Andrea Camata: Torre italiana con poco éxito en Barcelona y Bilbao

Andrea Camata: Torre italiana con poco éxito en Barcelona y Bilbao
Torre italiana con poco éxito en Barcelona y Bilbao

Javier Ortiz Pérez

Con la selección italiana.
Con la selección italiana.

Uno de esos fichajes que, al menos juzgando luego el rendimiento, tuvieron difícil explicación. Andrea Camata disputó la recta final de la temporada 2000-01 con el Barcelona (10 partidos) y también otros dos encuentros unos años después con el Bilbao Basket. En ambos sitios demostró ser un tipo alto... y poco más. Con 2,15, más de 130 kilos, cabeza rapada y barba, su presencia atemorizadora en la zona sí tuvo cierta rentabilidad en el rebote (2,9 en 13 minutos de media), pero poca aportación ofensiva (2,3 puntos).

Una parte inexplicable de su incorporación a aquel Barça post-Gasol hay que buscarla a quién sustituía, un ‘4’ abierto como Nikos Ekonomou. Parecerse, no se parecían nada. Desde luego, Aíto García Reneses no suele patinar tanto cuando elige a sus jugadores, y algo debió ver en Camata para sacarle tras mucho empeño del Muller de Verona, pero en el equipo azulgrana su encaje fue escaso. “No fue una buena etapa porque el club tenía muchos problemas”, dijo años después.

Su tremenda estatura siempre fue su aval, debutando con 19 años en la A1 y convirtiéndose en una de las grandes esperanzas del basket transalpino, que veía en algo así como al sucesor de Ario Costa en ese papel de pívot intimidador. Pero le costó convertirse en un fijo en la máxima categoría y, cuando lo hizo en Pistoia y Verona, logró alcanzar a duras penas los 6 puntos y 6 rebotes de media. Aquel verano del 2001 fue su mejor momento cuando por fin le llamó la ‘nazionale’ para disputar el Eurobasket de Turquía, si bien fue el jugador menos utilizado por Bogdan Tanjevic.

Tras la mala experiencia en el Barça regresó a Italia para jugar dos años en el Trieste sin recuperar el nivel que había tenido anteriormente. Y en verano del 2004 recibió la llamada del Bilbao para un contrato temporal debido a una epidemia de lesiones entre sus pívots. En su presentación no tuvo inconveniente en decir que llegaba para hacer “el trabajo sucio en la zona: rebotear, defender e intimidar”.

Recién llegado a Bilbao.
Recién llegado a Bilbao.

Aunque la puerta estaba abierta para prolongar el compromiso hasta final de temporada, no fue así. Camata se fue de Euskadi con solo cinco minutos disputados a nivel oficial, lo cual dio la idea de lo poco útil que podía verle Txus Vidorreta. Aquella misma campaña disputó lo que serían sus últimos partidos en la A1, en Reggio Calabria, también con un papel bastante marginal y descendiendo.

A esas alturas (2005) ya tenía 32 años, lo que agravaba sus defectos, pero ha sido uno de esos jugadores que se resisten a la retirada del modo más entusiasta, sea en la categoría que sea. Y es que estuvo una década más sobre las pistas, en ocho equipos diferentes, no ‘jubilándose’ hasta 2015 en el Garcia Moreno de Arzignano. Allí también ocupó el puesto de entrenador ayudante en el equipo junior. No faltó en este tiempo unos meses jugando en su Venecia natal, aunque el Reyer, actual campeón de Italia, no pasaba entonces por su mejor momento en la serie B.

 Luchando por la posición.
Luchando por la posición.