Manel Bosch: El mejor junior de Europa en 1974, un base inteligentísimo

Manel Bosch: El mejor junior de Europa en 1974, un base inteligentísimo
El mejor junior de Europa en 1974, un base inteligentísimo

Javier Ortiz Pérez

En Zaragoza (Foto: La casa del baloncesto).
En Zaragoza (Foto: La casa del baloncesto).

Fue un jugador muy grande este Manel Bosch, aunque lamentablemente haya caído bastante en el olvido, quizás por voluntad propia. No, claro, no hay que confundirlo con ‘el otro Manel Bosch’, que durante una época tuvo que convivir con el matiz de ser ‘el joven’ de los dos. Ambos llegaron a coincidir en activo: uno al final de su carrera y el otro al principio.

Nuestro protagonista de hoy era base, no alero, y vivió muy de cerca grandes momentos del basket español cuando todavía no se había convertido en un deporte tan popular como ahora. De hecho, le tocó esa transición entre los pequeños pabellones y los medios escasos con la opulencia posterior, un escenario en el que supo dejar su sello.

Desde luego, y para empezar, ya es un mensaje lo suficientemente relacionado con la canasta el hecho de haber nacido en Badalona y haberse criado en el Joventut. Dotado de una inteligencia superior para ordenar el juego e incluso para mirar a canasta, es impactante descubrir que fue el mejor junior de su época (mediados de los años 70). Y no solo en España: fue declarado jugador más valioso del Europeo de esta categoría que tuvo lugar en Francia en 1974 y en el que la selección, que había vencido en la primera fase de la URSS de un joven Tachenko, se proclamó subcampeona. Aquello debió tener un regusto amargo para él, ya que, en los segundos finales de la prórroga en la final, Bosch falló una bandeja y en el posterior tiro a la desesperada desde medio campo, Yugoslavia logró anotar y llevarse el oro. José María Margall estaba en el equipo español, mientras que Andro Knego y Ratko Radovanovic serían los jugadores de mayor recorrido en los balcánicos.

Superó aquello, llegó a debutar con la selección absoluta (5 internacionalidades) y también hacerse un hueco en la primera plantilla del Joventut, con el que ganó la liga de 1978. Seguro que aprendió mucho al lado de Zoran Slavnic. Pero se quedó atrás respecto a los grandes bases que empezaron a surgir en España: Juan Antonio Corbalán antes y Nacho Solozábal, Joan Creus, Quim Costa y José Luis Llorente después. En 1980 se marchó a Zaragoza, al Centro Natación Helios, el precedente del CAI Zaragoza. Allí se hizo con los mandos y de hecho fue titular en la final de la Copa del Rey que los ‘rojillos’ le ganaron al Barcelona a finales de 1983 (anotó 10 puntos aquel día). En esa época fue él quien ejerció de ‘mentor’ de un joven Pepe Arcega.

Lanzando con el Breogán.
Lanzando con el Breogán.

En su recta final llegó a conocer la Primera B con el Cajabilbao, aunque posteriormente regresó a la máxima categoría todavía con muchísimo tiempo en pista con Breogán y Pamesa Valencia, pese a haber superado ya la treintena. Se confirmó como un triplista peligrosísimo. Es uno de esos jugadores a los que los números, únicamente circunscritos a la época ACB, no le hacen justicia: 7,1 puntos en 28 minutos de media (139 partidos).

Tras su retirada se mantuvo en contacto con el baloncesto en Zaragoza, organizando algún campus, pero después se marchó a Ibiza, donde ejerció como entrenador en Segunda Nacional en el equipo de la isla, el Ca Nostra, alejado de los focos. De hecho, superados ya los 60 años, continúa en un discretísimo segundo plano, sin dejarse ver apenas. Varios testimonios cercanos le sitúan todavía allí.