Petar Popovic: Serbio adicto a los mates con celebración posterior

Petar Popovic: Serbio adicto a los mates con celebración posterior
Serbio adicto a los mates con celebración posterior

Javier Ortiz Pérez

En el Joventut.
En el Joventut.

“Popovic” debe ser uno de los apellidos balcánicos más habituales. Baste decir que en los últimos años en la Liga Endesa ha habido cuatro, uno de ellos (Marko, el del Montakit Fuenlabrada) todavía entre nosotros. También dejó una buena huella Petar Popovic, que pasó tres temporadas entre el Joventut y el Estudiantes.

Era un jugador al que le distinguía su contundencia y carisma, a los que les encanta machacar el aro contrario (con 2,10 y un muy buen físico, no lo tenía difícil) y, como complemento, alzar los brazos para animar al público si el partido es como local. Claro, en Badalona y Madrid se volvieron locos con él, porque no hay nada que guste tanto como la mezcla entre practicidad y espectacularidad. Y él juntaba las dos cosas.

Popovic es serbio, pero creció baloncestísticamente en el Buducnost montenegrino. Fue uno de esos pívots de cocción lenta, ya que hasta los 25 o 26 años no llamó la atención fuera de su país, donde jugó en el Estrella Roja y el Hemofarm. Aún así, le costó: su fichaje por la Benetton en 2005 no salió bien y tuvo que regresar al equipo de Belgrado.

Fue allí, en el Estrella Roja, donde el Joventut se fijó en él otra vez. ¿Quién? Ya se sabe que Aíto García Reneses suele equivocarse poco. Le gustan jugadores así: fanáticos del equipo, duros en defensa, disciplinados tácticamente. Superó la prueba a la que fue sometido y firmó un contrato de un mes que se fue prorrogando. Lo malo es que su participación fue decreciendo a medida que pasaba la temporada y se quedó en unos 4,3 puntos y 1,6 rebotes que no recomendaron su continuidad. Ganó la Copa del Rey y la ULEB Cup, pero su gran momento en España todavía estaba por llegar.

Fue en el Estudiantes, unos meses después. Martin Rancik se había lesionado y de nuevo su telefóno sonó para que ejerciese de ‘temporero’. Popovic cumplió tan bien que vio extendido su contrato hasta el final de la campaña y después renovó por otra. En el conjunto colegial mejoró mucho sus números (8,7 puntos y 2,9 rebotes, con un tremendo 63% en tiros de dos puntos).

Su jugada favorita: el mate.
Su jugada favorita: el mate.

“Estudiantes es el mejor grupo humano en el que he jugado y eso que llevo 18 años en equipos de baloncesto. Ese es el secreto de este club. En mi país, en Serbia, se dice que cuando hay química, todo funciona”, decía en abril del 2010, cuando confirmaba también su ‘idilio’ con ‘La Demencia’. “Siempre me entrego al cien por cien. Me gusta trabajar duro y esforzarme. Quizá eso hizo que ellos se fijaran en mí. Les estoy muy agradecido porque me ayudan mucho con sus ánimos y canciones”, contaba.

Aunque entonces decía que el Estudiantes era su primera opción para la siguiente temporada, no renovó, seguramente seducido por los rublos del Spartak de San Petersburgo. A continuación tuvo una tercera etapa en el Estrella Roja para después asomarse a Alemania (Artland Dragons) y Turquía (Aliaga Petkin). Se retiró en el 2014, con 35 años, jugando para el Metalac de su país.

Con su último equipo, el Metalac.
Con su último equipo, el Metalac.