Wayne McKoy: Un ‘red storm’ que pasó tres años en Madrid

Wayne McKoy: Un ‘red storm’ que pasó tres años en Madrid
Un ‘red storm’ que pasó tres años en Madrid

Javier Ortiz Pérez

Dos temporadas en Estudiantes.
Dos temporadas en Estudiantes.

Wayne McKoy es uno de esos americanos que puede presumir de haber jugado en el ‘antes’ y en el ‘después’ del baloncesto español: estuvo en las temporadas 81-82 y 82-83 en el Estudiantes, y también en la 83-84, con el Cajamadrid, ya con el nuevo formato y gestión que lo cambió todo. En ambos sitios dejó un buen recuerdo de jugador cumplidor en lo ofensivo y más flojo en lo defensivo, pese a su facilidad para el tapón.

Con promedios superiores a los 20 puntos, confirmó los buenos informes que de él había conseguido Antonio Díaz-Miguel. Y es que se había formado en la Saint John’s de su amigo Lou Carnesecca y aquel mismo año en el que se graduó, 1981, se había asomado a la tercera ronda del ‘draft’ (número 63) por los Knicks, aunque no llegó a jugar para ellos ni en la liga.  Todavía hoy en día es el máximo taponeador de la historia de la universidad, en la que por cierto compartió pista con un futuro ‘dream teamer’ como Chris Mullin y con David Russell, que acabaría siendo un ídolo del Ramiro. Es curioso que otro interior elegido por el equipo de Nueva York en aquella tercera ronda, Frank Brickowski (número 57), sí tuviese una larga trayectoria en la NBA, aunque antes tuviese que hacer una ‘mili’ de tres años en Europa.

Lo mejor es que a mediados de los 70 se consideraba a McKoy poco menos que el sucesor de Kareem Abdul-Jabbar: se le señaló como número 1 de ‘high school’ e incluso se rumoreó que acudiría a los Juegos de Montreal de 1976 sin haber pisado aún la NCAA. Luego, evidentemente, no respondió a las expectativas.

McKoy llegó en un momento complicado a Estudiantes en 1981. Acababa de perder a los dos interiores que le habían hecho subcampeones unos meses antes, ‘Slab’ Jones y un jovencísimo Fernando Martín, por lo que la tarea en el juego interior se presentaba ardua. El listón estaba alto y ocurrió lo más lógico con ausencias tan notables: el equipo madrileño sufrió enormemente, pero obtuvo la permanencia con el undécimo. Renovó y vivió otro año un poco más holgado (décimos).

En la deliciosa hemeroteca de El Mundo Deportivo se puede encontrar una entrevista recién llegado a Madrid. En ella reconocía que la recomendación de Carnesecca había sido fundamental para elegir España y que la de Estudiantes había sido su única oferta aquí. “Creo ser fuerte en mi juego y me amoldo fácilmente a lo que quiere el entrenador”, apuntaba. También apuntaba que el mítico Willis Reed había sido su ‘maestro’ y que su gran problema para acceder a la NBA eran sus 2,04 para jugar de pívot. Por eso buscó una reconversión en alero que solo completó parcialmente.

En acción con Saint John’s.
En acción con Saint John’s.

Un año después de su marcha del Estudiantes le llamó el recién ascendido Cajamadrid para su estreno en la máxima categoría, ya bajo el amparo de la ACB. En Alcalá de Henares alternó las dos posiciones y tuvo un rendimiento satisfactorio dentro de una temporada exitosa para el equipo. Ayudó con 16 puntos y 7,1 rebotes a obtener un histórico quinto puesto que otorgó la clasificación para la Copa Korac y se entendió siempre a la perfección con Rick Hunger y con los talentosos nacionales  (Wayne Brabender, José Manuel Beirán, Alfonso del Corral, los hermanos Llorente...).

¿Qué ha sido de él desde entonces? Poco que contar. Vive en la zona de Nueva York y ha rehusado contestar a nuestras preguntas.