Casey Calvary: Mejores números en la élite que en la LEB

Casey Calvary: Mejores números en la élite que en la LEB
Mejores números en la élite que en la LEB

Javier Ortiz Pérez

En el Fuenlabrada (Foto: Solobasket).
En el Fuenlabrada (Foto: Solobasket).

No pasa mucho lo de Casey Calvary: resulta que tuvo mejores números en la actualmente denominada Liga Endesa que la temporada siguiente en la LEB Oro. Era un pívot duro, aunque algo bajito (2,03) que prestó sus servicios primero en el Fuenlabrada (recta final de la temporada 2005-06) y a continuación en Los Barrios (2006-07) íntegra. Y su rendimiento, al menos a nivel estadístico, fue superior estando más arriba.

Calvary era un completo desconocido cuando primero hizo una prueba con el Estudiantes y después fichó por el ‘Fuenla’, donde buscaban un sustituto para Jawad Williams, que no había cumplido las expectativas. Nacido en Alemania, era pese a ello cien por cien norteamericano. Su formación universitaria fue en los Bulldogs de Gonzaga, donde se hizo famoso por destrozar un tablero en un partido y por eliminar a Florida en 1999 en la típica historia de ‘Cenicienta’, aunque se quedaría a las puertas de la Final Four.

A continuación tuvo una breve pero variada carrera internacional. Solo jugó seis años profesionalmente, pero le dio tiempo a hacerlo en cuatro continentes distintos: Asia (Japón en Isazu), Oceanía (los Townsville Crocodriles australianos, de los que procedía), América (en los Idaho Stampede de la NBA Development League) y Europa (aparte de España, el Chalon francés).

En Australia lo estaba haciendo realmente bien (17 puntos y 7,5 rebotes) cuando a alguien en Fuenlabrada se le ocurrió darle dos meses de contrato con vistas a ver si convencía de cara a la siguiente campaña. No lo logró en sus nueve partidos, cumpliendo sí en ataque (8,7 puntos) pero no en rebote (2,4) en 20 minutos en pista.  

Reboteando en un partido de veteranos en la actualidad (Foto: The News Tribune).
Reboteando en un partido de veteranos en la actualidad (Foto: The News Tribune).

Su agente sí logró colocarle en Los Barrios, un equipo que en la LEB podía darle un buen papel. Pero jugó un poco menos (18) y apenas miró al aro (5,6 puntos), centrándose en mejorar el trabajo reboteador, como así hizo (3,9). Se supone que llegando desde una categoría superior tenía que haber sido más importante, pero no fue así y tres nacionales (Manu Gómez, Richi Guillén y Jesús Chagoyen) le relegaron prácticamente al papel de cuarto pívot. Probablemente su contrato no fue rescindido porque era uno de los jugadores mejor pagados de la plantilla. La impresión que no estaba del todo centrado en el baloncesto (y sí en el surf en la fantástica costa gaditana) se fueron multiplicando con el paso de los meses.

Acababa de cumplir 28 años y sorprendentemente no siguió jugando, porque se podía haber seguido ganando la vida durante un tiempo aquí y allá. Regresó a Gonzaga, en el estado de Washington, donde trabaja en una empresa de suministros médicos. No ha perdido de vista el baloncesto: sus hijas juegan y él mismo ‘mata el gusanillo’ en partidos en los que participan antiguos compañeros de universidad como Dan Dickau, Blake Stepp y Matt Santangelo, estos dos últimos también ex jugadores de la máxima competición española.