Arturo Corts: Los tres ascensos de aquel pívot con gafas

Arturo Corts: Los tres ascensos de aquel pívot con gafas
Los tres ascensos de aquel pívot con gafas

Javier Ortiz Pérez

En el OAR Ferrol... con gafas.
En el OAR Ferrol... con gafas.

Finales de los 70 y principios de los 80 y el centímetro de pívot nacional era muy apreciado. Arturo Corts fue uno de esos interiores esforzados, quizás no sobrados en cuanto a calidad técnica, pero sí comprometidos al máximo en equipos humildes que necesitaban una presencia en la zona. Su mayor aval fue lograr tres ascensos con equipos distintos a la máxima categoría. “Yo era un jugador gregario, un trabajador, aunque tampoco era torpe”, recuerda hoy en día.

Corts estaba (y está, claro) en 2,04, suficiente para ser una ‘torre’ en su época. Nació en Córdoba casi ‘de casualidad’, pero su infancia y juventud transcurrieron en Granada, donde empezó a jugar al baloncesto con el colegio de los Agustinos. “Desde niño era muy alto, aunque quizás me inicié en el baloncesto algo tarde”, lamenta. Pero el Universitario, entonces el primer equipo de la ciudad, le reclamó en sus filas.

La parte central de su carrera, no obstante, transcurrió muy lejos del sur: en Galicia. Su condición de ‘pívot talismán’ la confirmó subiendo a la entonces Liga Nacional tanto con el OAR Ferrol (temporada 79-80) como con el Obradoiro (81-82). Hubo un tiempo en el que jugó gafas, algo que entonces no era tan inhabitual como pueda pensarse hoy en día. Pero ese complemento ‘a lo Rambis’ era algo que no le arredraba en absoluto cuando había que ir al choque. E inscribió su nombre en la nueva etapa del baloncesto español, que se inició en la temporada 83-84 con la creación de la Liga ACB. Él la disputó con el OAR Ferrol, al que había regresado. Sus números a las órdenes de Tim Shea fueron poco relevantes (2 puntos y 1,7 rebotes en 11 minutos), pero cumplió con su función de dar algún descanso (entonces se rotaba poco o nada) a John Washington.

Fueron seis años en Galicia en los que no perdió de vista los estudios, consciente de que un futuro alejado de las pistas llegaría tarde o temprano. Completó la carrera de Derecho entre las universidades de Santiago de Compostela y Granada, adonde regresó para ser partícipe de otro ascenso, esta vez con el Oximesa, en 1986, batiendo al Caja de Ronda en el ‘playoff’ final. Luego tuvo etapas en el Maristas malagueño y hasta en Segunda División con el Cáceres, donde lució bigote porque, dice irónicamente, “los que tenemos cara de buenos chicos tenemos que ponernos algo para dar miedo”. Ya tenía un pie puesto en otro mundo laboral: en el relacionado con la ley. 

En la actualidad, con unos molinos manchegos.
En la actualidad, con unos molinos manchegos.

Estuvo unos años preparando unas oposiciones a la judicatura, “lo que me dio una visión general muy buena” y ha terminado siendo abogado en distintos lugares como Málaga y Toledo. Desde hace unos años está en Consuegra, una localidad toledana muy cercana a Madridejos, de donde proviene su padre. “Hago un todo de todo, lo que va surgiendo. No te puedes especializar demasiado”, cuenta.

La estirpe de los Corts continúa en su sobrino, el base Carlos, que ha jugado la última temporada a buen nivel en el Fundación Granada en LEB Plata (5,5 puntos en 20 minutos). Es un chico muy prometedor que acaba de cumplir los 20 años y ha estado ya en las categorías inferiores de la selección española.