Jaime Heras: Símbolo aurinegro que ascendió de la mano con el club

Jaime Heras: Símbolo aurinegro que ascendió de la mano con el club
Símbolo aurinegro que ascendió de la mano con el club

Javier Ortiz Pérez

Entrando a canasta con el Iberostar Tenerife.
Entrando a canasta con el Iberostar Tenerife.

Debió ser muy grande para Jaime Heras ir escalando categorías con el CB Canarias-Iberostar Tenerife hasta llegar a la Liga Endesa. Cuando este escolta listo y potente llegó en 2004 al club aurinegro, la competición ni siquiera se llamaba LEB Plata, como ahora, sino LEB-2. Ocho años después, y tras varias temporadas en Oro, llegaba el ascenso a lo más alto, donde él debutó a los 30. En el conjunto de La Laguna permanecería tres temporadas más, confirmándose como uno de los favoritos del público. Y es que tenía el factor extra de ser de la casa, nacido en la isla.

Heras y el baloncesto empezaron su idilio como una actividad extra escolar en el colegio, pero luego ya no se han abandonado. Con 35 años, ya fuera del mundo profesional, sigue ‘matando el gusanillo’ en un equipo de la Primera canaria llamado Club Baloncesto La Matanza.

Lejos queda ya la época en la que, siendo muy joven, fue fichado por el Pamesa Valencia, pero nunca llegaría a debutar con el primer equipo (sí en una liga de verano). Su camino hacia lo más alto la tuvo que empezar en la EBA, pasando por el Don Benito. Su regreso a Tenerife le llenó de esperanzas, pero no todo fue fácil. “Cuando llego al Canarias, lo hago con mucha ilusión y el primer año acabé con muchas dudas de si podía seguir haciendo carrera en la LEB. En la segunda todo cambia y tomo más protagonismo y poco a poco me afianzo, consiguiendo dos ascensos, a LEB oro y luego a Liga Endesa, ganando además la Copa Príncipe”, cuenta.

En todo ese tiempo tuvo una presencia constante en la rotación, multiplicándose en distintas facetas. Si había que convertirse en un ‘secante’ defensivo, se adaptaba a ello, lo mismo que si había que tomar la responsabilidad en las últimas bolas. Todo al servicio del equipo, con una especial conexión con el técnico Alejandro Martínez.

La lástima, sostiene, es que alcanzó la élite “un poco tarde”. “No llegué en mi mejor momento, pero aun así lo disfruté mucho y con presupuestos para no descender jugamos una Copa del Rey que fue increíble... También hicimos machadas como ganar al Real Madrid, que si no me equivoco ganó la Euroliga ese año”, resume. Su aportación fue a todo ello fue diferente a la que tuvo anteriormente: 2,5 puntos de media en 12 minutos, con 63 partidos en total en tres temporadas.

Con su hija Emma.
Con su hija Emma.

“Siempre he sido un jugador muy pasional. Eso me ha llevado a equivocarme miles de veces en la cancha, tanto con árbitros como con rivales, pero nunca se me ha podido achacar falta de esfuerzo en la pista”, destaca sobre sí mismo. En 2015 acabó su relación con el Iberostar Tenerife después de 369 partidos, una cifra absolutamente brutal (144 en LEB Plata, entre fase regular, ‘playoff’ y ‘playout’, dos de la Copa LEB 2; 158 en LEB y uno en la Copa del Príncipe; 63 en la Liga Endesa y uno en la Copa del Rey). Después tuvo un contrato temporal en Lleida en Oro y la pasada campaña la pasó en el vecino Náutico Tenerife, en EBA.

Se ha centrado ahora en una nueva vida laboral, ya que colabora “con una empresa internacional en inversiones de todo tipo”, apunta.