Nacho Biota: La sorprendente aparición de un tirador en Huesca

Nacho Biota: La sorprendente aparición de un tirador en Huesca
La sorprendente aparición de un tirador en Huesca

Javier Ortiz Pérez

Huesca 95-96.
Huesca 95-96.

Resultó una refrescante aparición en su momento la de Nacho Biota, un fenómeno difícilmente trasladable a la actualidad. Era un chico muy desconocido que jugaba en la cantera de un club pequeño como el Huesca, que de un día para otro decidió darle la oportunidad de jugar en la élite. Él respondió positivamente, mostrándose ferozmente competitivo y sin miedo al desafío. Fue el inicio de una época bastante brillante por su parte, aunque después las lesiones, como a tantos otros (en su caso, el menisco), no le permitieron desarrollar todo su potencial. Era sobre todo un  tirador, pero también se empleaba duro en defensa.

Biota es de Jaca y estaba integrado en las categorías inferiores del club de la capital oscense, con el que debutaría en la temporada 92-93 de forma testimonial y después tendría otro partido aislado en la 93-94. Todavía había que ‘cocinarle’ un poco más en EBA hasta su estreno ‘de verdad’, con ‘fuego real’, en la 95-96. Promedió 7,7 puntos en 17 minutos aquella campaña, lo que propició que ganase el título de ‘Mejor debutante’ para la revista ‘Gigantes del Basket’ y su posterior fichaje por el Unicaja. También jugaría en la máxima categoría con Joventut, Breogán y Girona hasta un total de 268 partidos y unas medias muy similares a las mencionadas (7,1 y 17). Su trayectoria terminó donde empezó: en Huesca, en la LEB-2, iniciada la 2006-07, poco después de superar los 30 años.

Aunque tiene muy buen humor, no es un tipo fácil para que hable de su pasado. Sin embargo, en una entrevista en Sporthuesca.com relata sus inicios y más cuestiones: “Era muy alto pero físicamente era un desastre. Lo primero que me tenían que enseñar era a correr. Me acuerdo que había un preparador físico en categorías inferiores, Miguel Ángel Rodellar, y el pobre hombre cuando me vio correr lo primero que me enseñaba era a correr (risas). Algo verían, yo era un tío alto y muy bravo, hacía lo que podía, pero no conocía lo que era el baloncesto”.

Un hombre clave en su trayectoria fue Andreu Casadevall: “Fue el que me dio la oportunidad de jugar y le tengo un cariño muy grande, aunque también tuvimos movidas y enfrentamientos, pero es algo lógico en un nivel profesional. Cuando pasan los años te das cuenta que todos los ratos malos, que tampoco fueron muchos, quedan atrás y sí que es cierto que le tengo un cariño especial, de verdad”.

Entrando a canasta con el Breogán.
Entrando a canasta con el Breogán.

Según confiesa, “para nada me imaginaba que iba a ser el mejor debutante, ni que luego iba a jugar tantos años en ACB, aunque luego me retirara joven”. Sobre su etapa en Lugo, apunta que “a pesar de que llegué en unas circunstancias que no me gustaron físicamente, es cierto que ahí desarrollé mi mejor baloncesto jugando bastantes buenos minutos. Creo que tuve unas estadísticas muy decentes para lo que económicamente le podía costar al club, me encontré como si estuviera en casa”.

Desde hace unos años vive en Jaca y trabaja en el campo, en un terreno familiar. No ha dado de espalda del todo al baloncesto, ya que entrena en el club local. “Llevo una vida muy buena, muy tranquila, voy de mi casa al pueblo. Ayudo al CB Jaca y poco más. Muy tranquila y normal, sin preocupaciones y sin presiones. No me considero entrenador ni busco serlo, tan solo pretendo echar una mano a los chavales”, recalca.

En una imagen del 2013.
En una imagen del 2013.