Will Coley: Cinco minutos de decepción que le ayudaron mucho

Will Coley: Cinco minutos de decepción que le ayudaron mucho
Cinco minutos de decepción que le ayudaron mucho

Javier Ortiz Pérez

Will Coley, en acción.
Will Coley, en acción.

De vez en cuando escribir esta sección te da sorpresas, sorpresas te da escribir esta sección. Mandas sin mucha fe un mail a un olvidado norteamericano que disputó solo cinco minutos en un partido con el Unicaja (temporada 96-97, jugaba en el vinculado de EBA) preguntándole por su experiencia aquí y su vida actual y te responde ampliamente. Con ustedes, Will Coley. Muy interesante su relato, de verdad.

“El tiempo que pasé en España fue magnífico y muy importante para mi carrera profesional. Cuando llegué, no sabía nada de baloncesto internacional ni de su estilo de juego. Aprendí mucho con Pedro Ramírez en el Unicaja de EBA. Pedro imponía un ritmo duro de trabajo y era ambicioso. Su guía me ayudó a adaptarme. Tuve la oportunidad de entrenar en el primer equipo y estuvo muy bien compartir pista con jugadores como Kenny Miller, Deon Thomas, Serguei Babkov, Alfonso Reyes, Nacho Rodríguez y Tomas Jofresa. El entrenador era Javier Imbroda. Estar en esos entrenamientos me ayudó a mejorar y a desarrollar mi identidad como jugador. El baloncesto español tenía un nivel muy alto, con jugadores y entrenadores muy preparados. Fue un lugar hermoso donde vivir y trabajar, con un gran clima en la Costa del Sol. Lo disfruté de verdad.

Yo era un alero atlético que trabajaba y competía duro. Los entrenadores decían que no tenía una posición concreta y que podía hacer un poco de todo en la pista. Yo creo que no era nada extraordinario excepto mi insistencia en competir, en jugar fuerte, en aprender. Encontré mi identidad como reboteador y con una mentalidad activa orientada a la defensa que me obligaba a estar siempre en una condición físicamente muy buena.

Ahora, como entrenador.
Ahora, como entrenador.

Mi única aparición en la ACB [0 puntos y 0 rebotes en 5 minutos ante el León] la considero un desastre. Me llamaron para sustituir temporalmente a Deon Thomas, que se había lesionado. Y no hice nada especial. Busqué a tientas un pase que había recibido y fallé una bandeja muy fácil. Acabé decepcionado con mi actuación aquel día y pensé que había defraudado al entrenador y al equipo entero. Había entrenado con ellos muchas veces y pensé que podía hacerlo mejor. Esa experiencia me enseñó mucho sobre que hay que estar preparado para cuando te llega la oportunidad. Nunca he olvidado aquellos momentos duros en España. Jugué diez años más en Luxemburgo, Finlandia, Suecia, Islandia, Suecia y Nueva Zelanda, así es que creo que mi carrera fue exitosa. España y aquellos cinco minutos fueron siempre la referencia para mí. Siempre quise volver para tener otra ocasión.

Hoy en día vivo en Raleigh, North Carolina, con mi mujer, Angela, con la que llevo 18 años casado. Soy profesor de educación física y entrenador de baloncesto aquí, en el St. David’s School. También ejerzo como ministro en una iglesia cristiana no denominacional. Comparto mis experiencias con los estudiantes y disfruto enseñándoles mis experiencias. Jugar en Europa fue una muy grande y todavía recuerdo lo mucho que disfruté compitiendo. Supuso mucho para mí y para mi familia y me ha ayudado a afrontar mi vida actual. Pese a los contratiempos, siento que fui afortunado. Me hizo quién soy ahora y me dio recuerdos para toda la vida. No me arrepiento”.