Quique Villalobos: De especialista en mates a importante agente

Quique Villalobos: De especialista en mates a importante agente
De especialista en mates a importante agente

Javier Ortiz Pérez

Cuatro temporadas en el Real Madrid.
Cuatro temporadas en el Real Madrid.

En su momento fue una alegría que se incorporase a la primera línea del baloncesto español un jugador como Quique Villalobos, que desterraba algunos tópicos sobre el tradicional alero nacional y demostraba que la espectacularidad no estaba reñida con la eficacia. Obviamente de forma exagerada, fue apodado ‘Air’, el mismo apodo de Michael Jordan, pero algo había de eso cuando se le veía entrar a canasta y pegar mates de forma compulsiva.

Villalobos tenía también algo de ‘showman’ en lo personal: estudiaba Periodismo, era muy divertido, se mostraba abierto en las entrevistas y, como suele decirse, ‘hacía vestuario’. Eso y su capacidad de anotar y defender de forma indistinta, gracias a un poderoso físico, le llegaron a situar en la selección nacional, aunque para su desgracia no fue en una buena época. En el Real Madrid aguantó cuatro temporadas, entre 1988 y 1992, lo cual no es nada sencillo, haciendo su trabajo casi siempre saliendo desde el banquillo.

Como pasaba a menudo con jugadores de su época, empezó en el baloncesto tarde: a los 16 años. “Practicaba otros deportes: atletismo, balonmano, natación…. Un verano fui a un campus de deportes y entre otros había baloncesto y me gustó. Conecté rápidamente con eso de meter el balón por el aro. Por decirlo de alguna forma, me enamoré del baloncesto”, cuenta en una entrevista con NBAclutchtime.com.

Apenas dos años después estaba jugando en Primera B con el Canoe, debutando en ACB con el Caja de Ronda en la 84-85. El desenlace fue un inesperado descenso, pero eso no le impidió seguir en Málaga en Primera B, categoría en la que repetiría dos años más en el Cajamadrid. En 1988 dio un salto importante al Madrid y pronto se encargó de despejar dudas: su componente atlético cuajó bien en aquella plantilla en la que convivieron Fernando Martín y Drazen Petrovic y que lo ganó todo (Recopa y Copa del Rey)... menos la Liga.

“Drazen era un jugador único, el mejor que he conocido. Persona extremadamente competitiva cuando estaba en una cancha de baloncesto pero tímido y tranquilo en su vida privada. Fue un lujo entrenar a su lado durante tantos meses (...). Le defendía todos los días en los entrenamientos y era imposible. Recuerdo que ponía todo mi empeño en que no recibiera el balón porque una vez con él en las manos era indefendible”, recuerda.

Ocho veces internacional.
Ocho veces internacional.

Fueron años de mates, sí (“no hay secreto. Era una mezcla de genética y entrenamiento físico. Tuve suerte con las dos cosas”), pero también de algunas lesiones que frenaron su progresión. “El peor momento es pasar por el quirófano y la posterior recuperación tanto física como anímica. Fueron unas cuantas veces”, apunta. Una de ellas fue incluso la extirpación del bazo.

Tras su salida del Madrid tuvo experiencias diversas, cada vez tirando más y penetrando menos. Intentando despejar las dudas que levantaba por el tema de los problemas físicos, firmó contratos temporales en Vitoria y Murcia. Después tuvo un periodo más extenso en Andorra, en plantillas con muchos veteranos, que vivió un descenso a la LEB.  Su último año en la máxima categoría fue en Granada (97-98), donde cerró 302 partidos con marchamo ACB y unos promedios de 5,5 puntos en 19 minutos. Sus dos campañas finales las pasó como ‘jugador Bosman’ en Francia, con Cholet (campeón de Copa) y Antibes, una experiencia que asegura que le llenó a nivel personal.

Regresó al Real Madrid para integrarse en su estructura como asistente de los jugadores, pero el futuro le reservaba otro papel: se incorporó a BDA Sports, una de las grandes agencias de deportistas a nivel europeo, y fue ascendiendo rápidamente hasta ser su director de baloncesto para España. Se ha convertido en uno de los representantes más influyentes del basket nacional. Su ‘cartera’ es muy ‘golosa’, con Luka Doncic por poner un ejemplo. Pero hay muchos más.

“Es un trabajo dinámico que me permite seguir en contacto con el mundo del baloncesto. Sigo viajando mucho y eso de no estar sentado en una oficina ocho horas al día me gusta (...). Un representante hace muchas cosas, pero la que más me gusta, es ‘diseñar’ la carrera deportiva de un jugador. Ayudarle a mejorar y aconsejar. Disfruto más con el trayecto que con llegar a la meta”, dice. Sostiene que “el baloncesto actual es más físico y más previsible. Suele haber menos espacio para la inspiración del jugador”.

Granada, último equipo español.
Granada, último equipo español.


En un acto público reciente.
En un acto público reciente.