Juan Torres: El canterano extremeño del Caja que acabó de arquitecto en Bruselas

Juan Torres: El canterano extremeño del Caja que acabó de arquitecto en Bruselas
El canterano extremeño del Caja que acabó de arquitecto en Bruselas

Javier Ortiz Pérez

En uno de sus partidos con el primer equipo.
En uno de sus partidos con el primer equipo.

Juan Torres fue un canterano extremeño del Caja San Fernando que jugó tres partidos oficiales con el primer equipo (uno en la 2001-02 y dos en la 2003-04). Ahora ejerce como arquitecto en Bruselas, desde donde nos cuenta su particular historia.

“Comencé jugando al fútbol. Cualquier hueco que tenía lo aprovechaba para coger una pelota con mis hermanos, primos y amigos e inventar una portería en la puerta de una iglesia, entre dos papeleras o dos piedras, donde fuera. Al tiempo, como crecí bastante rápidamente, todo el mundo me recomendaba jugar al baloncesto. Así que poco a poco fui entrando. Todo esto fue en un pueblo de Cáceres, Navalmoral de la Mata. Jugaba en el equipo del colegio.  Más tarde volvimos por diferentes motivos a mi tierra natal, Mérida. En el equipo de los Salesianos quedamos campeones de Extremadura y a varios jugadores (Alfonso Vélazquez, Javier Gómez...) nos eligieron para jugar en la selección extremeña. Ese mismo año disputamos como anfitriones el intersector que daba acceso al campeonato de España por selecciones. Allí varios clubes se fijaron en mí y terminé decantando por Sevilla, a donde acudí como cadete de primer año, es decir, apenas unos 13 años.

Fueron muchos años de experiencias de todo tipo, las más duras al principio y al final: dejar a mi familia tan joven por un sueño y tomar la decisión de cambiar de rumbo. Tenía muy claro mis objetivos y prioridades y de repente todo cambia. Acabar con fue como un huracán necesario en mi vida que me hizo ser mucho más consciente de la realidad: el mundo del deporte vive un poco en una burbuja diferente al resto.  

Lo que recuerdo también son pequeñas cosas y detalles, imágenes evocadoras, las relaciones con tus compañeros tan especiales  a esas edades, la sana competitividad, el romanticismo de luchar por algo que quieres conseguir...  Pero por otro lado lo recuerdo con cierto halo de aspereza, sobre todo los últimos tres años, cuando debería haber sido todo lo contrario. Supongo que había muchos intereses y presiones que yo no podía controlar y que tenían incidencia en mí. Hay cosas que no entendí en su momento pero me alegro que haya sido así.

En la actualidad.
En la actualidad.

¿Mi debut? Pues lo viví de una manera inesperada, la verdad. Después de muchos entrenamientos y convocatorias Marco Crespi me hizo jugar 6 segundos en la última jornada de liga en casa contra el Canarias Telecom. Me sentía muy contento por hacerlo en casa y encima con mis compañeros Víctor Pérez y Manuel de la Casa, que me acompañaron a la pista en ese momento, pero cuando me llamó ya había perdido la esperanza porque no creí que ya no lo haría para ese tiempo. No creo que lo hiciera con maldad, todo lo contrario, así que me quedé con el detalle de hacerme debutar con 18 años y con el de cumplir mi objetivo profesional. Hubo gente en la grada a la que no le agradó que no jugásemos más tiempo.

Tras mi tercer año alternando el primer y el segundo equipo en Sevilla, entrenando y viajando generalmente con ambos, sin ningún tipo de apoyo, estudiando Arquitectura y con detalles que no me gustaron por aquel entonces, tomé la decisión antes de acabar la temporada de cambiar mis prioridades si no llegábamos a un acuerdo más satisfactorio. No se dio el caso y decidí cambiar mis prioridades: los estudios pasarían a primer plano.  Me gustaría recalcar la gran dificultad con la que se encuentran los deportistas que desean cursar estudios universitarios. Mi horizonte no parecía muy esperanzador si continuaba estudiando y al máximo nivel, así que decidí buscar un equipo en EBA en el que tuviera unas condiciones favorables para continuar con mis estudios, y fue así que llegué al Unibasket Jerez, donde permanecí tres entretenidos años hasta que fui a Alemania con una beca de estudios. A mi vuelta no pretendí volver a jugar, pero un día mi estimado Nino Morales me llamó para jugar en Morón. No estaba en forma, pero me dio confianza y yo tenía que demostrarme a mí mismo que podía volver a jugar, así que estuve algo más de año y medio allí. Fue una etapa muy diferente, pero muy apacible también.

Creo que era un jugador bastante intenso y físico, de esos que suelen hacer el trabajo sucio, buen defensor y reboteador, sobre todo en ataque, y mi preferencia era jugar al contrataque. También dependía de mi papel en el equipo y de la temporada. Creo que solía adaptarme bien y nunca bajaba la intensidad. Jugaba de escolta o alero pero a veces me ponían a defender al base a toda pista o al ala-pívot. En ataque era más penetrador que tirador. Con la edad uno se hace más fuerte psicológicamente  y tiene más confianza en su tiro en particular. Fue muy interesante descubrir el papel de la psicología en el deporte y en la vida, como la actitud, la energía de un equipo  se contagia de unos a otro. Eso me parece algo mágico, algo en lo que no reflexionaba cuando era más joven pero que me ha servido bastante en la actualidad.

Ahora vivo en Bruselas desde hace varios años, donde desarrollo la  profesión de arquitecto”.