Jacob Burtschi: El soldado que no dio lo mejor de sí en Zaragoza

Jacob Burtschi: El soldado que no dio lo mejor de sí en Zaragoza
El soldado que no dio lo mejor de sí en Zaragoza

Javier Ortiz Pérez

Típica pose militar.
Típica pose militar.

Escaso éxito el del soldado Jacob Burtschi en Zaragoza. Solo jugó diez partidos en la temporada 2011-12 antes de ser sustituido. Su salida en diciembre fue el desenlace que ya parecía escrito desde incluso la pretemporada, cuando empezaron a surgir rumores de que se le buscaba repuesto. Ya se sabe que Willy Villar suele acertar, pero esta vez no...

Burtschi había sido la temporada anterior uno de los mejores jugadores de la Bundesliga con el Phoenix Hagen (14,8 puntos y 6 rebotes). Gustaba su polivalencia y energía, mentalidad, quizás heredada de los años que pasó en el ejército. En ese sentido tuvo un recorrido totalmente atípico: jugó para el equipo de las Academía de las Fuerzas Aéreas desde 2003 a 2007 y pasó inactivo desde 2007 a 2010. Aquellos tres años estuvo destinado en la base aérea de Schriever, en Colorado Springs, entrenando por su cuenta. Así es que hasta el 2010, con 26 años, no se produjo, en Alemania, su debut como profesional.

El añorado José Luis Abós hablaba maravillas de él. “Es un jugador físicamente fuerte, bueno en el rebote, tanto en defensa como especialmente en ataque. Es muy buen tirador exterior, tiene buenos porcentajes tanto de ‘2’ como de ‘3’ y posee una buena utilización de bote para penetrar a canasta. Es además un buen defensor y tiene una gran capacidad para los robos de balón”, comentaba el técnico.

Lanzando con el CAI Zaragoza.
Lanzando con el CAI Zaragoza.

Lo que ocurrió cuando empezó la temporada fue alucinante: Burtschi recibió buenos minutos (15, 16, 18, 24, 12, 21 y 20 durante sus siete primeros encuentros), pero apenas se atrevió a lanzar a canasta. En los tres últimos partidos ya su papel descendió notablemente (1, 3 y 7 minutos), pero llama la atención poderosamente que en todo ese tiempo (14 minutos de media) solo tirase 8 veces de dos y 17 de tres. Sus bajos porcentajes (38% y 29% respectivamente) pueden ser la explicación: a menos confianza, menos acierto. 2,3 puntos y 2,5 rebotes son sus olvidables promedios...

Él es el primero que se muestra autocrítico: “fracasé en la búsqueda de mi papel. Tenía demasiadas guerras mentales contra mí mismo y nunca me sentí cómodo. Eso me afectó y fui el culpable. Pensaba en demasiadas cosas en lugar de solamente jugar”. Aún así, no tiene reparos en elogiar a Zaragoza, “una ciudad hermosa” y al club “muy profesional, de primera categoría”.

Desde luego, a orillas del Ebro se vio la peor versión de un jugador al que le gustaba, según dice, “especializarse en hacer todas las pequeñas cosas que se necesitan en una pista, hacer tiros cuando estaba en buena posición y ayudar de todos los modos posibles a que el equipo ganase”.

Después de aquello, claro, volvió a Alemania, donde lo volvió a hacer razonablemente bien los siguientes años, primero en el Eisbaren Bremerhaven y después en los Frankfurt Skyliners. En 2016 tuvo su última experiencia en las pistas en los Soles de Mexicalí, porque ahora se dedica a vender seguros y a entrenar a veinte chicos los fines de semana “para mantenerme implicado con el baloncesto”. “Lo echo de menos, pero mi cuerpo ya no va a ser encarcelado más”, dice entre risas.

Imagen del 2013.
Imagen del 2013.