Juan Fermosel: Altura de pívot, rapidez y muñeca de alero en los 70-80

Juan Fermosel:  Altura de pívot, rapidez y muñeca de alero en los 70-80
Altura de pívot, rapidez y muñeca de alero en los 70-80

Javier Ortiz Pérez

Defendiendo con el Cajamadrid.
Defendiendo con el Cajamadrid.

En el baloncesto español de los años 70 y 80 si medías 2,07 y te querías dedicar a la canasta, tenías que jugar de pívot. Daba igual que fueses rápido y tuvieses buena mano, como Juan Manuel Fermosel. Sin duda fue un jugador importante en su época, aunque, como él apunta, si hubiese nacido cinco o diez años después, le hubiese ido mejor a nivel económico.

En todo caso, fue feliz con una pelota en las manos. Nacido en Colmenar Viejo, se trasladó de niño a Madrid, donde empezó a jugar al baloncesto en el Vallehermoso. “Quizás éramos un poco los ‘ricos’ de la época, con chándals propios. En el Real Madrid y en el Estudiantes los iban heredando de unas generaciones a otras”, recuerda. Su crecimiento le puso en primera fila pronto: con 16 años ya estaba en 2,02 y miraba a prácticamente todos sus rivales por encima del hombro.

El Vallehermoso se convirtió en el Castilla, filial del Madrid, que a su vez sería el Tempus y el Inmobanco. Incluso jugando dos finales de Copa del Rey (las del 79 y el 83, ambas perdidas ante el Barcelona), ahí estuvo nuestro protagonista. Jugó tan bien y hacía falta tanta presencia en el interior que acudió al Preeuropeo de 1979 y estuvo a punto de entrar en los Juegos Olímpicos de Moscú-80... si no se hubiese roto un dedo en la preparación, un poco a lo Sergio Llull en el reciente Eurobasket. Totalizaría 13 internacionalidades, pero aquel entrenamiento desgraciado le costó uno de los grandes disgustos de su vida. “Siempre me tocaba bailar con la más fea”, comenta, en referencia a los grandes pívots de la época, con especial mención a Vladimir Tkachenko.  

Cuando su destino parecía el Real Madrid (“hice muchos entrenamientos con Clifford Luyk, que me enseñó muchísimo”), surgió de Galicia un chico llamado Fernando Romay que, con sus 2,13, le cerró el paso. “No quise irme de Madrid, a pesar de que tuve ofertas del Joventut y del Barcelona. Estaba cómodo aquí”, apunta Fermosel, que acabó en el Cajamadrid, un club entonces potente que además le garantizaba un trabajo paralelamente.

Vestido de verde disputó las tres temporadas del conjunto de Alcalá de Henares en la ACB (83-84, 84-85 y 85-86) e incluso una cuarta en Primera B tras el descenso. Después ya no retrasó más su salida de la capital. “Me llamó Moncho Monsalve para el Tenerife y me pareció un proyecto interesante. El objetivo era el ascenso y lo conseguimos”, señala. Luego estaría dos años más en la máxima categoría (88-89 y 89-90), aunque todo empezó a hacer aguas con la llegada de Aleksander Gomelski, al que le costó enormemente adaptarse a un baloncesto que desconocía directamente.

En 1990, Fermosel retomó su trabajo en Cajamadrid (se le agotó la excedencia que había pedido) y jugó sus últimos partidos en el Azuqueca, de Primera B, al lado de otro interior histórico del basket madrileño, Guillermo Hernangómez, el padre de Willy y Juancho. Habría un último duelo con Tkachenko, que aquella temporada la pasó en el Guadalajara.

Cuando lo dejó definitivamente, en las oficinas bancarias estuvo hasta el 2011, cuando entró dentro de un plan de prejubilaciones. “Sigo en contacto con el baloncesto. Juego algún partido de veteranos con mis viejos compañeros y además colaboro con el club de la ciudad en la que vivo, Las Rozas”, afirma.

En el Tenerife, en su última temporada en la élite.
En el Tenerife, en su última temporada en la élite.


Imagen reciente.
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