Germán Cuevas: Guerra abierta bajo los tableros sin llegar a los dos metros

Germán Cuevas: Guerra abierta bajo los tableros sin llegar a los dos metros
Guerra abierta bajo los tableros sin llegar a los dos metros

Javier Ortiz Pérez

Con el TDK Manresa.
Con el TDK Manresa.

Germán Cuevas creció muy rápido. Con 14 o 15 años medía prácticamente lo mismo que ahora, alrededor de 1,98, siendo generosos. “Cuando fui con la selección catalana ya hacía mates. Eso no lo habían visto nunca”, recuerda. La lástima para su carrera es que se quedó ahí y nunca evolucionó desde posiciones interiores, lo que lastró su carrera. Eso sí, puede presumir de haber debutado en la máxima categoría y no testimonialmente. Jugó dos partidos TDK Manresa en la 91-92. En el primero de ellos, casi 6 minutos. Y en el segundo y último, ¡24!

Desde niño se veía que el baloncesto tenía que ser lo suyo. “Empecé como portero de fútbol, pero enseguida me pasé a echar unas canastas. Es verdad que tuve un crecimiento rapidísimo y que eso me facilitó las cosas. A través de un antiguo jugador como Josep Sancho me fichó el Barcelona cuando era cadete”, añade.

Como azulgrana estuvo unos cuantos años, hasta junior. Seguía jugando con agresividad, pero se quedaba pequeño para ser pívot. En edad junior pasó al TDK Manresa, en el que al menos tuvo la opción de estar con el primer equipo parte de la temporada. “Para mí fue como un regalo jugar aquellos dos encuentros”, relata Cuevas, que se vio beneficiado por el hecho de que en la zona intermedia se jugaban unas eliminatorias de clasificación para los equipos que no luchaban ni por el título ni por la permanencia.

Como a esas alturas ya solo disponía de un norteamericano, George Singleton, Pedro Martínez le dio 5:38 frente al Pamesa Valencia en su estreno (2 puntos) y posteriormente 24:27 ante el Breogán (9 puntos y 2 rebotes). “Pese a mi estatura, aquellos dos partidos los seguí jugando como pívot, pero yo era un tipo bastante loco, dispuesto a pegarme con todo el mundo, y así conseguía compensarlo un poco. Ojalá hubiera tenido más oportunidades”.

Con la posible progresión jugando en el exterior vedada, su camino por el profesionalismo estaba complicado. Y la hermosa isla de Menorca se cruzó en su vida: fichó en el Ciudadella de Segunda División y allí se quedó. “Empecé a trabajar aquí y a compatibilizarlo con el baloncesto. Era una categoría muy baja y sabía que no iba a tener un gran futuro”, reconoce. En las pistas estuvo hasta entrado el siglo XXI con alguna incursión en la EBA: “Es algo que me ha dado la posibilidad de conocer a gente muy interesante”.

En la actualidad.
En la actualidad.

En la isla continúa. Aunque su deporte “siempre ha sido el baloncesto”, también ha estado implicado en el voleibol, ya que colaboró con el Menorca que disputa la Superliga femenina. Su actividad empresarial ha estado repartida en dos campos bien diferentes: el de las instalaciones eléctricas y el de organización de eventos y actividades deportivas, sobre todo relacionadas con la montaña.