Bernard Hopkins: Un ‘4’ imprescindible en España durante 16 años

Bernard Hopkins: Un ‘4’ imprescindible en España durante 16 años
Un ‘4’ imprescindible en España durante 16 años

Javier Ortiz Pérez

Cinco temporadas en Valencia.
Cinco temporadas en Valencia.

Un dato explica a la perfección lo que fue Bernard Hopkins: es el norteamericano que más partidos ha disputado en la historia de la máxima categoría del baloncesto español, con 456. El último de ellos lo jugó el 4 de noviembre de 2012 con la camiseta del Obradoiro. A ellos habría que añadirles los 81 que acumuló en dos campañas en la LEB, lo cual deja una cifra superior al medio millar que, en los tiempos que corren, será difícil que alcance cualquier compatriota en el futuro.

Para llegar a eso es obvia una cosa: hay que ser muy bueno y al mismo tiempo tener mucho cariño por un país que te acoge como propio. Desde que llegó en 1997 al Gran Canaria hasta aquella despedida en Santiago de Compostela pasaron 16 temporadas consecutivas, una detrás de otra, dando siempre un rendimiento satisfactorio. Está claro que no fue el mismo jugador dominante que impresionó sobre todo en Las Palmas y posteriormente en Valencia, pero sí que se supo adaptar siempre a su papel y mostró un perfil muy poco egoísta.

Nadie reparó demasiado en él cuando fue fichado por la siempre avispada secretaría técnica del Gran Canaria. Criado en las ‘thewireísticas’ calles de Baltimore, su época en la pequeña universidad de Virginia Commonwealth no se vio premiada con la entrada en el ‘draft’ y acabó en los Yakima Sun Kings de la CBA. ¿Qué pasaba con él? Lo de muchos: era ‘bajito’ para jugar en su posición natural, la de ‘4’, porque si bien a veces se le ha asignado que superaba los dos metros, difícilmente superaba el 1,97.

Lo compensaba evidentemente con mucha fortaleza, buenos fundamentos en el poste bajo y una extraordinaria lectura de juego que desde el principio caló en el estilo ACB. “Todo era nuevo, el club, la cultura, el país o la gente... se me hizo muy confortable. Gran Canaria es uno de los sitios más bonitos en los que he estado en España. Recuerdo los fines de semana con ese clima...", comentó cuando se retiró. De hecho, sus mejores números fueron en la temporada de debut como amarillo, con 20,2 puntos y 8,9 rebotes, lo que le catapultó rápidamente a un Valencia Basket que entonces empezaba a acumular ambición con fichajes importantes. En la Fonteta estuvo cinco campañas con máxima regularidad, pero un único título, la Copa ULEB del 2003, ya cuando tenía menos peso específico en ataque.

Fajándose en Valladolid.
Fajándose en Valladolid.

“Siempre he tenido la sensación de que mi carrera empezó como tal en Valencia. Hubo un año en Gran Canaria antes, pero fue en Valencia cuando sentí que todo había comenzado”, llegó a decir posteriormente.

Posteriormente, tanto en Tenerife como en Valladolid estuvo dos años, ejerciendo de veterano fiable en la lucha por la permanencia. Era un jugador muy del gusto de entrenadores experimentados: ellos sabían que podía confiarse en él y que no iba a generar ni un solo problema, ejerciendo además como referente para los otros americanos y para los jóvenes. Especial buena relación tuvo con Paco García en la isla, y eso que le pudo haber creado un problema que su hija llamase ‘Paco’ a su perro... Cuando el técnico fue destituido, tanto él como Sitapha Savane escribieron su nombre en los calcetines en el siguiente partido como muestra de solidaridad con él.

En 2007 decidió asumir un reto diferente: buscar el ascenso de categoría con el Bruesa de San Sebastián. “Estaba seguro de que con ese equipo volvería a la ACB. El objetivo siempre ha sido el mismo, poner al equipo en lo más alto”. Y lo consiguió. Lo mismo pasaría en 2011 con la camiseta del Obradoiro, su último equipo. En ambos casos fue premiado con disfrutar del regreso a la Liga Endesa sobre la pista, ayudado también por su nacionalización. Llamativo resulta que en el club en el que menos jugó, el ‘Obra’, se le retirase su número ‘4’.

Aquel 4 de noviembre del 2012, en una derrota en pista del CAI Zaragoza, vivió los últimos compases de su carrera.  13,4 puntos y 6,2 rebotes en 27 minutos fueron sus medias en los 456 partidos ACB. Y como extra, un dato curioso: fue jugador del mes de diciembre en las temporadas 97-98, 99-2000, 2001-02 y 2003-04 jugando para tres equipos diferentes. Desde luego, el invierno se le daba bien.

“Me gustaría que se me recuerde como alguien que jugó siempre a tope, que siempre quise ganar, que quise ser un líder. Posiblemente no fuese el más alto, ni el más fuerte. Y creo que eso lo valora la gente, hice muchos amigos dentro y fuera de la pista allí”. Nada que añadir, B-Hop.

San Sebastián, penúltima estación.
San Sebastián, penúltima estación.


Homenajeado en Santiago.
Homenajeado en Santiago.