrado el responsable del equipo junior del Breogán. Él fue el que me ofreció incorporarme con ellos. La decisión no fue fácil y desde luego la consensué con ‘Chopi’, mi entrenador hasta aquel momento en el Estudiantes. Al final decidí dar el salto, cosa que quizás debí de haber pospuesto”, reconoce.

Solo  tenía 14 años, pero se convirtió en la gran apuesta del Breogán hasta el punto de que empezó a entrenar con el primer equipo. Destacaba por su manejo de balón y su tiro exterior, pero también era un jugador con sentido colectivo y buen defensor. 

Y llegó el día en el que, en el pabellón Fuente de San Luis, Ricardo Hevia le dio nada menos que diez minutos. “Lo recuerdo con bastante normalidad, con muchos nervios previos, pero una vez que sales a la cancha todo desaparece. Al ser tan niño siempre tuve desparpajo y nunca miedo a las situaciones. Cuanto más difícil, más me crecía”, explica.

Siguió en la dinámica con los ‘mayores’ y disputó otros cinco encuentros, con un promedio muy alto (para la circunstancia, claro) de 9 minutos. Estuvo tímido en el tiro, con solo 5 en total y un acierto.

 “Fue un año muy complicado, a veces sin saber muy bien en que sitio estas, desubicado. Por un lado, mucha gente te idolatra, pero también generas muchas envidias. Y ser tan joven a veces te hace no saber gestionar todo. Todo el peso en esa época recayó sobre mi madre, de un entrenamiento a otro, partido tras partido. Una santa y mi principal fan. Ahora con un hijo de 7 años lo recuerdo con cierta nostalgia, pero el tiempo hace que las cosas las veas con otra perspectiva, madurez sin duda. Siempre será un bonito y sorprendente hecho para contarle”, sostiene.

Acabó la temporada y... se retiró. “Me levanté un día en el mes de agosto en plena pretemporada, agobiado de hacia dónde estaba yendo mi vida y con la sensación de que había sido un producto del cual se aprovecharon unos pocos sin pensar en mi persona, un niño que había perdido la ilusión de su pasión”.

Ahí quedó su historia en el baloncesto, pero empezó otra, dentro de la normalidad, como un joven más. Solo el debut de Ricky Rubio 15 años después sacó su nombre del anonimato y borró un récord al que nunca dio mucha importancia.

Premio de la Asociación de la Prensa de Lugo.