Javier Bulfoni: ‘El Tuky’ demostró que podía jugar entre los mejores

Javier Bulfoni: ‘El Tuky’ demostró que podía jugar entre los mejores
‘El Tuky’ demostró que podía jugar entre los mejores

Javier Ortiz Pérez

Tres años en León...
Tres años en León...

Hay veces que a los jugadores se les coloca una etiqueta injusta y tienen que cargar con ella durante mucho tiempo. Le pasó a Javier ‘El Tuky’ Bulfoni durante la primera etapa de la década que pasó en España: se le conceptuó como alguien que solamente podía rendir bien en la LEB y hasta que alguien no confió en él para la actualmente denominada Liga Endesa no demostró que podía cumplir sobradamente.

Pero ya se sabe que a un argentino es un poco absurdo ponerle límites. O más bien es una motivación para él. Cuando en 2001 fichó por el Drac Inca (una de esas incorporaciones que se sacaba Willy Villar de la manga) era muy poco conocido, pero pronto se hizo un hueco en la segunda competición nacional como un anotador que también podía aportar en otros aspectos.

El tipo que iba para karateca hizo de la LEB su perfecta plataforma. En ella pasó dos años en la isla (especialmente bueno el segundo, con 17 puntos de media), otro en Algeciras y dos más en León, siendo uno de los protagonistas del último ascenso que conoció el histórico y desaparecido club a la élite. Tan competitivo se mostró que casi duplicó su promedio en los ‘playoffs’ (de 11 a más de 20) y, claro, se ganó la renovación para debutar en ACB... con 30 años. Lo que para otro hubiese supuesto un muro, él lo supo sobrellevar muy bien, aunque la temporada del León de vuelta a lo más alto fuese un desastre.

Él se salvó de la quema y fichó por el Ricoh Manresa, tras lo cual encontró a su ‘amor’ definitivo en España: el Obradoiro. El primer año fue duro con el descenso, pero lo compensó con creces al subir en 2010 y mantenerlo en la que sería su última temporada aquí. “Una de las cosas por las que me quedé fue para dejar al Obradoiro en la ACB. Cuando ganamos el partido que nos dio la permanencia, me saqué un peso de encima. Sentí que me podía ir tranquilo (...).Tenía muchísimas ganas porque la afición se merece eso y mucho más.”, comentó entonces. Su despedida se tiñó de tristeza: “Si pudiera llevarme algo para Argentina, serían las personas. La gente de Santiago es maravillosa. Eso no se paga con nada”. Se había convertido en el capitán del equipo, alguien que había vivido en primera persona lo peor y lo mejor de la reciente historia de la entidad.

Y tres más en Santiago.
Y tres más en Santiago.

“La verdad es que este es un club grande. Más allá de hacer historia yo estoy muy contento por la gente. El primer año me puse muy triste y el segundo con el ascenso le dimos emoción y este año todos hemos visto el último partido, ha sido impresionante”, indicó antes de marcharse. El hombre que parecía que solo valía para la LEB acabó promediando un peldaño más arriba 10 puntos en 24 minutos. Hay otro dato espectacular al respecto: solo se perdió tres de los 136 partidos posibles.

Fichó por ‘el Griego’, como llaman en su país a la Asociación Deportiva Atenas, pasando un año allí, otro en La Unión y un tercero en el Peñarol de Mar del Plata. Con 40 años sigue echando una mano en el Alumni de Casilda, su localidad natal, al tiempo que entrena niños. “Cuando me llamaron lo pensé un poco, pero decidí volver para darle al club algo de todo lo que me dio. Además es cerrar un círculo volver al lugar donde nací en el básquet y para tratar de ayudar a los chicos que están empezando a jugar”, declaró a La Capital.

Lo último: ¿por qué ‘El Tuky’? Es un mote algo malicioso porque se le compara con un tucán... por el tamaño de su nariz.

Alumni de Casilda, su última estación.
Alumni de Casilda, su última estación.