Andrew Betts: Comunitario rentabilísimo en siete temporadas en España

Andrew Betts: Comunitario rentabilísimo en siete temporadas en España
Comunitario rentabilísimo en siete temporadas en España

Javier Ortiz Pérez

Intentando machacar con el Baskonia.
Intentando machacar con el Baskonia.

No era un jugador brillante de cara al aro, pero sí utilísimo porque sabía utilizar su cuerpo, era contundente y conocía sus limitaciones, lo cual no deja de ser una virtud en la mayor parte de los casos. En España se empezó a afinar más en el mercado comunitario a partir de fichajes como el del pívot británico Andrew Betts, que totalizó siete temporadas y 224 partidos en la Liga Endesa. No firmó grandes números (6,5 puntos y 4,2 rebotes), pero ni falta que hacía.  Casi siempre le fue bien a nivel colectivo.

No podía ser de otra manera que en el 2012 encestase sus últimos tiros por aquí, en San Sebastián, con el Lagun Aro GBC. Tenía ya casi 35 años y estaba machacado después de tanto tiempo en las canchas. Muy lejos quedaba su primera experiencia española, que resultó un sorprendente fichaje por el Real Madrid en la 99-2000 para disputar unos ‘playoffs’... ¡que acabaron en un título logrado en el Palau!

Betts ya dejó entonces su tarjeta de visita aquí, donde acabaría volviendo (Vitoria, Badalona, Sevilla y finalmente Donosti). Con sus 2,17 intimidaba terriblemente, mientras que en ataque no se complicaba y solía terminar en mate los balones que le llegasen en buenas condiciones. Lo suyo con el baloncesto había sido un amor tardío: le ‘descubrieron’ con quince años en un club del condado de Leicester, los Coalville Cougars de Ibstock, de los que con el tiempo llegaría a ser presidente de honor. “Fuie a ver un partido de ellos con mi padre. En el descanso, salí con otros chavales a tirar a canasta. Y el entrenador del equipo junior me vio tan alto que me reclutó. Pocos meses después debutaba en el primer equipo en la BBL”, contaba a Gigantes del Basket.

Su rapidísima progresión le dio una beca en la universidad de Long Island (NCAA2) y posteriormente en la de Long Beach State, donde estudió Criminología. Quien primero se fijó en él en el baloncesto europeo de élite fue la Fortitudo de Bolonia en 1998, jugando con un equipo de ensueño que formaban Gregor Fucka, Gianluca Basile, Carlton Myers, Arturas Karnisovas y Marko Jaric, entre otros. Los tiempos estaban cambiando y un pívot comunitario que pudiese ser relevante era un filón que explotar. Sin embargo, en Italia no terminó de irle bien hasta que se marchó al Bibop Carire Reggiana, donde llamó la atención del Madrid para aquellos ‘playoffs’.

Duro en el trabajo defensivo en el Joventut.
Duro en el trabajo defensivo en el Joventut.

Un sustancioso contrato en el AEK Atenas, entonces el equipo más rico de Grecia, impidió su renovación. Desde la 92-93 solamente ha habido un club que no sea Olympiacos o Panathinaikos que ha conseguido ganar la liga y fue el AEK en 2002, ganando en la final al conjunto de El Pireo.

Pero en general siempre tendió a volver a España, por mucho que intercalase alguna aventura más fuera (Aris de Salónica y Budivelnik ucraniano). Y eso que le costaba enormemente el idioma: decía entenderlo todo, pero para hablarlo confesaba ser demasiado vago, “como todos los ingleses para esto”.

Ahora vive con máxima tranquilidad en Aurora (Colorado), ya que en la universidad conoció a su mujer, la jugadora de voleibol Michelle Jones, con la que cumplió el tópico de casarse en Las Vegas. Su nexo con el baloncesto lo mantiene como entrenador ayudante de un pequeño colegio llamado Regis Jesuit.

 Gancho en uno de sus últimos partidos, en el Gipuzkoa.
Gancho en uno de sus últimos partidos, en el Gipuzkoa.


Imagen reciente.
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