Ben Davis: Breve en Vitoria por su abuela y poderoso en Torrelavega

Ben Davis: Breve en Vitoria por su abuela y poderoso en Torrelavega
Breve en Vitoria por su abuela y poderoso en Torrelavega

Javier Ortiz Pérez

En Vitoria.
En Vitoria.

Ben Davis tuvo una segunda parte bastante mejor que la primera en España. Llegó como estrella al Baskonia en 1998, pero solo duró tres partidos porque se marchó a su país por problemas familiares. Sin embargo, cuatro años después ya pudo dejar mucha mejor impresión cuando, estando menos cotizado, aceptó la oferta del Cantabria Lobos. En Torrelavega se mostró como lo que fue en general: un interior fuerte y combativo. La lástima es que no pudo acabar aquella temporada 2001-02 por lesión.

Nacido en Florida, a Davis le costó encontrar su camino en la época universitaria, que empezó en Kansas. Pero allí solo duró un año, y, tras la obligada transición en un ‘juco’, el de Hutchinson, se incorporó a Arizona, donde ofreció un nivel excelente. Los Phoenix Suns le seguían de cerca y le escogieron en el ‘draft’ con el número 43 de 1996.

Su etapa en la NBA estuvo marcada por las frustraciones y los cambios: solo jugó 20 partidos con los Suns en su temporada ‘rookie’, luego 15 más entre la 97-98 y la 98-99 y los últimos 5 en una segunda etapa en Phoenix. Sus promedios fueron insignificantes (1,4 puntos y 1,8 rebotes en 3,9 minutos), aunque al menos puede presumir de haber vivido de cerca una final de la NBA, la de 1999, con los Knicks.

En medio de todo ello llegó la primera experiencia española. Sergio Scariolo le confirió en principio el papel de referente interior, pero la enfermedad de su abuela le llevó a abandonar el equipo para marcharse a Estados Unidos después de solo tres encuentros (8 puntos y 8,3 rebotes). Entró por él Anthony Bonner.

Con el Cantabria.
Con el Cantabria.

En Cantabria, ocupando el puesto de Antonio Smith, que había hecho la pretemporada con un contrato temporal, lo hizo bastante mejor en la 2001-02: 15,1 puntos y 7 rebotes, con un notable 53% en tiros de dos puntos y, muy a lo ‘vieja escuela, sin alejarse de los aros. No llegó a tirar un solo triple en 30 partidos. En la jornada trigésima, tras arrastrar algunos problemas físicos, se rompió el menisco y fue suplido por Stephen Edwards.

17 años después, Davis conserva buenos recuerdos de España. “Jugué en grandes ciudades para excelentes entrenadores y aficiones. Siempre será mi país favorito en Europa. El baloncesto allí era magnfíco”, cuenta, orgulloso de su juego “duro e inteligente”. “Lo primero para mí era el equipo. Creo que era un gran compañero. Siempre lo di todo para el club en el que estuviese”, asegura.

Jugó hasta los 37, coleccionando países (Grecia, Italia, Portugal, Uruguay, Venezuela y finalmente México, en 2009), como tantos otros.  Ahora vive en Phoenix y ejerce como intermediario de transporte de mercancías y también entrena a jóvenes. Sus genes baloncestísticos los ha transmitido a sus hijos: la chica, Taya Reimer, juega en la universidad de Michigan State y el chico, Ben Davis jr., acaba de empezar en la de Northeastern Colorado. 

Siempre quedará la duda de si hubiese triunfado en Vitoria en condiciones normales, pero él todavía piensa que tomó la decisión correcta al ocuparse de su asunto familiar. 

En la actualidad.
En la actualidad.