Nacho Elizagaray: El hombre que jugó en la élite con un solo ojo

Nacho Elizagaray: El hombre que jugó en la élite con un solo ojo
El hombre que jugó en la élite con un solo ojo

Javier Ortiz Pérez

Con el Fuenlabrada, poco antes de jugar en la Liga Endesa.
Con el Fuenlabrada, poco antes de jugar en la Liga Endesa.

Hace casi quince años la noticia pasó extrañamente inadvertida: en la máxima categoría del baloncesto español debutaba un chico que solo veía (y ve) por un ojo. Se llama Nacho Elizagaray y lo hizo con el Fuenlabrada en el Palau Blaugrana, un 29 de septiembre de 2002 que debería servir como ejemplo de superación para personas que tienen alguna discapacidad. Después de aquello, estuvo en el baloncesto tras una década siendo profesional, pese a todo.

Solamente viendo las fotos llama la atención su problema. Elizagaray tiene un párpado totalmente caído, atrofiado. “A los 13 meses de nacer sufrí una meningitis u otra enfermedad similar que me afectó al tercer par del ojo izquierdo. Es el par que se ocupa de la visión, de la contracción y dilatación del ojo. Y no hay solución. Se puede decir que soy una persona monocular. El que tengo dañado no lo puedo utilizar para nada, no veo prácticamente nada con él”, cuenta él mismo. En su voz no hay ni un atisbo de incomodidad.

Según afirma, su visión general “no es buena”, pero se ha acostumbrado, adecuando su estilo de baloncesto a esa indiscutible limitación. “Está claro que mi campo de visión no es el mismo que si viese por los dos ojos, que mi cálculo de las distancias no es igual, aunque me haya habituado porque en realidad siempre ha sido así para mí. En la cancha lo solucionaba con que soy un poco ambidextro y a veces puede ser incluso una ventaja. Y también con que físicamente en categorías inferiores era un ‘toro’”, añade.

Y es que detrás de él hay un enorme deportista, uno de esos a los que no les importa trabajar, trabajar y luego trabajar. “Empecé haciendo atletismo con siete años: pruebas de velocidad, saltos… Luego empecé a compaginarlo con el baloncesto y se me daba bien”, apunta. Tanto fue así que el Real Madrid le incorporó en categoría infantil y vestido de blanco permaneció varias temporadas. Luego acabó primero en el junior y el equipo EBA del Fuenlabrada, que le reclamó para el primer equipo en la jornada inaugural de la temporada 2002-03, en la visita al Barça.

Aquel es un recuerdo que ya nada ni nadie le quitará. “Para mí fue increíble. Óscar Quintana me dio la posibilidad de debutar el último minuto y 38 segundos. Íbamos perdiendo de mucho (el partido acabó 93-47) y hasta me dio tiempo para anotar una canasta. Le estoy muy agradecido”, señala Elizagaray, que recibió un premio extra a haber podido “entrenar los años anteriores con gente como Velimir Perasovic o José Manuel Calderón”. Hubo dos componentes especiales más a aquel día en el Palau: “el primero es que soy del Barça y el segundo, que también debutó Nacho Martín, que es muy amigo mío”.

Lanzando a canasta con el Ávila.
Lanzando a canasta con el Ávila.

Aquella campaña promedió en EBA 17,4 puntos. Se desvinculó a final de temporada del ‘Fuenla’, pero fue el inicio de una carrera profesional discreta, pero muy honesta, en la que incluso se asomó a la LEB Plata con Badajoz, Pozuelo y Ávila. Excepto aquella vez en Extremadura, prefirió no alejarse de Madrid, donde ya estudiaba Fisioterapia. La 2011-12 fue la última en activo en categorías nacionales, con el Torrelodones en EBA. Concluyó la carrera y ahora está trabajando en una clínica. “La gente no quiere molestar preguntándome por lo que me ocurre en el ojo, aunque yo no tengo ningún problema. No siento que me haya dificultado mucho, la verdad”, apostilla.

Imagen reciente.
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