Luis Álvarez: El internacional de los dos hermanos que se hicieron grandes en Granada

Luis Álvarez: El internacional de los dos hermanos que se hicieron grandes en Granada
El internacional de los dos hermanos que se hicieron grandes en Granada

Javier Ortiz Pérez

Luis Álvarez, en acción con el Oximesa.
Luis Álvarez, en acción con el Oximesa.

La historia de los hermanos Álvarez se suele escribir conjuntamente: por un lado estaba José, escolta de 1,93; por otro, Luis, base de 1,90. Ambos llevaron carreras prácticamente idénticas, marcadas por unos años estupendos en Granada en la década de los 80, aunque conviene matizar que Luis Álvarez consiguió algo que no logró su mellizo: ser internacional.

Nacidos en Madrid el mismo día, Luis tenía mejor criterio para el reparto del balón, aunque también era peligroso para anotar. El parecido físico era tremendo, lo cual llegaba a despistar enormemente a sus defensores. Era habitual que intercambiasen sus posiciones. En realidad, iban para futbolistas, pero su madre lo vetó. “Teníamos un familiar que había jugado al fútbol y había sufrido mucho con las lesiones, así que tuvimos que jugar al basket”. Empezaron en el San Viator madrileño y luego pasaron por Las Rozas, donde prescindieron de ellos porque a veces no podían ir a los entrenamientos debido los estudios. Ambos comenzaron su trayectoria a nivel profesional en el Cajamadrid, pero en 1983 se separaron por una temporada porque a José le salió seguir en la máxima categoría con el Estudiantes mientras que Luis se marchó al Dribling, entonces en Primera B.

Eso solamente duró un año. Se reunieron de nuevo en el Kanterbrau para en 1985 firmar por el Oximesa de Granada en plan ‘pack’ con el objetivo del ascenso. No perdían el tiempo: en los desplazamientos era habitual verles con libros de Derecho.  “Éramos más estudiantes que jugadores profesionales. Empezamos un poco en el mundillo ese por casualidad y nos pareció increíble que pudiésemos vivir de ello mientras que completábamos la carrera”, recuerda Luis.

Ascendieron con el equipo nazarí a la ACB, donde permanecieron cinco temporadas consecutivas. En la tercera de ellas, a Luis le llamó Antonio Díaz-Miguel para unos partidos del Preeuropeo. Fueron tres internacionalidades solamente, pero le llenaron de alegría. Granada les cambió la vida. Aquel Oximesa estaba marcado por la controvertida personalidad de su presidente, José Antonio Murado, y el asfixiante ambiente del pabellón de Albolote, que era prácticamente una nave industrial. “Lo que caracterizó aquello fue el crecimiento rápido y desmesurado del club, lo que inevitablemente llevó a cometer muchos errores y a que se cometiesen muchas barbaridades. No había estructura ni nada parecido y se fueron dando bandazos”, relata. Se premiaba así un gran trabajo, aunque a veces eso estaba sazonado por las acusaciones de que ‘manejaban’ a su antojo el club y el vestuario, algo que niegan rotundamente. “Yo entonces decía: ‘si es cierto que yo echo a los entrenadores, ¿por qué no me dejan ficharlos?’ La verdad es que me importaba un carajo lo que comentasen de nosotros”, dice Luis, que anotó un poco menos (9,2 puntos) que su hermano (11,1) jugando un par de minutos más (33 a 31).

Junto a su hermano en un reportaje para Nuevo Basket.
Junto a su hermano en un reportaje para Nuevo Basket.

¿Quién era mejor de los dos? “José tenía mejores condiciones físicas, lo que le permitía saltar mucho, hacer más cosas. Yo hacía lo que podía”, señala nuestro protagonista con modestia. En 1991, José se marchó al Canarias (actual Iberostar Tenerife), mientras que Luis prefirió centrarse en el futuro laboral. “La persona que me ayudaba a preparar una oposición me dijo que podía acceder incluso a ser juez y convencí a mi hermano para  que hiciera lo mismo. Tardé cinco años, pero lo conseguí al final. Primero estuve en Cabra y luego en Melilla y Jaén”, cuenta.

Sí. Hoy en día ambos son jueces. Impresionante, ¿verdad?. La clave fue, según Luis, “cambiar el chip”. “El deporte profesional es como una burbuja, una carcasa, algo muy irreal. Es mucho más complicado ser juez que deportista porque aquí te encuentras con unas situaciones personales terribles. Meter la pelota por un aro no tiene ninguna importancia. Evito mitificar toda aquella época, no teníamos la visión que pueda haber ahora y ni mis hijos se creen que yo haya firmado autógrafos”.